(Artículo publicado el 23 de julio de 2003)

Por Max GASTÓN

La alcaldesa meridana Ana Rosa Payán Cervera metió la mano en un avispero cuando dijo al Diario de Yucatán, en una carta publicada ayer, que en las filas locales de su partido, Acción Nacional, hay divisiones internas que muchos panistas se gozan en fomentar, pasando por encima de la dignidad de quienes puedan poner en peligro sus ambiciones personales.

No creemos que la CP Payán Cervera corra el riesgo de una picadura al metro la mano en el avispero. Parece que sabe bien dónde y cómo meterla sin salir lastimada, pero lo que ella sabe de la división y de las ambiciones no está al alcance de cualquiera.

Es una división que sacó la cara en Mérida hace poco más de tres años.

Fue motivo de sorpresa primero, de escándalo después. Conocidos panistas y sus partidarios incurrirían ya con ostentación en prácticas electorales condenadas por su partido durante sesenta años de batalla por la democracia.

Se alzaron entonces las voces de protesta y las denuncias de corrupción interna, de incongruencia con los estatutos suscritos en la fundación de Acción Nacional. No tuvieron éxito. Quedó así escrita y firmada la primera página de la división. Una historia que se sigue escribiendo.

En el fondo de la división estaba la ambición personal de poder, de conquistarlo a como diera lugar. Una ambición localizada en cuadros municipales cercanos al Ayuntamiento de Mérida, dependientes de éste o infiltrados en sus oficinas según debates que continúan hasta hoy.

Uno de los puntos a debate fue el apoyo de la directiva nacional del PAN a los panistas rebeldes contra la honrosa tradición. Un apoyo que para muchos fue evidente. Un apoyo continuo que para muchos también es una de las causas de que haya crecido y prosperado dentro del panismo yucateco la tendencia a ver en el partido un trampolín para escalar el poder, aunque en el salto se dejen atrás, pisados, los principios que antes identificaban a sus militantes y atraían la confianza de los ciudadanos.

Es una tendencia que se puede consolidar como estrategia para conseguir alcaldías, diputaciones, chambas, “huesos” y otras canonjías donde la remuneración satisfaga el afán de lucro y la posición tenga la influencia que permita subir y hacer subir.

Si surge alguien que por su cultura, talento, rectitud y dedicación al servicio público pueda ser un rival que ponga en peligro las ambiciones personales, hay que atacarlo por sistema, bloquearle los caminos, atropellar lo que sea menester atropellar: la dignidad inclusiva y la verdad desde luego. Una fórmula para privar al partido de buenos candidatos y al pueblo de gobernantes eficientes. Una garantía de mediocridad, si nos va bien.

A los estrategas de esa tendencia se les atribuye la táctica de describir a Patricio Patrón Laviada, en las cúpulas de Acción Nacional y el gobierno federal, como un gobernador duro, pendenciero, caprichoso, autoritario, que en el pasado del PAN fue un error y para el futuro del partido es un peligro, mientras en Yucatán esos mismos estrategas lo acusan de gobernante, indeciso, de piloto sin rumbo fijo que malogra las oportunidades de progreso. Se diría que hay una ambición de atropellar al gobernador.

Y entre tanto van y vienen las quejas de que las antiguas farsas han regresado con más experiencia, que el trato atento de la renovación está cediendo el terreno a la soberbia y maltrato de antes, que los contratos, los permisos, las concesiones, etc., han vuelto a ser mercados donde cotizan el soborno, la complicidad y la influencia, pero más que ayer, porque entonces, con el PRI, cualquiera podía cotizar, pero ahora, con el PAN, sólo ciertos privilegiados.

Estas ambiciones personales que la alcaldesa Payán Cervera parece conocer bien se reflejan tarde o temprano en la manera de gobernar. El pueblo empieza a verlas, a sentirlas, a repudiarlas. Las diferencias entre los nuevos “panistas” y los viejos priístas empiezan a borrarse. La gente empieza a confundirlos. Tan malo el pinto como el colorado. ¿Para qué voy a votar? ¿Cuánta ambición personal hay en la división interna de Acción Nacional? ¿Quién hijo y dónde están los ambiciosos? ¿Qué buscan a como dé lugar? ¿Los timones del partido? ¿La presidencia municipal de Mérida y el dominio del Congreso en 2004 para convertirlos en pistas de lanzamiento de una campaña por la gubernatura? ¿Están zumbando, entre las ambiciones del avispero, los vastos recursos y las oscuras intenciones de la mafia del caso Medina Abraham? Se sugiere a los dirigentes panistas locales y nacionales que incluyan estas preguntas en el examen de conciencia que se les ha recomendado para conocer las causas de su pérdida de 100,000 votos en Yucatán.- MG – Mérida, Yucatán, julio de 2003.

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