En broma, se dijo que tal vez uniendo las vidas de los tres harían 300 años de existencia, lo cual está muy lejos de ser verdad.
Pero entre sus sonrisas de gente experimentada, bien claro tienen que han dado casi la vida entera por el boxeo.
Amor por el boxeo en Yucatán
Es un amor eterno de Román Acosta Chan, Henry Vidal Gijón y Jesús Basto Rodríguez, quienes el sábado pasado subieron peleadores al ring del Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI y bajaron con la satisfacción de que sus pupilos ganaron y con buena dosis de boxeo.
Tres de los mánagers yucatecos de la vieja guardia. Hay otros que igual dirigen y preparan, pero ellos, lo admiten, son los que quedan de esos años 70 y 80. Lo que aprendieron siguen poniéndolo en práctica.
“Nada como hacer esto que tanto nos gusta… Es nuestra vida”, dice Vidal Gijón, quien alguna vez tuvo intención de ser peleador, pero una voz de alguien “grande” le hizo olvidarse de ello:
“Vas a aprender a ser manejador… ya verás”, se lo dijo Jesús “Cholain” Rivero en 1975. Desde entonces, lo suyo es preparar peleadores.
Y lo mismo dice Román Acosta, aunque él si peleó: “Es disfrutar, y hacerlo con responsabilidad, porque preparar a un boxeador es una tarea muy grande. Ningún deporte se parece al boxeo”, agregó el manejador.
Acosta Chan se hizo púgil también en 1975, con 17 combates amateurs, todas ganadas, y luego saltó al profesionalismo, con 44 combates y sólo tres descalabros.
El deporte de las narices chatas, los bendings y golpes, se acabaron en 1982 y allá comenzó su otra faceta: la de manejador.
Una amena charla en el Gimnasio “San Francisco de Asís” les hace sacar muchas anécdotas.
Fue en una sesión de fotos para sus principales peleadores actuales: Román Acosta con el cubano Adriano Sayú, “Chucho” Basto con Rusell Acosta y Henry con Daniel Garrido.
Basto es uno de los que encabezan a los manejadores actuales en el “San Francisco”, la cuna de los héroes de aquella época de oro del pugilismo yucateco.
Del establo de la calle 61 salieron Guty Espadas padre e hijo, Juan Herrera, Freddie “Chato” Castillo y Lupe Madera. Más recientemente, Miguel Berchelt comenzó allí su andar, antes de que detone para convertirse en campeón del mundo.
“Es una lista muy larga de peleadores que han estado con nosotros en el ‘San Francisco’. Aquí ayudé a don Beto Rivero hace más de 30 años. Subí como second con él a cuatro campeones mundiales: Guty papá, Lupe Madera, Juan Herrera y ‘Chato’ Castillo.
Y peleadores míos destacados, Ramón ‘Cobra’ Maas, Moisés ‘Tornado’ Eb y ahora Russell, y otros que se me escapan de la mente”.
Una dura profesión
La responsabilidad, bien dice Acosta, es muy grande porque un aspirante tiene muchas tareas que aprobar antes de ser boxeador.
Los tres coinciden en que lo más complicado es la disciplina, que es la que hace al peleador grande.
De allí sale lo demás: trabajar, dar el peso, aguantar golpes. Siempre tienen que ser empáticos en la relación mánager-boxeador, pero encontrar el punto exacto no es nada fácil.
Henry Vidal aprendió con “Cholain”.
De lo primero, fue aguantarle el saco a Miguel Canto, cuando el retirado “Maestro” cimentaba los pasos que le llevarían a la gloria. Retirados Canto y Rivero, Vidal se fue a México, trabajando, entre otros, con Nacho Beristain, que era el jefe de entrenadores de las selecciones de México.
Ya de vuelta, pasaron por sus manos peleadores como Felipe Santana, Carlos Cárdenas, Javier Méndez y Richie Barrera, que, en su opinión, “fueron de los mejores amateurs de Yucatán. Todos sabemos que esas historias no siempre tienen final feliz, pero es parte del devenir del boxeo. Eran talentosos, los desarrollamos… Y cada quién decidió”.
Román Acosta atendió las carreras de, entre otros, los “Candelita” Várguez, Enrique “Maestrito” Orozco, Guty hijo, Néstor “Chino” López, Gerónimo Cardoz, Óscar Gallegos y otros.
¿Qué les mantiene en activo en el boxeo?
“Saber que puedes hacer algo, que tienes para aportar al boxeador”, comentaba Román en el pesaje de la función sabatina. “Esa idea de querer ganar, que tu peleador gane o brinde su mayor esfuerzo sobre el ring”.
Vidal Gijón, conocido como “El Pollo” (apodo que le puso a los 14 años el papá de “Cholain”), dice que “siempre habrá jóvenes que tengan ganas de hacer carrera, y hacerla bien”.
“No somos propiamente maestros, pero sí conocemos las técnicas del boxeo, las hemos aplicado y ha dado resultados. Mientras podamos, lo haremos”.
“Chucho” Basto dice que fue un orgullo trabajar cuando don Wílliam Abraham Dager era promotor, “y ahora que su hijo Mario le pone todo al boxeo, pues podemos seguirlo haciendo. Hay mucho materil para desarrollar”.
Los tres van cerca de los 65 años, y eso, dicen, no es impedimento para dejar de hacer algo que les apasiona, menos cuando abres el baúl de los recuerdos.
Con ellos hay una larga lista de entrenadores, como Guty papá y Juan Herrera, que van al “Salvador Alvarado” todos los días con el mismo sueño: encontrarse con un diamante para pulir y hacerlo campeón.— Gaspar Silveira








