Fernando Ojeda Llanes (*)

Ser consejero en un Consejo de Administración implica una responsabilidad que rebasa ampliamente la participación formal en sesiones y la emisión de votos en decisiones colegiadas. El consejero es, ante todo, un estratega permanente y un acompañante crítico de la alta dirección, cuya experiencia acumulada —construida a lo largo de años de asesorar y conducir varias empresas de diferentes actividades en contextos complejos—, se convierte en un activo esencial para la organización.

La función del consejero descansa en una visión integral y profunda de la empresa. Esta visión abarca sus procesos internos, su estructura financiera, su cultura organizacional, su modelo de negocio y su posicionamiento competitivo. Al mismo tiempo, el consejero incorpora de manera sistemática el análisis del entorno externo, reconociendo que la empresa no opera en aislamiento, sino dentro de un sistema económico, social y regulatorio en constante transformación.

Factores como devaluaciones monetarias, inflación, crisis sanitarias o epidemias, cambios en las tasas de interés, regímenes fiscales, cargas impositivas y escenarios de alta competencia forman parte del marco analítico permanente del consejero, su experiencia le permite interpretar estos fenómenos no solo como riesgos, sino también como variables estratégicas que deben ser incorporadas en la planeación de largo plazo.

Dentro de este contexto, el consejero cumple un papel clave en la evaluación y apoyo a la gestión del director general, sin asumir funciones ejecutivas y operativas, actúa como un punto de referencia profesional e intelectual que fortalece la calidad de la toma de decisiones; desde sus áreas de especialidad —finanzas, estrategia, operación, regulación, mercados o gobierno corporativo— aporta una visión independiente que permite contrastar enfoques, validar supuestos, advertir riesgos y proponer alternativas.

El consejero contribuye a asegurar que exista coherencia entre los objetivos estratégicos definidos por el Consejo y la ejecución cotidiana de la dirección, su participación fomenta el equilibrio entre la visión de largo plazo y las exigencias operativas del corto plazo, fortaleciendo la gobernanza y la rendición de cuentas.

La labor del consejero no se limita a la atención de los resultados inmediatos ni al cumplimiento de metas de corto plazo. Su enfoque es eminentemente estratégico y está orientado al futuro de la empresa. Participa activamente en la definición de la visión de largo plazo, en la identificación de oportunidades de crecimiento sostenible y en la construcción de estrategias que permitan fortalecer la posición competitiva de la organización en el tiempo.

Desde esta perspectiva, el consejero impulsa decisiones que contribuyan no solo a la estabilidad operativa, sino también al crecimiento ordenado del negocio y a la mejora consistente de las utilidades. Su análisis busca maximizar la creación de valor para los accionistas, asegurando que las inversiones, expansiones y proyectos estratégicos se traduzcan en rentabilidad, solidez financiera y generación de riqueza en el largo plazo.

La labor del consejero no se limita al tiempo de las sesiones ni al análisis puntual de informes, su compromiso es continuo y personal, lleva consigo los datos financieros, los indicadores operativos y las métricas clave del negocio incluso fuera del ámbito formal del Consejo, integrándolos a su reflexión cotidiana y a su propio proceso de análisis. En forma coloquial: Todo se lo lleva a casa.

Este trabajo implica estudiar de manera constante los estados financieros, los flujos de efectivo, los márgenes, los niveles de endeudamiento, la rentabilidad y los indicadores de eficiencia operativa. El consejero analiza estos datos de forma comparativa, contrastándolos con situaciones similares o comunes que ha vivido en otras empresas, identificando patrones, riesgos recurrentes y soluciones que han demostrado eficacia en contextos análogos.

El análisis comparativo basado en la experiencia real es uno de los principales aportes del consejero. No se trata únicamente de aplicar modelos teóricos, sino de utilizar el conocimiento práctico adquirido a lo largo de su trayectoria profesional para anticipar escenarios, advertir desviaciones y sugerir cursos de acción fundamentados.

Esta experiencia permite al consejero aportar claridad en momentos de incertidumbre, ayudar a priorizar decisiones críticas y orientar a la empresa en contextos adversos o altamente volátiles. Asimismo, impulsa que las estrategias se traduzcan en cifras concretas, indicadores medibles y proyecciones realistas, promoviendo disciplina financiera y evaluación rigurosa del impacto económico de cada decisión relevante.

En suma, el consejero es un custodio del rumbo, la estabilidad y la sostenibilidad de la empresa. Su dedicación trasciende los límites formales del cargo: piensa la empresa de manera permanente, acompaña al director general con criterio y experiencia, y contribuye a que la organización afronte tanto sus desafíos internos como las presiones del entorno externo con una visión de largo plazo orientada al crecimiento, la solidez financiera, la continuidad operativa y la creación de valor para los accionistas.— Mérida, Yucatán

Doctor en Investigación Científica. Consultor de empresas.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán