“Talco dos caras”, así le llamaban por estos lares al expresidente de México Luis Echeverría Álvarez (LEA) que, durante su gestión entre 1970-1976, esgrimía una narrativa populista, incluso de apoyo a movimientos de izquierda internacional, mostrando afinidad y simpatía con gobiernos como el de Cuba y dando asilo a infinidad de perseguidos por las dictaduras que dominaban en varios países del cono sur. La llegada de los exiliados, entre ellos muchos académicos perseguidos por sus ideas y militancia políticas de izquierda, permitió que nuestras universidades se fortalecieran, por ejemplo, con valiosos intelectuales chilenos. LEA mantuvo un discurso nacionalista y patriótico que daba envidia al resto del mundo, generando esperanzas con sus ocurrentes frases como la de: “arriba y adelante”.
Sin embargo, su política interna se caracterizó por el autoritarismo y la represión, a pesar de su discurso aparentemente conciliador con la juventud de izquierda dejó ver su verdadera cara durante la matanza del Jueves de Corpus ocurrida en junio de 1971, cuando el grupo paramilitar conocido como “los halcones”, atacó salvajemente una manifestación estudiantil asesinando a muchos. Y no se olvida que en 1968 fraguó, junto con el presidente Gustavo Díaz Ordaz, la matanza de estudiantes y trabajadores en Tlatelolco. LEA fue señalado y acusado también formalmente de implementar una estrategia de terrorismo de Estado, que se conoce como la etapa de la “guerra sucia”, contra los opositores al gobierno que militaban en la izquierda revolucionaria.
Pese a su autoritarismo y sus acciones represivas contra aquel sector de la izquierda que no cedió a sus ofertas de aceptar posiciones en las esferas de gobierno, su populismo le permitió mantener el control del país y fortalecer a su partido. Así, su modelo de “Desarrollo Compartido” basado en la intervención del Estado para “supuestamente” distribuir la riqueza, el aumento en el gasto público acompañado de una mayor deuda pública, la creación de paraestatales, el incremento a los salarios y el mayor control estatal de sectores estratégicos, fueron tácticas políticas eficientes con las que pudo amortiguar el descontento social, eliminar casi por completo a los grupos guerrilleros y mantener por unos años más la “dictadura perfecta” implementada desde el PRI.
“Te pareces tanto a mí que no puedes engañarme”, esto podrían cantarles los líderes priistas de esa época que aún viven a los de Morena, si no fuera porque ahora están juntos en el mismo partido. Los gobiernos de la 4T mantienen una retórica nacionalista y de apoyo a gobiernos de Latinoamérica, entre ellos Cuba, aunque en realidad están sometidos al imperio del Norte. Invierten una gran cantidad de dinero público en programas clientelares para mantener a su electorado, aunque esto implique endeudar al país. Se dicen de izquierda, pero en los últimos siete años las grandes élites económicas acrecentaron de manera exorbitante sus fortunas, son igual o peor de corruptos, siguen persiguiendo opositores y ahora también a defensores y defensoras de derechos humanos y territorios indígenas, cancelando la democracia.
Pero recordemos que la historia avanza en espiral, no en círculos ni de manera lineal, como nos advierte la sabiduría ancestral maya. Los actuales dirigentes morenistas se parecen mucho a los priistas de ayer pero no son idénticos del todo, aprendieron de los errores del pasado. Por ejemplo: las matanzas abiertas o desapariciones contra opositores las realizan los narcos, sus aliados, dejan que sean éstos quienes realicen el trabajo sucio y como resultado el número de muertes o desapariciones de defensores de derechos humanos, del medio ambiente y territorios es mucho mayor que las ocurridas en sexenios anteriores. Las cifras no mienten, durante lo que va de la 4T, 133 de estos defensores y defensoras fueron asesinadas, por lo menos 47 periodistas ya no podrán difundir sus noticias porque los mataron y a éstos hay que sumar los regidores y alcaldes de la oposición que han “desvivido” durante los últimos siete años. Todo esto sin que el gobierno tenga que asumir los costos políticos de esas muertes, aunque sí el beneficio de que los hayan silenciado.
Hablando de los programas de gobierno a favor de las clases populares, también aprendieron la lección, lo invertido en obras públicas, infraestructura urbana, salud y educación mantiene lealtades solo por un tiempo transitorio, después del cual se convierten en una obligación para el electorado, se olvida la afiliación partidaria del gobierno que lo otorgó y por lo tanto se deja de agradecer y de “pagar” con votos.
En las sumas y restas de pérdidas y beneficios que hacen los jefes de PRIMORENA, dedujeron que los apoyos económicos directos, distribuidos mensualmente, sí mantienen a la clientela electoral de manera permanente y no transitoria. Éstos convierten a los ciudadanos en personas dependientes de los apoyos, por lo tanto, dispuesta a votar por quienes creen son los únicos que darán continuidad a los llamados “programas del bienestar”. Ambos, los de ayer y los de hoy, jerarcas priistas y morenistas, diseñaron estrategias para perpetuarse en el poder, los primeros lo lograron por más de setenta años, los actuales renovados y vestidos de guinda pretenden eternizarse.
Lo cierto es que los gobiernos priistas anteriores eran corruptos y represores, igual que los morenistas actuales, pero invertían en hospitales, escuelas, carreteras y demás obras necesarias en su momento, sin embargo, pareciera que los electores valoran mucho más lo recibido mensualmente que los beneficios de servicios gratuitos como los de salud y seguridad.
Hace unos días, conversando con una señora joven, le pregunté si ya habían mejorado los servicios de la clínica de su pueblo, un problema del que se quejaba constantemente durante el gobierno anterior de Yucatán. Ante mi pregunta directa: ¿Mejoraron los servicios? dio un brinco hacia atrás y de manera defensiva, casi inmediata, me contesto: “pero ya llegaron los apoyos a madres solteras”, quedando implícito que su respuesta era NO, pero que a cambio les llega ahora algo al parecer más valioso, los apoyos monetarios constantes y sonantes.
Moraleja: un gobierno puede ser tan corrupto como quiera o estar aliado con los narcos y con eso poner en peligro a la población, mientras reparta apoyos económicos se perpetuará en el poder, a menos que la sangre llegue al río, a nuestros pueblos, a nuestras colonias, o peor aún, a nuestros hogares. Entonces ni todos los apoyos monetarios del mundo podrán devolvernos la tranquilidad perdida, o a nuestros seres queridos desaparecidos o asesinados. Esperemos que cuando eso pase no sea muy tarde para comprender lo que estamos perdiendo a cambio de lo recibido cada mes.— Mérida, Yucatán
Antropóloga por la Uady, con maestría en antropología social
