(Artículo publicado el 10 de julio de 2003)
Por Max GASTÓN
Dos de los protagonistas del examen de conciencia que hemos sugerido al PAN sobre sus retrocesos en las elecciones del 6 de julio pueden ser el gobierno y la persona del presidente Fox.
Dos sucesos yucatecos pueden ser útiles en el análisis: Isidoro y el caso Medina Abraham.
El auxilio federal a las víctimas yucatecas del huracán fue caudaloso y oportuno. El mejor y mayor que hemos recibido en la historia de nuestros ciclones. Fox, su esposa y sus secretarios encabezaron personalmente la distribución en un número récord de visitas al Estado. Yucatán ha de ser ahora primer punto de comparación cuando se quiera evaluar la eficiencia de la ayuda oficial a los damnificados por un fenómeno de la naturaleza.
El agradecimiento por este apoyo a los damnificados de Isidoro existe, los yucatecos somos de buen corazón, pero no se reflejó de manera decisiva en las urnas, a pesar de que el manejo desaseado de la ayuda a las víctimas del huracán Gilberto en 1988, que estuvo en manos de autoridades priístas, sirve para mostrar las deficiencias de los gobiernos del PRI y las ganancias del pueblo con los gobiernos del PAN.
En los nueve municipios más importantes del interior del Estado, que pueden decidir en 2004 el control político del próximo Congreso local, los 63,407 votos de la oposición (54,791 del PRI y 8,616 del PRD) superan por 20,750 los votos del PAN (42,657), según cómputos casi finales publicados ayer miércoles.
El caso Medina Abraham, como Isidoro, es una pantalla que proyecta una imagen del señor Fox y su gobierno. Lo que vemos no mueve a la gratitud ni mucho menos.
Para un gobernante que obtuvo una victoria electoral resonante con la promesa de sanar la administración de justicia y devolver a la verdad, en la dirección del país, el timón que le usurpó la mentira, el caso Medina Abraham es una garantía de lucimiento entregada en bandeja de plata.
Es difícil, improbable, que haya en la república un caso judicial que tenga delitos tan bien estudiados, definidos y documentados como los que se denuncian en el caso Medina Abraham contra autoridades federales que tienen como jefe a Vicente Fox.
Cargos concretos, comprobados, nunca desmentidos ni desvirtuados, han sido una y otra vez formulados en los tribunales o los periódicos contra el procurador general de la República, funcionarios y peritos de esta dependencia del gobierno federal y generales del Ejército. Nombres y apellidos por delante.
Consta que bien enterados están de estas denuncias al propio Presidente, su secretario de Gobernación y su coordinador de Comunicación Social (jefe de prensa), entre otros dirigentes del alto mando político del país.
No hay pública constancia de que el señor Fox o algunos de sus funcionarios hayan hecho algo en relación con las acusaciones, ni siquiera iniciar una investigación, a pesar de que se le ha señalado y vuelto a señalar que la impunidad de los acusados en el caso Medina Abraham indica que en el gobierno de la república se ha infiltrado una mafia que tiene a su servicio “capos” poderosos en las cúpulas de la vida pública nacional.
“Debemos entender el silencio” de los abstencionistas, dijo el Presidente al referirse al 60 por ciento de electores que no votaron el domingo. ¿Cómo debemos nosotros entender el SILENCIO del señor Fox en el caso Medina Abraham? No es campo este artículo para hacer un recordatorio de todas las promesas que le oímos a Vicente Fox, como candidato y presidente, sobre la transparencia en la gestión gubernativa, el rescate de la justicia, el final de la impunidad y el destierro de la farsa. Fueron muchas, multitud, y despertaron grandes expectativas.
El caso Medina Abraham puede proyectar la imagen de un presidente débil, incapaz de enfrentarse a las fuerzas que lo desafían. La imagen de un presidente negociador, que pone la justicia en el mercado de las transacciones: toma y daca. La imagen de un presidente que para llegar al poder tuvo que hacer pactos y compromisos con “intocables” que deben respetar y proteger, en sus personas y actividades.
¡O la imagen de un presidente lejano de la provincia en pensamiento y sentimiento, porque no significa mucho para sus propósitos o está poco dispuesto a oír la voz regional si atenderla le pueda hacer pasar un mal rato! líos nacionales donde el gobernante carece de las herramientas que abundan en el caso yucateco.
Las culebras no suelen ir solas. Como el Medina Abraham, debe haber en Nayarit, Colima, Tamaulipas y Oaxaca, en todos los estados, otros casos que en el ámbito de la justicia u otras parcelas de la administración pública exhiben que las mafias y sus “intocables” retienen en la era de Fox la vara alta, el seguro de vida y la patente de corso que tuvieron durante los 70 años de la corrupción.
A la imagen de un gobernante que ha ofrecido lo que prometió Vicente Fox, a la confianza que se pueda tener en sus buenas intenciones, al crédito que se le pueda dar a su ejercicio del poder, los casos Medina Abraham le sientan como pedrada en ojo de tuerto. La pedrada ha lastimado también a su partido, Acción Nacional. Don Vicente cree que las pérdidas panistas no se deben a “un voto de castigo”. El examen de conciencia local y nacional que hemos propuesto al PAN puede revelar lo contrario: las elecciones fueron una bandeja de plata para el coto de castigo.
Deseamos que un examen de conciencia honrado, intransigente, concluya que las imágenes que Vicente Fox proyecta son otras. Deseamos también que el pueblo mexicano, el yucateco en particular, vea en su pantalla un perfil distinto del Presidente. Pero si estas líneas no son un reflejo de lo que ha pasado, sí son un aviso de lo que puede pasar. La ciudad de México no es la única caja de resonancia. La provincia está pendiente del centro con sus cinco sentidos.- MG – Mérida, Yucatán, julio de 2003.
