“Si alguien nos pidiera una definición de lo que es un deportista, nosotros simplemente contestaríamos: Miguel Canto. Vida limpia, responsable, dedicado, estudioso”

La cita con la que abrimos esta reseña salió de la boca de Antonio Andere, un maestro de la crónica boxística, mientras Miguel Canto daba cátedra a Jiro Takada en el parque Carta Clara.

El reconocimiento de Andere, que antes de ese combate había sido durísimo sobre Canto, llegó en la tercera defensa que Miguel Ángel Canto Solís hacía de la corona que ganó en un día como hoy, pero en 1975, en la famosa batalla de Sendai.

La historia del deporte yucateco tiene un antes y un después de aquel 8 de enero de 1975, cuando Miguel dio una auténtica cátedra a Shoji Oguma para arrebatarle el cinturón de peso mosca del Consejo Mundial de Boxeo, dando inicio a la leyenda del que, décadas después, sería considerado el mejor peleador de las 112 libras en el siglo pasado. Miguel también fue el primer yucateco elegido para ingresar en el Salón de la Fama del Boxeo Mundial en Canastota, y en su entronización frases como la de Antonio Andere fueron recordadas una y otra vez.

El Diario dio puntual cobertura, con ediciones especiales, actualizando con informaciones contratadas exprofeso con agencias internacionales. No era en balde: era el logro más importante Yucatán en la historia de los deportes individuales (en equipo, lo más grande lo habían hecho los Leones de la Liga Mexicana en 1957).

No quedó sombra de duda, a pesar del conocido localismo que favorece a los peleadores en el Lejano Oriente. Canto, dicen las crónicas de la época, aquella noche en la Arena Miyagi, apeló a su talento, rapidez de puños, de piernas, de reflejos y todos los recursos físicos, con una táctica de pelea perfectamente planeada por su maestro Jesús “Cholain” Rivero. El reportero del Diario ha visto, en estos días, no menos de una decena de veces la exposición de Canto a un Oguma que, aunque luego dijo que “no me lastimó con un solo golpe”, evidentemente fue superado por el peleador peninsular. La esgrima del púgil mexicano, que destacaría luego en su histórica carrera de monarca, fue de recital. Giró, usó pases laterales, entró y salió una y otra vez. No dejo sombra de duda por ningún lado.

En esos años, en peleas a 15 rounds, el réferi era dueño de una de las tres tarjetas oficiales. Y el estadounidense Jay Edson vio ganar a Canto con puntuaciones de 147-145, mientras que el juez mexicano José María Escalante votó 149-145 por el aspirante y el solón japonés Hiroyoki Tezaki vio un empate. El cronista de la agencia United Press International tuvo puntuaciones de 146-144 a favor de Canto. Pero, comentan, desde el round 13 era un hecho que el trono mosca tendría un nuevo ocupante: Miguel Canto.

En la actualidad, un gigantesco póster con imágenes de los mejores momentos de Miguel adorna el centro del comedor. Sobre las fotos aparece una leyenda que recita: “Y Canto hizo del boxeo un arte”. Ante esa imagen posó el “Maestro” en octubre pasado, cuando le visitamos. Hoy en día, aquel primer héroe de los deportes individuales que tuvo Yucatán, vive en el silencio de una enfermedad degenerativa, pero sonriente, contento, entre lo posible.

En el mundo del boxeo no dejan de reconocer el arte, el magisterio que brindó cuando la fistiana le consagró a partir de la primera de tres peleas con Oguma. Maestro, siempre.— Gaspar Silveira

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán