Foto: Megamedia

Luis Francisco Esplá, matador para toda la vida

Amigos aficionados…

Por siempre me he preguntado, y he hecho la pregunta a varios protagonistas de diversos ámbitos: ¿cómo se es cuando se despide uno de la profesión?

A veces se reciben respuestas entendibles por la complejidad de cada una de las ramas de la vida que se ejerce. A varios beisbolistas, de los grandes, les he escuchado decir frases como “ya no quiero ir al estadio. Tantos días, tantos viajes”. Insisto en que lo entendemos porque el béisbol se juega todos los días y se viaja al menos una vez a la semana para estar muchos días fuera de casa.

Ejemplos hay y de sobra.

Pero me topé en un increíble viaje a Madrid a uno de los toreros que siempre quise conocer. Especialmente porque lo había visto en revistas, luego en vídeos y también siendo analista de festejos taurinos para la televisión. Y también, vestido de paisano, aventarse al ruedo para obsequiar un detalle en un festival en la Plaza de Las Ventas, con un lleno hasta la bandera.

Lo escribo porque estos días de cuarentena me topé con ese vídeo. Luis Francisco Esplá, el torero que protagoniza estas líneas, estaba en el tendido en un homenaje a su gran amigo Vicente Ruiz “El Soro”. Un torero mexicano, que vestía de charro, le invitó a colocar un par de banderillas. Y Esplá aceptó. Cuando cumplió con el cometido que le incitó el gran Joselito Huerta, el público le pidió que colocara otro par y luego de una magistral colocación, le gritaron que fuera por el tercero. Menudo show que pegó el torero de Alicante con ese par cerrando de lujo el espontáneo y vistoso gesto.

Esplá no iba de “torero” ese día, pero, como me señaló en los corredores de Las Ventas el año pasado, puedes no ir de torero, “pero nunca dejas de serlo”.

Esplá caminaba tranquilo como uno más aquella tarde de mayo de 2019. Pero la gente que sabe quién es no se guarda sus deseos de saludar o tomarse una foto con un torero que es un símbolo de la primera plaza del mundo. En Madrid, toreó ni más ni menos que 89 tardes, con su despedida apoteósica el 5 de junio de 2009.

Mi pregunta en el breve momento en que encendimos nuestros puros fue sobre aquella tarde, igual recordada en esta contingencia: ¿increíble aquella tarde de la despedida?

“Mágico. A veces los toreros tenemos tardes no buenas, pero es ese amor el que te hace ir a la siguiente”.

Para mí, ver a un torero que tenía 88 tardes en Madrid y la 89 se enfrentara a un toro de 620 kilos para despedirse, es algo más que amor propio. Es amor a la vida y desafío a la muerte. A veces pensamos que en la alternativa y en la despedida, a los toreros se les da la comodidad por ser tardes especiales, y “Beato”, no fue precisamente un regalo. Él lo sabe bien.

Recordando la tarde de su espontaneidad, nos cimbró con su frase: “Somos toreros aún no vestidos de luces o de corto”.

Como ese día en que, religiosamente, Esplá iba camino a una barrera como muchos otros miles de espectadores. “Cada que pueda vendré a esta plaza e iré a la plaza que sea”.

Eso, no tengo duda, porque se es torero siempre.

 

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