Jesús Retana Vivanco

Alzheimer. He compartido en otros artículos del daño impresionante que causa el Alzheimer en las personas. El daño tampoco es menor para los que cuidamos a alguien con este padecimiento.

Andar buscando un neurólogo competente, con una alta especialidad en el tema, no es cosa sencilla, eso te puede llevar a muchos lados, no solo de México sino de por lo menos de este continente, con el consabido gasto de lo que representa.

Hay poco que hacer en cuanto el cuidado de un paciente con estas características, salvo tomarlo con calma y verlo con mucho amor hacia la persona que estamos cuidando. Hay un sitio que puedo recomendar para las personas que están al cuidado de sus seres queridos con este maldito mal. Es el sitio de Camila Ruy, una española que le vio un filón importante al tema, que te dice cuál debe ser tu comportamiento con un paciente mediante un método muy interesante para afrontar este mal. “Refréscame la memoria” es parte de la temática de su programa. “Cuidar con serenidad” es el nombre de batalla diseñado especialmente para los cuidadores.

Más allá de las cifras médicas, el Alzheimer representa una de las pruebas más duras para la convivencia humana. En la medida en que la memoria se desvanece, también se borran los vínculos más íntimos y las historias compartidas. Los pacientes pierden su identidad mientras que la familia enfrenta la dolorosa tarea de cuidar a un ser querido que a veces ya no lo reconoce.

Este desgaste emocional se acompaña de una carga económica considerable. Los cuidados prolongados, la necesidad de supervisión constante y los tratamientos médicos convierten al Alzheimer en una de las enfermedades más costosas para las familias.

No es una forma común de demencia, como me dijo un amigo, sino de un deterioro progresivo que afecta la identidad, la autonomía y las relaciones personales de quienes conviven con el que lo padece.

Su importancia radica en que no tiene cura y, sin embargo, crece aceleradamente en el mundo.

Lo que necesitamos hacer es lograr un entendimiento real del problema para poder manejar este terrible flagelo de salud que día a día consume a cuidadores y enfermos.

El Alzheimer es sin duda, una de las enfermedades más complejas y dolorosas que enfrenta esta humanidad, porque erosiona lentamente lo que nos hace sentirnos plenos a todos aquellos que estamos dando el frente a los síntomas diarios de las rutinas.

Cada paciente con Alzheimer implica además una familia entera que aprende a convivir con la incertidumbre, el desgaste físico y emocional y la necesidad de sostener con amor lo que la memoria ya no alcanza retener. En ese sentido, la enfermedad no destruye únicamente las neuronas… pone a prueba la paciencia, la empatía y la solidaridad.

En última instancia, la enseñanza más profunda que deja el Alzheimer es que la memoria, aunque frágil, no es lo único que define a una persona. Aún cuando los recuerdos se diluyen, permanece la necesidad de afecto, de compañía y de respeto. Por ello, el verdadero desafío no es encontrar la cura, sino aprender a acompañar con ternura a quienes transitan por este camino. Porque aunque los nombres y las historias se borren, lo humano persiste en los gestos de cuidado, en las miradas pacientes y en la certeza de que la dignidad y el amor nunca deben olvidarse.— Mérida, Yucatán, 29 de septiembre de 2025

X (antes Twitter): @ydesdelabarrera

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