Se le enriquece el mundo
Héctor Velázquez Fernández (*)
No es necesario insistir hoy en las ventajas del bilingüismo dentro de nuestro mundo globalizado. Sin embargo, en nuestro país, en el que no conseguimos implementar aceptablemente el inglés como idioma alterno al español, suele preocupar a los padres de familia cuándo iniciar a un niño en una segunda lengua, sobre todo si no se vive en un contexto familiar y social bilingüe; además de no tener claro en qué momento el niño ya sería bilingüe, pues por conocer dos o tres expresiones en otro idioma no se hace bilingüe un infante.
Algunos padres no bilingües temen que si su hijo estudia una segunda lengua confundirá la materna con la nueva, y no aprenderá bien ni una ni otra, y quedará con un léxico confuso y reducido que le impedirá expresarse y comunicarse eficazmente.
Sin embargo, hoy las neurociencias arrojan nuevas luces sobre el funcionamiento del cerebro infantil y sus habilidades de aprendizaje de otros idiomas. Se sabe que entre los cuatro y ocho meses de edad, aun sin hablar el idioma materno, los infantes son capaces de reconocer términos de diferentes lenguas sin confundirlos, porque aprende que no necesariamente un vocablo que conoce corresponde solo a los objetos que le son familiares, sino que un mismo objeto puede recibir más de un nombre. Esa alerta mental le permite relacionar sonidos y reglas de ordenación de diferentes idiomas, lo que hace sin riesgo de confundirlos.
Por ello los neurocientíficos que hoy se ocupan de cómo lograr el bilingüismo desde la primera infancia recomiendan a los padres interesados en que sus hijos hablen más de un idioma exponerlos a entornos y ambientes bilingües. No a música y películas en inglés, sino a ambientes donde pueda poner a trabajar su plasticidad cerebral, que se manifiesta en la interacción social en otra lengua. Ello le permitirá identificar vocablos pero también articulación gestual, y desarrollar su control ejecutivo para las tareas que implican más atención; es decir, la capacidad de poner especial énfasis en la memoria de trabajo y de planificación, requeridas ambas en las tareas complejas. Pero esto ocurre solo si se pone al pequeño en contextos de interacción social.
Hablar un segundo idioma puede cambiar el modo como se resuelven problemas y adquieren habilidades. El niño desarrolla habilidades lógicas de razonamiento y procesamiento de información. Una persona con dos lenguas muestra una especial plasticidad para atender a lo importante y focalizar la atención en la información relevante para el entorno, y así discriminar en qué debe poner atención y en qué no. Su mente se amplía como la de quien al viajar abre su vida y su capacidad de comprensión y de reconocimiento de lo que es plural y lo que es diferente. Cuando una persona adquiere un segundo idioma se le enriquece el mundo de expresión, de los matices; porque tendrá otros medios para explicar qué quiere y qué siente; y eso siempre será más enriquecedor.— Puebla, Puebla.
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Catedrático
Cuando una persona adquiere un segundo idioma se le enriquece el mundo de expresión, de los matices; porque tendrá otros medios para explicar qué quiere y qué siente
