feminicida de tahdziu

Se desató la jauría

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Ha dolido mucho en el PAN la salida de Joaquín Díaz Mena y todavía más que no solo no se haya ido a “colgar su hamaca a San Felipe”, como anunció antes del desaseado proceso interno que atropelló sus derechos como miembro de ese partido, sino que hubiera hecho el trato que le permitió ser candidato de Morena al gobierno estatal, previa encuesta para decidir, entre él y Rogerio Castro Vázquez, el otro aspirante, quién ocuparía esa candidatura y quién la del Senado. Pero lo hecho por él es congruente con la postura de un hombre que tiene dignidad y no besa la mano déspota de quienes lo traicionan y pasan encima de él.

Por eso es que se desató una cacería para acribillarlo con insultos y descalificaciones en las redes sociales a fin de denigrarlo y desprestigiarlo, usando páginas creadas ex profeso, como hongos después de la lluvia, inducidas, claro está, por los mismos que violaron sus derechos. De traidor y vendido no lo han bajado sus detractores, a la vez que, por el contrario, ensalzan a quienes dentro de su expartido lo victimizaron, no obstante los elocuentes hechos conocidos por la opinión pública que mostraron todo el desaseo del proceso que motivó su salida del PAN.

Las acusaciones contra “Huacho” en las redes giran en torno a la absurda idea de que una persona debe tolerar, en aras de que su partido no pierda elecciones, atropellos a su persona y que en lugar de rechazar éstos, debe aplaudir a sus autores, aun cuando ello sea una afrenta a su dignidad. La existencia de personas que inclinan la cerviz ante el yugo es precisamente lo que ha hecho que México siga siendo el país atrasado, empobrecido y antidemocrático en que, hasta hoy, hemos vivido y que cueste mucho esfuerzo a las demás hacerlo salir de este hoyo.

Los calificativos van de “chapulín” —como si en el partido de quienes lo insultan nadie pasara de un cargo a otro— hasta corrupto que se embolsó 30 millones de pesos —¡30 millones!— que le dio Ivonne Ortega para aceptar ser candidato de Morena, epítetos y mentiras que no existirían si Díaz Mena hubiera aceptado, con la cabeza gacha, el palo que le dieron sus “democráticos” excompañeros. Esta andanada demuestra que en la contienda electoral están insertos actores políticos carentes de escrúpulos, que no se detienen para desatar guerras sucias contra un adversario que, calculan, tendrá mucho peso en la contienda en curso.

También lo acusan de desagradecido, porque supuestamente le debe mucho a ese partido y éste nada a él. Baste recordar la historia de ambos, para sacar conclusiones correctas. Fue el primer alcalde panista de San Felipe. Antes de él no había podido entrar el PAN ahí; desde entonces el municipio ha tenido consecutivamente cinco alcaldes panistas. Fue el panista que logró por primera vez una diputación por el X Distrito local de Tizimín y el primero, y hasta hoy único diputado federal de ese partido por el I Distrito con cabecera en Valladolid; hizo que el PAN tuviera en las elecciones de 2012 la votación para gobernador más alta de su historia en Yucatán. O sea, su esfuerzo le redituó al PAN posiciones que no tenía. Así es que le ha dado tanto a ese partido como éste a él.

Si Díaz Mena se hubiera salido del PAN porque no le dieron la candidatura a que aspiraba, después de un proceso impoluto y democrático en el que se hubieran cumplido cabalmente reglas del juego aceptadas por todos, tendrían razón quienes hoy lo denuestan. Pero se salió no porque no se la hubieran dado, sino por el acto profundamente antidemocrático y humillante que medió para que no se la dieran, acto que necesariamente tiene que herir la dignidad del que lo sufra. Es inconcebible que existan personas que no lo entiendan y que en lugar de solidarizarse con la víctima lo hagan con el verdugo.

Todo el panorama de la política yucateca se descuadró con este episodio cuyo desenlace ha sido la postulación del expanista por Morena, porque está poniendo en cuestión el viejo bipartidismo PRI-PAN, devenido en PRIAN, que hasta hoy ha privado en la entidad. Morena está irrumpiendo con fuerza en nuestro Estado y amenaza con terminar con él. Ha demostrado ser la única y verdadera fuerza de oposición que hay en el país y ni qué decir de Yucatán. Con una sola diputada en el Congreso local, Jazmín Villanueva, puso esto en evidencia, innumerables veces, ante los acuerdos en la oscuridad de las demás bancadas con el PRI.

En Morena se acaba de demostrar que son capaces de sacrificar intereses personales en beneficio del interés general. El precandidato a gobernador, joven maestro fundador del partido, Rogerio Castro, aceptó participar en la encuesta que resultó en la nominación de “Huacho” y no se aferró a la exigencia de ser él el candidato por ser cercano a López Obrador. Una muestra de generosidad que difícilmente se ve en los otros partidos.

Es falaz la afirmación de que el candidato a gobernador de Morena le quitará votos al PAN y hará ganar al PRI. Huacho les quitará votos a ambos porque es un candidato competitivo y, junto con el candidato presidencial del partido que lo acogió, AMLO —que saca ya mucha ventaja, en todas las encuestas, a sus competidores, y que en Yucatán ha crecido también— más el trabajo “a ras de tierra” que desde que se formó Morena realiza incansablemente en el Estado, pondrá en peligro a los dos.

Ésta es la razón por la que se desató la jauría contra Joaquín.

Se trata de la irrupción de un inesperado nuevo actor que amenaza los intereses creados de una camarilla de políticos de diversos partidos defensores del viejo sistema que fingen ser enemigos pero que, en el fondo, defienden los mismos intereses que nada tienen que ver con los del pueblo.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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