Amigos aficionados…
El encabezado de estas líneas fue tomado completo del titular de una información de mundotoro.com que detalla el parte médico de una gravísima cornada sufrida por el joven torero mexicano César Pacheco en la plaza española de Calasparra.
Leer ese “parte médico de un milagro” deja friqueado a cualquiera, aficionado o no. Los amigos del grupo llamado “Universidad Taurina” compartieron el vídeo del percance, ocurrido al tirarse a matar, y vaya que la secuela del accidente, primero el volteretón y luego la cornada en el cuello, resultan espeluznantes.
Pacheco ha sido muy castigado por los novillos en su corta carrera. Pero lo de ayer rebasa todo. En el momento de ejecutar la suerte suprema, el astado lo buscó y le pegó la voltereta, ya en el suelo, le alcanzó con el pitón en el cuello. Fue llevado rápidamente a la ambulancia para ser atendido y estabilizado tras perder en los primeros instantes mucha sangre, y posteriormente, fue trasladado de urgencia al Hospital del Noroeste, sito en Caravaca.
Y copiamos íntegro el parte médico que, dicen muchos que han visto la cornada, presencial y en vídeo, se trata de un verdadero milagro: “cornada en la región cervical izquierda, con una hemorragia importante comprimida por un subalterno. Se sustituye al subalterno realizando presión fuerte con compresas, consiguiendo hemostasia. Se canalizar dos vías de alto flujo y se inicia perfusión de líquidos y expansores del plasma, administrando fentanilo y nolotil. Se administra Tazocel”. En la misma intervención, se ha procedido a una ‘intubación traqueal, produciéndose una hemorragia importante, identificando hemorragia arterial del pedículo vascular de la parótida izquierda, arteria procedente de la carótida externa. Se realiza hemorragia con puntos y ligadura, se explora la herida identificando una trayectoria posterior hacia la región cervical que diseca la vena yugular y la carótida interna. Se realiza hemostasia, y se sutura por planos dejando un drenaje aspirativo cervical”.
No hace muchos meses, alrededor de una mesa de café en el Corredor Gastronómico de la calle 47, Pacheco y otros dos jóvenes con sueños de hacerse matadores hablaban de sus deseos, y también de sus miedos. Bruno Aloi, que está cimbrando el escalafón novilleril mexicano, dijo aquel 21 de marzo que eso de los percances es totalmente impredecible y que uno debe estar preparado siempre para todo; el sevillano Diego Bastos sorprendió a todos diciéndoles (no le creían) que su mayor miedo había sido subirse por primera vez a un avión y volar tantas horas para llegar a su debut a la Plaza Mérida, y Pacheco dijo: “me persigno todos los días que me pongo ante el novillo y que Dios me bendiga”.
Sin duda que el de arriba le bendijo ayer. El capotazo que le echaron los médicos y, especialmente, el subalterno que le taponó la herida. “El subalterno que le ha puesto la mano en el cuello al ver la hemorragia ha contribuido mucho. Eso ha hecho que llegara con menos sangrado. Aunque sólo fueran 30 segundos, ese tiempo de hemorragia en la arteria carótida externa es importante. Ha sido una operación muy delicada”, firma el doctor Ricardo Robles, tras la operación. Siempre esos toreros de plata valen oro.
Y recordando tras la cornada de cuello para César, las de Saúl Jiménez Fortes en la misma zona. Con los dos platicamos en ese mismo café en sus previos de novillada y corridas en Yucatán en la temporada pasada. Las de Fortes, dantescas, la recordaremos la siguiente semana en estos Jueves Taurinos.- GASPAR SILVEIRA MALAVER
