Hoy centraré este artículo al enorme y loable trabajo que está realizando el Movimiento Nacional Diálogos por la Paz. Un movimiento plural que articula personas, comunidades e instituciones comprometidas con la construcción de la paz para mejorar la seguridad, la justicia y el tejido social.
Esta instancia contribuye a la construcción de la paz en México fortaleciendo cada territorio desde el diálogo plural, la participación comunitaria y la corresponsabilidad institucional.
Desde una realidad y lejos de discursos, desde el dolor de lo que pasa en el país, iniciaron este trabajo a partir de 2022 fecha en la que realizaron los primeros compromisos, entendieron que es el diálogo el que abre un camino para hacer de la esperanza una ruta real de construcción de paz en México.
En estos últimos días hicieron ya su Segundo Manifiesto por la Paz visibilizando a aquellos que están buscando a sus familiares, por quienes han sido víctimas de las violencias y por quienes vienen detrás, decidieron entonces, no aceptar que el futuro de niñas y niños se hipoteque por falta de condiciones para crecer.
Decidieron también no negociar la dignidad humana a cambio de intereses económicos o políticos. Negaron ser indiferentes ante el dolor y la vida que pende de un hilo. Y rechazaron toda complicidad frente a la violencia estructural y sistémica.
Para ello propusieron refundar la comunidad, construir nuevas maneras de encontrarse, de escucharnos como mexicanos, de navegar los conflictos, de llegar a acuerdos, de exigir, de ofrecer, de resistir, de ser con otros más solidarios.
Hay que encontrar una manera distinta de cuidar la fragilidad, de preservar la vida, de posibilitar futuros, desde la familia hasta el estado, pasando por la escuela, la colonia, el centro de trabajo, la parroquia, el barrio con miras a construir una sociedad, permeable y dispuesta a involucrarse y a sostener una esperanza organizada dirigida a la acción.
Manifiestan que cada paso, cada conversatorio, cada acuerdo, cada metodología que decidan implementar, lo harán con la conciencia de que se está refundando nuestra forma de ser comunidad, ya sea que esas acciones estén enfocadas a la salud mental, al medio ambiente, a las policías, a las víctimas, a las juventudes o a las escuelas, a los migrantes, los funcionarios públicos, las empresas o universidades.
Están convencidos que solo habrá paz cuando visibilicemos, rechacemos y encontremos alternativas frente a las violencias de las que formamos parte; cuando seamos capaces de conmovernos y movernos ante el dolor ajeno; cuando cada individuo y cada sector, decida ser una voz de corresponsabilidad y trabajo, pero también de exigencia y denuncia, una voz que no tolere la injusticia, el odio, la impunidad;
Solo habrá paz —dicen— cuando recuperemos nuestra capacidad colectiva de cuidar y ser cuidados, cuando frente a las miradas de niños y niñas, asumamos la responsabilidad de construir las condiciones para que su futuro sea posible. Cuando el costo de guardar silencio y ser indiferentes sea impagable.
El Segundo diálogo se realizó en Guadalajara Jalisco del 30 de enero al 1 de febrero en el Iteso, universidad jesuita de Guadalajara, fueron más de mil doscientos líderes sociales, religiosos, académicos, empresariales, autoridades locales y representantes de la sociedad civil provenientes de todo el país que se dieron cita para mirar de frente la realidad de la violencia en México, compartir metodologías de construcción de paz y articular respuestas a la altura del momento histórico que vive la nación. Desde la diversidad de contextos, dolores y esperanzas que hoy atraviesan a México, con un objetivo común: reconstruir la paz desde lo local, con visión nacional y compromiso colectivo.
Analizaron las causas estructurales de la violencia en México, subrayando la urgencia de recuperar al Estado como un espacio de acuerdos colectivos que dé marco institucional a la vida social.
Construir la paz exige escuchar, discernir y actuar, todos debemos buscar un orden social de relaciones armonizadas, poniendo en el centro a las víctimas y convencidos que la paz solo se alcanza si hay verdad, justicia y reparación.
Esperemos por el bien del país que pronto las cosas cambien.—Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
