Manuel Escribano nos habla de su toreo, la gran faena a “Cobradiezmos” y la Plaza Mérida
La vida le ha enfrentado a muchas dificultades en el ruedo y fuera de las arenas. ¿Una portagayola en Valencia, otra en Sevilla y también en Madrid y Bilbao?
Eso no es una dificultad para Manuel Escribano. Lo manifiesta el torero sevillano en una interesante charla, anoche, desde Venezuela, de donde viajará a Mérida para su debut en el coso de Reforma este domingo.
“Pues algo que hago cuando me apetece y porque me gusta. Nunca pensando en su repercusión”, confiesa el torero de Gerena.
Surgió todo en el intercambio de opiniones sobre su ya peculiar estilo de irse a recibir a los toros de rodillas frente a la puerta de los sustos. Muchos lo vieron en televisión cuando caminaba a paso lento, con garbo, en la amarillenta arena de la Maestranza de Sevilla, sin imaginar tal vez que estaba por escribir una obra de tarde, una antología de faena con un toro de esos que marcan época. De abril de 2016 cuando bordó el toreo ante “Cobradiezmos”, de Victorino Martín, a la fecha, se han dicho y escrito muchas cosas sobre toro y torero.
Injustamente, algunas veces más del toro. Que es cierto que fue un astado de impresionante recorrido, humillando en todo momento, sin pegar un derrote.
Pero Escribano vive feliz. Anoche cuando nos contactó, nos habló mucho de la ilusión de poder torear, de lo importante, pero no trascendental para él, irse a portagayola, de “Cobradiezmos”, de la Plaza Mérida que le espera expectante, y los toros grandes de San Miguel de Mimiahuápam que le esperan para su debut en los ruedos yucatecos. Igual de las corridas duras, en las que es un especialista.
Ha matado victorinos, miuras, adolfos y de otros encastes que las figuras no quieren ni ver: “No es que sea especialista, sino que tengo capacidad para matarlos. Hay muchos toros de esas ganaderías que me han permitido espectáculo y les he hecho grandes cosas, importantes para mi forma de entender el toreo”.
Pero todo aumentó con “Cobradiezmos”.
Nos lo relata:
“Imagínate lo que sentí, lo que pude vivir y lo que significó para mí pues es algo inexplicable, muy difícil de poder ser comparado, lo que un torero puede sentir después de cuajar, de poderlo torear, de apretar tan por abajo, a la altura de un toro tan bravo, tan exigente, tan humillador, tanto ímpetu, en un torrencial de bravura. Fue algo único, mágico, que todos los que vivieron alli en la plaza. Los aficionados, los profesionales. Será algo difícil de repetir., Fue una faena muy personal, que me sirve como espejo, para mejorar, para aprender, por todo lo que tuve, el toma y daca que tuvimos toro y yo. Te reitero: increíble y mágico”.
Esa decisión de torear como quiere, frente al peligro latente, ante encastes duros, llenos de peligro, lo tiene bien marcado en un cuerpo cosido a cornadas. Pero igual, es su sello personal y, comenta, no hay razones para cambiar.
En la Mérida lidiará un lote de toros muy grandes, algo atípico para ruedos mexicanos. El lote de San Miguel de Mimiahuápam pesa en promedio 570 kilos e incluye un astado de 620 kilos. De ese punto, comenta lo siguiente:
“La corrida no la conozco. Mi apoderado me ha dicho que es grande y fuerte. Que es de 600 y pico de kilos. El toro mexicano tampoco es tan normal que sea tan grande, no es el toro que buscamos en México. Lo que queremos es que tengan buenas ideas, que desarrollen buen sentido y permitan por lo menos disfrutar de la embestida, el toro mexicano me gusta mucho, tan bien me viene”.
Estará Manuel lidiando los de Mimiahuápam con Uriel Moreno “El Zapata”, en un duelo de banderilleros del que, dice, “esperemos que pueda haber un buen espectáculo porque eso queremos y eso quiere ver el público”. Les acompañará en la terna Leo Valadez.
Tal vez no sea Sevilla, ni Madrid, ni se encuentre con otros “Cobradiezmos”, de Victorino, o “Relator”, de Miura, al que mató en Las Fallas de Valencia. Espera, así lo considera, que venir a Mérida merezca la pena en el esfuerzo suyo y de quienes le contrataron para actuar por primera vez aquí.
“Tengo mucha ilusión por esa tarde. Dios primero, nos vemos en Mérida el domingo”, dice Escribano en su mensaje grabado en Whatsapp.— Gaspar Silveira
