“Cuando muere una lengua, muere una cultura”, Miguel León-Portilla
En un programa de titulación de las licenciaturas en Educación Preescolar y Primaria para el Medio Indígena (Lepepmi-90) que se imparte en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) Unidad 31 -A de Mérida y las subsedes de Valladolid y Peto, los estudiantes realizaron investigaciones histórico-sociales y sociológicas en escuelas de educación indígena, ubicadas en comunidades rurales de municipios como Tahdziú, Peto, Motul, Chapab, Muna y Tzucacab.
Al abordar el contexto comunitario, los estudiantes corroboraron algo que es un secreto a voces: En comunidades indígenas y rurales de Yucatán, los niños ponderan el uso del español, pese a que para un buen porcentaje de ellos la maya es su lengua materna.
Entonces ¿a qué se debe que año con año disminuya el número de hablantes de la lengua maya? ¿cuál es el meollo del asunto (problema grave) que algunos funcionarios tratan de minimizar para que el jefe no se inquiete?
El punto nodal de los comentarios de los estudiantes que laboraron como apoyos en programas del Sistema de Educación Indígena y del Consejo Nacional para el Fomento de la Educación (Conafe) es contundente y una severa llamada de alerta para los responsables de la política social, educativa y cultural del gobierno del Estado: ¡En las comunidades indígenas y rurales de Yucatán se está perdiendo la lengua maya!
Familias
El problema no es nuevo. Los padres de familia de esas comunidades no aceptan que se enseñe a leer y a escribir a sus hijos en lengua maya, exigen que se les enseñe a escribir, leer y hablar en español.
Se preguntó a los estudiantes ¿creen ustedes que los padres de familia tienen razón al rechazar que sus hijos aprendan a leer y escribir en lengua maya?
La respuesta de los futuros maestros fue “Los padres de familia no tienen razón de evitar que sus hijos aprendan a escribir y leer en lengua maya”.
Es una paradoja. Si se analiza el contexto educativo, social, político, ideológico y económico de las comunidades indígenas y rurales la respuesta sería los padres de familia sí tienen razón de exigir que sus hijos aprendan a escribir, leer y hablar el español.
Rechazo
Los padres proceden de esa manera para evitar que sus hijos sufran la brutal represión, rechazo y discriminación que ellos han sufrido de prácticas racistas de quienes sueñan en las “bondades” del sistema colonial, impuesto a los pueblos originarios en la Nueva España y duró 300 años.
En zonas urbanas quienes ignoran la grandeza de la cultura maya tildan a los indígenas de “ignorantes”, “incivilizados”, “sin cultura”, “tontos”, “torpes”, y no cuentan con la capacidad intelectual para realizar estudios, así lo proclamaban los conquistadores y sus seguidores.
Asombra saber en pleno siglo XXI que simpatizantes del colonialismo cultural adviertan a los indígenas que se abstengan de concurrir a zonas destinadas a turistas nacionales y extranjeros, y no pretendan entrar a restaurantes del “inmaculado” corredor gastronómico de Mérida, porque podrían ser mal vistos por los turistas nacionales y extranjeros.
Un colega que laboró en un colegio elitista de la capital nos comentaba que en los grupos de estudiantes de preparatoria “ni de chiste vas a encontrar jóvenes estudiantes con apellidos mayas: Mex, Chan, Pech, Chuc, Yamá o Canché”. Las mujeres indígenas que laboran en casas de familias ricas de Mérida es casi imposible que compartan el comedor donde come la familia del patrón, el lugar destinado para ellas es la cocina.
En voz baja
En el mercado Lucas de Gálvez, en los parques públicos y en los camiones urbanos, mujeres indígenas platican en maya, pero lo hacen en voz baja, para que las “catrinas” no las identifiquen como “indias”.
Debido a la discriminación social y cultural, los jóvenes indígenas sienten vergüenza de hablar la lengua maya. Son las razones que esgrimen los padres de familia de las comunidades indígenas y rurales de nuestra entidad para rechazar que se enseñe a sus hijos a leer y escribir en maya.
El problema de la pérdida paulatina de la lengua maya es muy grave. Para atender esa situación se requiere de una intensa campaña integral y permanente para preservarla, fomentar su uso y fortalecer su práctica con hechos, no con discursos.
Existen en nuestro estado excelentes programas para preservar la lengua maya. Entonces ¿qué está pasando? ¿por qué año con año está disminuyendo el número de maya-hablantes en Yucatán?
El gobernador del Estado, Joaquín Díaz Mena, en el marco del Renacimiento Maya, podría establecer medidas institucionales, programas y apoyos sustanciales a los pueblos indígenas y rurales, para atender ese grave problema.
En los años que le restan al sexenio de Huacho Díaz Mena se podría aprovechar para emprender una cruzada estatal con la finalidad de preservar y fomentar el uso de la lengua maya, que está en grave riesgo.— Mérida, Yucatán
*Maestro de la Universidad Pedagógica Nacional de Mérida
