“La Prepotencia tiene marcado en la frente un orgullo estúpido”.— Luis Gabriel Carrillo Navas
“Amigos y amigas de las redes sociales. Les habla el Dr. Roberto Ramos Alor, titular de IMSS Bienestar Veracruz. Quiero ofrecer por este medio una disculpa pública a las y los médicos residentes del Hospital de Alta Especialidad de Veracruz por las expresiones que realicé durante una reunión… bla, bla, bla. En IMSS Bienestar tenemos la instrucción de velar por la formación de las y los residentes y, garantizar las condiciones adecuadas para su desarrollo… bla, bla, bla.
Palabras expresadas frente a un monitor o un teleprompter, del sujeto que no le quedó más remedio que salir a disculparse, suponemos o esperemos después de un jalón de orejas, tras el video viralizado de una reunión que sostuvo con médicos residentes del hospital veracruzano, por el grave desabasto de medicamentos e insumos que ha ocasionado más de mil cirugías diferidas y, que dio una vomitiva imagen de la mezquindad materializada, lamentablemente, en un médico.
“Si usted no quiere operar y no participar, no opere… porque usted se siente ofendida de que no tiene las herramientas para operar, pero no opere, así de sencillo” … “Pero usted es residente y depende de la institución… somos nosotros como autoridad quienes evaluamos y decidimos si los residentes terminarán la especialidad”.
Al planteamiento del problema: la arrogante solución y el ofrecimiento de un mazazo correctivo en Enseñanza. Pero ¿quién es este siniestro personaje? Durante cuatro años (2018 a 2024) fue secretario de salud en el cuestionado gobierno de Cuitlahuac García. Antes había sido director del Hospital Regional de Coatzacoalcos “Dr. Valentín Gómez Farías”. Abandonó el puesto de secretario de salud para convertirse en diputado federal por el Distrito XI, con cabecera en Coatzacoalcos, para la LXVI Legislatura, tras las elecciones en 2024 y, un año después solicitó licencia para incorporarse como delegado del IMSS Bienestar. Un médico de escritorio que ha demostrado una carencia absoluta de empatía cuando algún problema adquiere visos de contingencia. Isabel Ortega publicó en “La Silla Rota”, algunos de estos, llamémosles amablemente, deslices:
En julio del 2019, en Veracruz, el dengue se salió de control; al ser cuestionado del aumento de casos, dijo que eran falsas las cifras que se estaban difundiendo, que él daría a conocer los datos verdaderos.
Finalmente admitió la presencia de 1,200 casos, un incremento, según cifras federales, del 513.6 %. Lejos de establecer un plan, se fue contra los ciudadanos que no mantienen limpios patios y jardines y, culpó a la prensa y medios de ser amarillistas. Poco antes, al ser cuestionado de la compra de medicamentos asignada a Abisalud, empresa señalada de prácticas monopólicas, propiedad de Carlos Lomelí Bolaños, delegado federal de los programas de Bienestar en Jalisco, sobre la relación con el oscuro personaje, estalló en cólera y dijo: “El pueblo necesitaba medicamentos, no había medicamentos y con toda la razón estaba la demanda popular, llegan los benditos medicamentos, ‘ah, ¿y dónde los compró?’. La verdad, como ciudadano, diría: no les embona ningún chile”.
Poco tiempo después, la polémica se centró sobre la abrupta suspensión de hemodiálisis en más de 400 pacientes. Ante las protestas, su mentor, el gobernador, salió al quite. Con la sombra todavía presente del agua inyectable en lugar del fármaco en los manejos oncológicos en el sexenio de Duarte, se negó tan siquiera a dar una declaración cuando padres de familia le cuestionaron sobre la falta de productos para las quimioterapias de sus hijos.
Finalizando 2019, al rendir la parte que le corresponde en la glosa del informe del gobernador, antes de llegar al recinto delante de mucha gente recibió una “limpia” realizada por médicos tradicionales del municipio de Coxquihui…, fue cuestionado: “dónde quedó el hombre de ciencia”.
Un año después y en medio de la pandemia con el tristemente mal manejo de la 4-T, un grupo de médicos y enfermeras se ampararon para no estar en los covitarios, a estos, el Dr. Ramos Alor los calificó de “traidores a la patria”.
El personal sanitario lo señaló por la poca acción para subsanar la falta de equipos de protección y del manejo selectivo de vacunas contra el Covid. Durante su tercera comparecencia ante el Congreso de Veracruz, se enfrascó en agrio debate con la diputada Anilú Ingram Vallines sobre el desabasto de medicamentos, con frases tan poco afortunadas que le valió ser denunciado por violencia política en razón de género.
Ya como coordinador estatal del IMSS-Bienestar en Veracruz, justificó el desabasto de insumos en hospitales, diciendo que no era generalizada y lo contrastó con la alacena que una ama de casa debe de tener en su vivienda (¿recuerda, usted, el tema de las papitas y refrescos comparadas con las medicinas?), increíble que siendo médico no distinga cuando menos el tema de la cadena de custodia de los fármacos.
Pero sin duda, este último resbalón evidencia al médico de escritorio, el que está muy lejos tan siquiera de recordar el sacrificio que conlleva el prepararse como médico en una especialidad. Hay muchas preguntas en torno a ésta reunión de Ramos Alor con los residentes, y una que es básica: ¿No acaso la responsabilidad de las cirugías es exclusiva del médico adscrito en un hospital de formación de especialistas?
Es de esperarse que ante la claudicación de los médicos de base que entran en esta espiral de desidia y conformismo, los residentes eleven la voz, puesto que hay una merma en su formación, las destrezas son parte del componente psicosomático, uno de los parámetros que se evalúan en el adiestramiento de nuestros futuros médicos especialistas, y lejos de recurrir a una solución: viene la amenaza.
Al tipo no solo hay que correrlo, hay que investigar si cometió o no otras tropelías, castigarlo e inhabilitarlo de la función pública, y si no le quitan su base, refundirlo en un consultorio del IMSS Bienestar, de estos que pagarán 20 mil pesos al mes.
El domingo 13 pasado hubo una manifestación de médicos, residentes y personal de salud en Xalapa. Demandas: Exigieron la renuncia de Ramos Alor, debido a su gestión y polémicas declaraciones ante el personal médico. Las consignas: “¡No te vayas a enfermar, no tenemos material!” y “¿Dónde están? …, ¿dónde están, los insumos del Bienestar?”. ¿Qué hizo la gobernadora Nahle?, de entrada, descalificar a la marcha, promovida por la derecha y hasta ahora refrendar a Roberto Ramos Alor (lo siento, ya le retiré el título de médico), ahí con esa imagen de bata clínica, con camisa y sombrero color guinda. Cumple a la perfección el perfil requerido por la 4T, dictado por López Obrador: “Para ser funcionario se requiere 90% de honestidad (referido en el debate público como lealtad) y 10% de experiencia”. Así la Medicina en los tiempos de la 4T.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
