600 futbolistas se enrolaron en el ejército británico
“Si un futbolista tiene fuerza en sus extremidades, que las use en el campo de batalla”, habría dicho el mismísimo Sir Arthur Conan Doyle, creador del mítico personaje Sherlock Holmes, cuando el mundo atravesaba la I Guerra Mundial, el deporte británico salvaguardaba a los futbolistas y los soldados de Reino Unido caían —el país perdió a un millón de milicianos— como moscas en el campo de batalla.
Sus palabras calaron hondo y consiguió —junto con otras opiniones y adeptos— que se creara un batallón especial, formado casi por completo por futbolistas.
Pero vamos por partes. Corría el año 1914 y el 28 de julio estallaba uno de los conflictos bélicos más sanguinarios de la historia reciente: la Gran Guerra o la I Guerra Mundial. Miles de jóvenes británicos entre 18 y 30 años, algunos voluntarios y los más “obligados”, marcharon rumbo a primera línea de batalla a luchar por una bandera. Por la brutalidad de la pelea, el límite de edad subió hasta los 35 años.
Los deportistas amateurs y profesionales cumplían con los requisitos para ir a la guerra… y fueron, aunque no en todos los casos. El cricket, el rugby y el resto de disciplinas deportivas a excepción del fútbol debieron parar sus disputas y “cumplir con el país”. ¿Por qué no se frenó el fútbol?
En el Reino Unido del primer cuarto de siglo había curiosas decisiones que hoy en día no serían socialmente bien vistas. Una de ellas era la referente al fútbol y la guerra: solamente irían los futbolistas cuyos equipos estuvieran de acuerdo y liberaran su fichas. Si esto no ocurría, debían seguir jugando y “entreteniendo al pueblo británico para que se olvide de la guerra”.
Así se hizo en la temporada 1914-1915, que se saldó con la victoria del Everton seguido del Oldham Athletic. El debate estaba servido entre los que apoyaban esta ley y los que pedían apoyo de los futbolistas en la guerra.
Lee: Walter, Donald, Paddy y William, figuras casi anónimas que lucharon para ser los héroes
Se daba la circunstancia de que entre los deportistas había muchos jóvenes preferían defender el país antes que los intereses de un club. Por eso, el ministro de Guerra británico, Lord Kitchener, encargó al político William Joynson-Hicks la creación de diversos “batallones de compañeros”, es decir, divisiones bélicas formadas por personas que compartían una misma profesión.
Así se creó el Decimoséptimo Batallón de Middlesex o el “Batallón del fútbol”, antes de que finalizara la temporada en el balompié, en diciembre de 1914 bajo un poderoso lema inicial: “No es un partido sencillo contra un rival de segunda fila. Es el partido de los partidos, contra uno de los mejores equipos del mundo”
La famosa división fue integrada por futbolistas amateurs, en un principio, y profesionales después, hasta alcanzar la cifra de 600 soldados, entre deportistas, fans que querían luchar al lado de sus estrellas, árbitros y técnicos de los equipos.
Uno de los primeros en alistarse fue Frank Buckley, del Bradford City y le siguieron 29 jugadores más antes del 1 de enero de 1916. En marzo ya había 122 profesionales enrolados y poco a poco fue aumentando la cifra hasta los 600, un número alto si se compara con los 1,800 disponibles en las diferentes ligas y la poca disposición de los clubes para dejarlos libres. Eso sí, no todos los futbolistas entraban en esta división, sino en otras.
Hubo equipos que incluso se quedaron sin muchos de sus jugadores, como el Hearts of Midlothian, la escuadra más importante de Escocia.
La historia cuenta que el “Batallón del fútbol” luchó hasta la saciedad en la Batalla del Somme, una de las más cruentas y sanguinarias de la Gran Guerra. En ella sucumbieron o hirieron a más de 420,000 soldados, entre ellos más de 500 del batallón de Middlesex.
En Longueval, localidad francesa que fue testigo de cruentas acometidas durante la I Guerra Mundial, hay un monumento funerario dedicado a la memoria de los futbolistas que decidieron cambiar una cancha por un campo embarrado; los aplausos de la gente por el sonido de las balas retumbando día y noche; los jugosos contratos de aquella época por la pasión de luchar día a día por un país; la gloria de meter un gol siendo alguien por la dicha de sentirse héroe en una tierra donde todos eran anónimos.— Javier Caballero Lendínez
I Guerra Mundial El arte de la mercadotecnia
Eran numerosos los carteles que pedían a los jóvenes que lucharan duro por su país.
Nuevo cartel
Con las injustas leyes que había con el deporte británico, un patriótico cartel de rugby se hizo famoso en Reino Unido durante la guerra.
Gran mayoría de jugadores
En él se citaba que el 90% de los jugadores de las ligas se había unido al ejército y se señalan algunas citas para motivar a los deportistas a unirse.
