(Artículo publicado el 18  de julio de 2003)

Por Max GASTÓN

En tiempos de la mitología, los griegos le pusieron sitio a Troya. Diez años atacaron sin poder entrar en la ciudad hasta que Ulises les sugirió una estrategia célebre: el caballo de Troya. Un caballo de madera con las entrañas llenas de soldados.

¿Por qué los troyanos, después de aquella heroica resistencia de diez años, cayeron, ingenuos e inocentes, en la trampa y permitieron que el caballo entrara en la ciudad? Lo cierto es que allá terminó la guerra.

Cuando los griegos salieron del caballo, los troyanos, desprevenidos, indefensos, dormían a pierna suelta.

No es exacta esta alusión breve a una guerra clásica, pero puede servir al PAN en su examen de conciencia sobre la importancia que el caso Medina Abraham puede haber tenido o pueda tener en recientes y futuras derrotas electorales.

Crecen cada día en número y detalles las versiones de que el caso Medina Abraham es un caballo de Troya incrustado en la administración de Patricio Patrón Laviada. Espontáneos cronistas de nuestros días, que nunca escriben sus relatos, pero los propagan de boca en boca, aseguran que el caballo está en Palacio, que los invasores han desembarcado y tomado cabezas de playa y otras posiciones claves en el Gobierno del Estado.

Las paredes oyen. Lo que oyen las paredes es que son varios los objetivos de los operarios que la mafia del caso Medina Abraham ha conseguido infiltrarse en los centros neurálgicos del Poder Ejecutivo.

El primero es calar a Patricio Patrón para saber hasta dónde y hasta cuándo está dispuesto a sostener sus promesas de implantar en Yucatán un gobierno decente sin excepciones, sin transacciones con el pasado corrupto y sus beneficiarios.

Vamos a ponerlo de otra manera. El caballo de la mafia tiene el encargo de averiguar si los buenos modales de Patrón Laviada son el disfraz de la indecisión y la debilidad, si las convicciones del gobernador tienen precio, si se cotizan en el mercado del miedo, la conveniencia o la ambición.

¿Cuánto cuesta, qué tipo y tono de amenaza se necesita, qué grado de presión política local o nacional se requiere para que Patricio Patrón baje la guardia y dé marcha atrás en su promesa de investigar a fondo las denuncias del caso Medina Abraham? ¿Qué vale más para Patricio Patrón: su palabra o el gobierno del Estado? ¿Qué es primero para él: la verdad o los intereses políticos? ¿Está dispuesto a renunciar a su cargo antes de que faltar a su compromiso de sanear la administración de justicia y garantizar el respeto a la ley y los derechos humanos? Otro objetivo de los caballistas es el sabotaje. Las instrucciones que se reciben pero no se transmiten. Las órdenes que se obedecen pero no se cumplen. La desviación calculada, la cámara lenta, el paso de tortuga… El consejo desleal que propone la prudencia para desactivar la energía de una respuesta adecuada.

El aviso a la mafia para que pueda impedir o retrasar la ejecución de medidas desfavorables. En síntesis, la subversión.

En el arsenal de los “griegos” del caballo están el cohecho, la mordida, la intriga, el halago, la careta. Desde afuera los apoya la mentira preparada y organizada para desorientar, difamar, desacreditar, desestabilizar.

Las paredes oyen que el caso Medina Abraham puede decidir quién va a gobernar a Yucatán: la mafia o Patricio Patrón.

¿Cuánto hay de cierto en estas versiones sobre los motivos subterráneos de la división interna y los fracasos electorales del PAN? Un tema muy conveniente para el examen de conciencia que se recomienda a los dirigentes locales y nacionales de Acción Nacional. No sea que, después de 60 años de lucha, los caballistas sorprendan desprevenidos a los hombres de buena fe y desarmados a los ingenuos que duermen a pierna suelta el sueño profundo de la irresponsabilidad.- MG – Mérida, julio de 2003.

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