(Primera Columna publicada el 26 de abril de 2009)

No vemos en el gobierno de Felipe Calderón un exceso de buena voluntad de llegar al fondo del escándalo de la Lotería y su tentativa de pagar la propaganda panista campechana en los periódicos de Megamedia. Nos parece que se ha limitado a los trámites de estilo: la solicitud de licencia que pide el funcionario público acusado, la puesta en marcha de las diligencias judiciales relativas a la denuncia. El Presidente puede atarse las manos con la excusa de que a los tribunales corresponde el desahogo y liquidación de la polémica.

Su partido, el PAN, tiene un campo más reducido de pretextos para concretarse sólo a declaraciones altisonantes y medidas mínimas. La directiva panista no tiene las taxativas constitucionales que Felipe Calderón puede alegar. Las leyes no ponen fronteras a la profundidad de su investigación. Los datos y detalles publicados por el “Diario” le han abierto amplias perspectivas de acción.

La directiva nacional panista ha concentrado su reacción en una condena verbal con la que busca, eso parece, desligarse del escándalo y dejar la última palabra a los campechanos acusados. A la atonía cívica, el déficit de valor civil y la conducta que los ha caracterizado hasta ahora, tan lejana de los principios de Acción Nacional, tan inmediata a la mala fe.

Es difícil de creer que el alto mando del partido carezca de los mecanismos de comunicación y la estructura organizadora que le permitan tocar el fondo de un problema después de casi un mes de exposición pública extensa y cotidiana. Aquí hay gato encerrado. Un gato que le huye a la verdad como le huye al agua.

Los legisladores panistas, como sus colegas del PRI, dan la impresión de que protegen a los perjuros que, en una falta de respeto, le van a contar cuentos chinos al Congreso. Sus líderes, inclusive los yucatecos, se distancian. Como lo hacen Patricio Patrón y Carolina Cárdenas cuando se abstienen de opinar porque no están bien enterados o sólo conocen las versiones del “Diario” , que es igual a poner en duda su veracidad. Versiones que durante 25 días han informado de todos los ángulos y aristas del conflicto, incluyendo los puntos de vista, las declaraciones y los comportamientos de todos los protagonistas.

Entre tanto, engallados por la impunidad de que parecen gozar, los campechanos denunciados, escondidos más de dos semanas por temor a dar la cara, retornan al escenario público de los actos oficiales del partido, juntos los acusados y sus cómplices, como si merecieran un premio. Se exhiben con el líder nacional Germán Martínez como si no hubiera pasado nada. Como si estuvieran seguros de que nada les va a pasar. Se explican así los retos de la presidenta María Asunción Caballero en declaraciones al reportero: No tengo por qué dar cuenta sobre mis reuniones, ni con quién, ni dónde.

Pongamos en párrafo aparte, para darle relieve mayor, que detrás de los desafíos de María Asunción Caballero vemos un interés escaso o nulo por lo que puedan pensar o decir los campechanos. Vemos también la presunción aparente de que todo es válido en Campeche, incluyendo la trampa financiera, la tentativa de soborno y las mentiras en el Congreso. ¿Todo también es válido en Acción Nacional siempre que se haga en el Sureste?

Un diputado campechano afirma que no: que en el escándalo de la Lotería los mentirosos deben quedar detrás de las rejas. Lo dice entre rumores de que se pedirá la cárcel para la gente de Megamedia que presentó las denuncias. Entre insinuaciones de que el “Diario” se va a retractar.

No hay ni habrá retractación nuestra, convencidos, como lo estamos, de que hay evidencia bastante de que decimos la verdad y pruebas suficientes de que nos apresuramos a rectificar en el caso de una equivocación. Si alguien para en la cárcel sería el director del “Diario”, único responsable de nuestra trayectoria informativa y nuestro criterio editorial.

No sería la primera vez que “Diario de Yucatán”, en defensa de la verdad, se enfrente a un gobierno y al partido en el poder. Seguramente no sería tampoco la última. Pero esta ocasión es distinta. Parece que el gato encerrado de compromisos o intenciones inventilables no vacilaría, ya que fracasó el intento de soborno, no vacilaría, repetimos, en la tentativa de arrojar entre las patas de los caballos a un periódico que en todos los campos de batalla, desde su fundación en 1925, ha luchado en pro de los mismos principios que el Partido de Acción Nacional adoptó en su nacimiento de 1939. “Cosas veredes Mío Cid que farán fablar las piedras”.

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