De acuerdo con los trascendidos, en la iniciativa de reforma electoral que enviará la presidenta Claudia Sheinbaum al Congreso se propondrá otorgar rango constitucional al uso (no inmediato) de la urna y el voto electrónicos.

Como he afirmado otras veces, la urna electrónica es un dispositivo que, pese a las bondades argumentadas por sus impulsores (algunos parecen cabilderos de algún proveedor digital), representa problemas que, en un país como México y su historia de desconfianzas en materia comicial, resultarían insalvables.

Es cierto que el uso de esos artilugios evitaría, en particular, la necesidad de imprimir millones de boletas, carísimas por las medidas de seguridad, y lo peor, al costo debe añadirse la destrucción de decenas de miles que no son utilizadas para sufragar, esto debido a los índices de abstención. Además, se ganaría en rapidez y facilidad en escrutinio y cómputos. Todo ello es cierto.

Sin embargo, la falta de certeza, transparencia y fiabilidad, los costos elevados de la implantación del voto electrónico y sus vulnerabilidades, unidos a la desconfianza pública, han motivado que, tras usar la urna electrónica, varios países hayan dado marcha atrás, particularmente en Europa.

En contraste, debe señalarse que en algunos países ese sistema ha sido usado con éxito, entre ellos Brasil y Filipinas. Un informe de IDEA Internacional indica que, de 178 países incluidos en sus bases de datos, sólo 19% (34) han utilizado el voto electrónico a nivel nacional o subnacional. En 15% de las naciones se están realizando o se han realizado estudios o pruebas de viabilidad en elecciones futuras.

Un dato muy relevante es que 11 países han abandonado el sufragio electrónico, y “una de las principales razones es la preocupación por la confianza y la seguridad del voto”.

En Estados Unidos, con un sistema sui generis donde la organización de los comicios está a cargo de autoridades locales, se han realizado pruebas que han acreditado la fragilidad de los sistemas digitales.

En agosto de 2018, la conferencia Def Con en Las Vegas organizó un evento conocido como Voting Village, en el cual se alentó a los participantes a descubrir fallas en la infraestructura electoral de Estados Unidos mediante el hackeo de varios sistemas informáticos. En un informe sobre los hallazgos se describen como “impresionantes” el número y la gravedad de las fallas detectadas en los equipos de votación. “”Durante 15 años hemos estudiado numerosos sistemas electorales y máquinas de votación en todo el mundo, y se ha descubierto que cada uno de ellos tiene vulnerabilidades graves”, dijo a la BBC Harri Hursti, uno de los autores del informe.

Insisto: en México, país donde la desconfianza en las elecciones está a flor de piel y no por malas razones, pretender implantar el voto electrónico es insensato y es fácil prever la multiplicación de los litigios que se generarían.

La marcha atrás. Los países que han abandonado el voto electrónico después de usarlo o probarlo en programas piloto son: Alemania, Países Bajos, Finlandia, Irlanda, Noruega, Paraguay, Reino Unido, Suiza, Francia, Paquistán y Japón. Según las fuentes que se empleen, hay contabilidades que elevan el número hasta 15.

Dos de los casos más relevantes son Alemania y Países Bajos. En Alemania, las urnas electrónicas se probaron en elecciones federales de 2005, pero cuatro años después, en 2009, la Corte Constitucional las declaró inconstitucionales por carecer de transparencia, pues los ciudadanos estaban imposibilitados de supervisar el proceso si no poseían conocimiento especializado, lo cual —determinó la Corte— viola principios democráticos. Alemania volvió a los métodos tradicionales.

En los Países Bajos, en los noventa del siglo pasado, se utilizaron máquinas de votación electrónica en comicios nacionales y locales. Desde el principio hubo dudas sobre su confiabilidad y en 2007, activistas lograron demostrar su vulnerabilidad mediante hackeos experimentales. El gobierno suspendió su uso y volvió a boletas de papel, priorizando la transparencia y la verificación ciudadana.

A semejanza de otros países cuya experiencia fue costosa y negativa, en Irlanda se introdujeron urnas electrónicas y se usaron en comicios generales y locales en 2002. Sin embargo, los altos costos y las dudas sobre su confiabilidad motivaron que en 2006 se dejaran en el papel los planes de expansión y en 2010, el sistema fuera desmantelado por completo, debido a fallas en la verificación de votos y a la consecuente desconfianza del electorado.

Periodista

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