Lo público es aquello que legalmente pertenece a todas las personas de una comunidad, pero que en la práctica sirve y atiende principalmente a las mayorías —arquitecto Federico Taboada, experto en planeación urbana y espacios públicos.
Algunos ideólogos suelen afirmar, de manera tramposa, que en la actualidad se han difuminado las diferencias entre una política de izquierda y una política de corte derechista. Nada más falso que semejante aseveración.
Impulsar la redistribución de la riqueza social a través de amplios programas sociales; aumentar sustancialmente los salarios mínimos; priorizar el gasto social; combatir la desigualdad y la inequidad; hacer que paguen más impuestos quienes ganan más, especialmente las grandes empresas, banqueros y casa-tenientes; combatir la evasión fiscal y la corrupción; garantizar servicios públicos oportunos y de calidad, entre otras líneas de acción, son signos que distinguen la aplicación de una política de izquierda o de corte progresista.
Lo anterior se contrapone, desde luego, a una política conservadora o de corte derechista que se caracteriza por privilegiar la libre actuación del mercado, reducir el accionar compensatorio del Estado, apostarle a una creciente desregulación de los procesos económicos y financieros, brindar incentivos fiscales indiscriminados al gran capital, restringir el gasto social en educación, salud, cultura y grupos vulnerables, privatizar las empresas y los espacios públicos, amén de abogar por la contención permanente de los salarios y las pensiones.
Aquí queremos destacar la trascendencia vital que tiene la preservación y el rescate de espacios públicos como complejos recreativos, lúdicos, deportivos y culturales, los cuales son destinados para el disfrute de toda la colectividad.
Estos comentarios vienen al caso con motivo de la reciente inauguración del Gran Parque de La Plancha, que representa la feliz realización de un viejo anhelo de los meridanos y de todos los yucatecos.
En efecto, la puesta en servicio de este complejo recreativo y cultural se llevó al cabo con bombo y platillos el pasado 19 de noviembre, contándose con la presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, del gobernador Mauricio Vila y del alcalde de Mérida, Alejandro Ruz Castro.
No cabe duda que La Plancha es producto de la estrecha coordinación entre los gobiernos federal, estatal y municipal. Este parque constituye una prueba fehaciente de que cuando hay voluntad política se puede poner al servicio de la gente obras de la dimensión, impacto y costo como lo es sin duda este magno complejo multifuncional.
Respecto a la realización de este sueño dorado de los yucatecos, debe recordarse que los terrenos de la ex Estación Central de ferrocarriles eran propiedad del gobierno federal, por lo que éste podía disponer sobre su uso de acuerdo a sus prioridades, que en un principio fueron poner una estación del Tren Maya o bien construir las instalaciones de la Guardia Nacional.
Tampoco cabe soslayar el arduo trabajo que por largos años realizaron los precursores de esta magna obra, como lo fueron las organizaciones de la sociedad civil, vecinos de los barrios aledaños, instituciones como la Uady y la UNAM, sin dejar de mencionar a destacadas personalidades que persistieron incansablemente en hacer avanzar el proyecto, como el arquitecto Fernando Medina Casares y el empresario turístico Félix Rubio Villanueva, ambos ya fallecidos.
Hay que precisar que durante mucho tiempo ni los gobernadores ni los alcaldes meridanos en turno dijeron “esta boca es mía”, ya que nunca arroparon el proyecto de la sociedad civil, vecinos e instituciones, mostrándose casi siempre elusivos ante la indeclinable obstinación de estos actores sociales.
Pero ocurre que los promotores hicieron llegar el proyecto al presidente AMLO, y es entonces cuando el gobernador Mauricio Vila y el alcalde de Mérida Renán Barrera se suman a la sentida demanda social de construir un gran parque en los abandonados terrenos de la antigua estación de trenes.
Ante las reiteradas gestiones de la sociedad y las autoridades estatales y municipales, el Ejecutivo federal tuvo la sensibilidad para dejar de lado el uso que pensaba darle a los terrenos y asumir sin ambages que por encima de todo estaba el bienestar de los meridanos y de todos los yucatecos, por lo que no sólo cedió todo el predio sino que autorizó de manera expedita una partida de 1,300 millones de pesos para que la Secretaría de la Defensa Nacional construyera en tiempo récord este gran complejo que, para beneplácito de todos y todas, ya está al servicio de la colectividad.
En complemento a esta revisión panorámica, es importante referir que el gobierno del estado, en reciprocidad con el gesto del presidente AMLO, hubo de ceder el predio que ocupara por muchos años la Benemérita y Centenaria Escuela Normal “Rodolfo Menéndez de la Peña”, en el cual se está construyendo un complejo que servirá como centro administrativo, operativo y de mantenimiento para el proyecto del Tren Maya.
Y es en este punto donde cabe enfatizar la trascendencia de rescatar lo público para beneficio social —como felizmente ha ocurrido en el caso del Gran Parque de La Plancha—, ya que no debe olvidarse que el gobernador Mauricio Vila primero dispuso la “desregulación” del predio de la Escuela Normal, para luego intentar venderlo al capital privado con la absurda intención de que se construyera un estadio a todas luces insostenible.
En síntesis: el Ejecutivo estatal —como el buen político derechista que es— no pudo salirse con la suya: privatizar lo público para beneficio de unos cuantos.
En conclusión, podemos afirmar que el Gran Parque de La Plancha es una magna obra que el gobierno de la 4T ha puesto al servicio de todos los yucatecos, quienes tenemos sobradas razones para estar de plácemes. ¡Enhorabuena!— Mérida, Yucatán.
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Doctor en Educación. Exdirector de la Universidad Pedagógica Nacional en Yucatán.
