El director Merced Elizondo (segundo de la izquierda) durante la presentación del corto “The Mourning Of” en un festival de Los Ángeles
El director Merced Elizondo (segundo de la izquierda) durante la presentación del corto “The Mourning Of” en un festival de Los Ángeles

En la voz de Merced Elizondo, cineasta mexicoamericano quien conversó con el Diario, hay una mezcla de gratitud y pasión. Habla con la certeza de quien ha encontrado su lugar en el mundo a través del cine. No proviene de una familia de artistas ni de un entorno que alentara los sueños creativos.

“Le tenía miedo al cine —dice—. Pensaba que los latinos como yo no teníamos un lugar en esa industria.”

Y sin embargo, lo hizo. No sin antes probar el camino de la publicidad y el marketing, buscando una salida creativa “más segura”, hasta que una estancia de verano en Nueva York cambió todo.

En esa ciudad —llena de vida, arte y energía— comprendió que las pasiones se persiguen o se pierden.

Desde entonces no ha dejado de filmar. Hoy, tras cuatro cortometrajes, uno de ellos “The Mourning Of”, el nombre de Merced Elizondo suena entre las nuevas voces latinas más sensibles y honestas del cine independiente estadounidense.

Cuenta que la idea de “The Mourning Of” nació en diciembre de 2016, y la primera que concibió para crear, fue en un viaje por carretera de Coahuila a Texas.

“Mi abuela me habló de las mujeres plañideras —recuerda—, esas que lloraban en funerales de desconocidos. Me pareció una imagen poderosa y mexicana”.

Intrigado, buscó información y descubrió que en algunos lugares aún se podía “rentar” a una lloradora para asistir a un velorio. Pero lo que le conmovió no fue el acto teatral del llanto, sino su trasfondo humano.

“Pensé: ¿y si alguien lo hiciera no por dinero, sino porque necesita ese dolor? Porque no puede soltar la tristeza de haber perdido a alguien propio”.

De esa reflexión nació Maribel, la protagonista del corto, una mujer que asiste a funerales ajenos para revivir el de su madre, encarnada por Natalia Villegas.

“Fue difícil encontrarla —comenta el director—. Todos decían que no, que no era la indicada. Pero yo veía en ella algo que no podía explicar. Esa mirada, esa calma que podía esconder dolor. Me aferré, y se logró”.

En pantalla, el resultado es estremecedor. “The Mourning Of” es un corto de silencios, de miradas que pesan y atmósferas que oprimen el pecho.

Más que hablar de la muerte, habla de la imposibilidad de dejar de sentirla.

“Yo he perdido seres muy cercanos —dice Merced—. Sé lo que es despertar un día y darte cuenta de que pasaste toda la jornada sin pensar en ellos. Y sentir esa culpa. Quieres volver a doler. Ese es el corazón del corto”.

“No fui a una escuela de cine, pero me formó la necesidad —asegura—. No podía no hacerlo”.

Su filmografía —que incluye “Manos de oro” y otros dos cortos previos— se distingue por un tono íntimo, melancólico, enraizado en su identidad mexicana-estadounidense.

“Soy de esos que no somos ni de aquí ni de allá —explica—. Hablo español en casa e inglés en la calle. Mis personajes hablan los dos idiomas, habitan en los dos mundos”.

Esa honestidad lo ha llevado a buscar nuevas formas de representación.

“En Hollywood el trabajo latino se encasilla. O historias migrantes o de criminales. Pero los latinos también amamos, reímos, soñamos. Podemos ser cualquier cosa. Yo quiero mostrar eso, cine donde la cultura no es el tema, sino el alma”.

En su trayectoria, el actor Julio César Cedillo (“Narcos: México”) ha sido una presencia clave.

“Me cambió la vida —afirma Elizondo—. Lo contacté por Instagram, le envié mi guión y tuvimos una conversación larga. Desde entonces trabajamos juntos”.

Cedillo protagonizó “Manos de oro” y más tarde “The Mourning Of”.

“El papel del sacerdote lo escribí pensando en él. Julio tiene esa mezcla de humor, ternura y rabia contenida que el personaje necesitaba”. La química entre ambos traspasó la pantalla.

Elizondo confiesa que lo considera un hermano mayor, un mentor.

“Me enseñó a confiar en mi visión, incluso cuando todos dudan. A hacer las cosas por amor al oficio”.

Tras el recorrido de “The Mourning Of” por festivales internacionales, donde ha conmovido a públicos y críticos, el corto fue elegido para competir en la contienda rumbo al Óscar, algo que el propio cineasta aún está en proceso de asimilar.

“No he tenido tiempo de pensar. Estoy tan metido en la campaña y en mi próximo proyecto que no he podido parar. Pero cuando lo haga, lo haré con gratitud.”

Elizondo prepara su primer largometraje, “The Thing About Elephants”, centrado en el desgaste de una pareja que creció junta desde pequeños, y otro corto en colaboración con el Latino Film Institute y Netflix, cuyo rodaje iniciará en 2026.

“No planeaba hacer más cortos, pero cuando Netflix te da una oportunidad, no puedes decir que no”, dice entre risas el director.

Quizá la fuerza de “The Mourning Of” radica en su verdad. No sólo porque aborda el duelo con una delicadeza rara, sino porque nace de un lugar honesto.

“Yo hago cine porque lo necesito —confiesa—. Es como tener algo en el pecho que debo sacar. No busco fama ni dinero; busco entenderme, conectar”.

Y lo logra. Su obra conmueve porque está hecha desde el dolor y la ternura, desde esa línea fina entre recordar y soltar.

“El duelo no desaparece —dice—. Sólo cambia de forma. Y a veces el cine sirve para mirarlo sin miedo”.

Merced comparte que sus mayores influencias provienen del cine mexicano contemporáneo, un movimiento que, dice, “ha puesto el corazón en la pantalla”.

Admira a Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón, a quienes considera “los grandes” por su capacidad de narrar desde la emoción y la identidad. Pero destaca con especial entusiasmo a Alonso Ruizpalacios, director de “Güeros”, película que considera “una de las mejores del mundo” por su libertad creativa y su forma de capturar la esencia juvenil y caótica de la vida. Con esa mezcla de humildad y convicción, Merced Elizondo continúa abriéndose paso en un mundo que alguna vez creyó prohibido. “Yo quiero hacer carrera, dejar huella —dice con firmeza—. Que algún día, cuando alguien hable de sus influencias, mencione mi nombre. Pero si algo me mueve, por encima de todo, es el amor por contar historias que toquen el alma”. Antes de despedirse, Merced lanza una invitación a seguir de cerca su camino cinematográfico a través de sus redes sociales. “Comparto mucho del proceso creativo, desde los rodajes hasta los momentos más personales —comenta—. “Me gusta conectar con la gente que vibra con las historias que cuento”.— DARINKA RUIZ Morimoto

De un vistazo

En Instagram

Para conocer más del director Merced Elizondo consultar la cuenta oficial de Instagram @mercedelizondo en la que adelanta proyectos, comparte reflexiones y celebra cada paso de su creciente trayectoria en el cine independiente

Hijo de inmigrantes

Elizondo creció en Dallas, Texas, es hijo de inmigrantes coahuilenses, y por años pensó que la idea de ser cineasta era “demasiado grande” para él.

Terquedad

La carrera de Merced Elizondo ha sido un ejercicio de terquedad luminosa. Aprendió solo, leyendo guiones, viendo películas, estudiando tutoriales en vídeos de YouTube.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán