En una interesante entrevista con José María Aznar, expresidente del gobierno español, observó que hace diez años Europa contribuía con el 25 % del PIB mundial, siendo que ahora solo aporta menos del 15%. Y expone las razones: Europa ha creado sociedades “híperreguladas”, lo que significó un freno a los cambios que exige el desarrollo; el problema de la pirámide poblacional: mucha gente grande y pocos jóvenes; por estas y otras razones Europa no pudo generar las grandes empresas que se derivan de la transformación de la tecnología y que están creando un nuevo orden mundial.

No se puede dejar de preguntar: dónde estuvo Alemania y qué hacían los británicos, que nunca dejan libre al azar. Los titanes parecen ser Estados Unidos y China. No hay que dejar de ver a Israel, un país pequeño, pero una potencia tecnológica. China produce ciertos recelos: todo desarrollo económico, sólido y duradero, tiene que sostenerse en una democracia , lo que no ocurre en el gigante asiático.

América Latina contribuye con algo más del 7% del PIB mundial, estamos lejos de participar como protagonistas de la economía universal. Sin embargo, en las estimaciones de las economías de los países del FMI, para el año 2024 México apareció en la posición 12. No logramos el pronóstico y caímos algunos puestos. Empero seguimos siendo una economía respetable, muy a pesar de nuestras drásticas diferencias.

Pero he aquí que ante la revolución tecnológica que está transformando al mundo nosotros tenemos la vista en el pasado, con absurdas confrontaciones y con un modelo que bien se puede llamar “del disparate”. Entre nosotros, en forma por demás escandalosa, la política ha pasado a la nota roja. Bien podemos decir que de los setenta a los noventa el modelo mexicano se basaba en el gasto público, con emisión de papel moneda, inflación y las consabidas crisis, habrá que revisar esta época a la luz de Keynes; pero no se pueden ignorar ignorar las aportaciones del petróleo.

A partir de los noventa el modelo cambió, dando paso a los efectos del Tratado de Libre Comercio y gradualmente a las remesas de los paisanos en el extranjero, ambos amenazados por el gobierno de los Estados Unidos. He aquí que estamos al margen de la revolución que se está dando en la mundo, por el contrario pareciera que estamos extraviados entre el delito y el delirio irracional.— Mérida, Yucatán

Cronista

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