“Los cuentos se tiran al mar en una botella y se abandonan a su suerte”.— Beatriz Espejo.
El cuento es un género literario que intriga, fascina y sorprende. Es poco comprendido, poco conocido y, por ende, escasamente solicitado por lectores y editoriales, incluso menospreciado, trasladado mentalmente a la categoría de género menor, cuando, en realidad, quien se atreve a darle una oportunidad y se acerca a cuentistas que han hecho de su escritura un legado, hallará un universo de relatos hipnotizantes que nos imponen retos, juegan con nuestra capacidad de prestar atención al detalle y hacen partícipes —cómplices— a los lectores de sus desenlaces.
Si hablamos del cuento, es imprescindible hablar de Beatriz Espejo (Veracruz, 1939), escritora mexicana, doctora en Letras por la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y una de las más importantes cuentistas mexicanas de todos los tiempos. Sus obras están fincadas en la memoria, en el rigor de la prosa y en las obsesiones humanas. Ella afirma que quien escribe lo hace sobre lo que se conoce, y su estilo literario es prueba irrefutable de esta convicción. La doctora Espejo ha bordado recuerdos íntimos en sus relatos; los ha impregnado de escenas que danzan alrededor de la nostalgia y ha ejercido, de acuerdo con sus propias palabras, un realismo crítico, costumbrista y milagroso. A pesar de haber escrito ensayos y novelas, es conocida y estudiada por su trayectoria con la prosa de arte menor y se ha vuelto un referente indiscutible para quienes aspiramos a escribir narraciones dignas de leerse.
En 2001, el Gobierno de Yucatán y el Ayuntamiento de Mérida instauraron en conjunto el Premio Nacional de Cuento Beatriz Espejo como un homenaje a la trayectoria de la escritora mexicana y como reconocimiento a los lazos familiares que la unen con nuestro estado. Este año celebramos la XXV edición de este certamen que, a lo largo de este tiempo, ha premiado la obra de destacados escritores mexicanos, pero también ha reconocido el trabajo de noveles autores que se han atrevido a aventurarse en el terreno de las 5 a 10 cuartillas. Año con año, cuentos libres, de estilos y temáticas variadas, han participado en el concurso del cual Beatriz Espejo ha fungido personalmente como presidenta del jurado privilegiando siempre, de acuerdo con sus propias palabras, el resultado estético de las obras.
Los cuentos ganadores y menciones honoríficas de este concurso han sido recopilados en tres antologías bajo el título El espejo de Beatriz y coeditadas por Ficticia en 2008, 2020 y 2025. La más reciente fue presentada hace unos días en la Biblioteca Central Manuel Cepeda Peraza, en presencia de autoridades estatales y municipales, familiares de la autora, recipiendarios del premio, y también de algunas de las menciones honoríficas que conforman estos volúmenes. Joaquín Tamayo, Roberto Azcorra y Nadia Pérez, presentadores del libro, insistieron en el logro que representa haber conservado vigente este certamen a través de administraciones gubernamentales que han cambiado de partido, lo que lo ha instalado como una política pública de impulso a la creación literaria que a partir de este año ofrece 100 mil pesos al cuento ganador, la bolsa más generosa en todo México para concursos literarios que premian un solo cuento. Tanto el premio como la edición del libro continúan siendo, además, un esfuerzo conjunto de la Dirección de Identidad y Cultura del Ayuntamiento de Mérida y la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán, algo que difícilmente se materializa en otros ámbitos.
El certamen es de alcance nacional, pero vale la pena mencionar a los cuentistas yucatecos quienes durante los 25 años de su existencia han obtenido el Premio o una mención honorífica: Carlos Martín Briceño, Andrés Jesús Castillo Martínez, Joaquín Filio, Edgardo Arredondo, Yobaín Vázquez Bailón, José Antonio Lugo García, Alonso Marín Ramírez, Pavo Goff y una servidora.
La presentación de esta antología de cuentos es una gran noticia para los amantes del género. Sirve para visibilizar y poner al alcance de las personas lectoras las obras que han sido reconocidas y, también, es un homenaje a Beatriz Espejo, la mujer que ha logrado, a través de su nombre y trayectoria, lo que ya se mencionó pero merece ser reiterado: consolidar en nuestro estado una política pública en torno al arte. No es cosa menor.
Cierro estos comentarios con mi agradecimiento personal a la doctora Espejo, porque es debido al interés que no ha cesado en profesar a este premio que hoy podemos continuar celebrándolo, pero también, por todo lo que me ha enseñado sobre contar historias a través de la magia que contiene su escritura. Larga vida a Beatriz, a su obra, y al Premio Nacional de Cuento que lleva su nombre.— Mérida, Yucatán
Licenciada en Periodismo y maestra en Relaciones Públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del Estado
