Caminan por una vida sana
El programa “100,000 motivos de peso” combina un régimen alimentario personalizado con actividades físicas adaptadas, y se ha vuelto popular en Narón (Galicia).
Tiene el apoyo oficial del ayuntamiento, donde la alcaldesa Marián Ferreiro y todo su equipo se pesaron simbólicamente en una báscula gigante.
“Voy a pasear con otra gente, compañeras, incluso una señora de 80 y pico de años, que se agarra a mí”, cuenta María Teresa Rodríguez, una ama de casa de 55 años que presume de resultados subida a la balanza del centro de salud.
“En marzo pesaba 82 kilos, ahora 70”, dice orgullosa.
Su jornada incluye una hora y media de marcha o de gimnasia en casa, además de la clase de baile del viernes, pues gracias a la dieta y al ejercicio no le duelen ya las piernas.
En la ciudad, 18 restaurantes proponen platos menos ricos en calorías, que privilegian los productos del Atlántico.
“Sustituyo las sales por algas, infusión de pescado o un simple mejillón deshidratado, y las mantequillas por aceite de oliva virgen”, explica Diego Platas, chef del “Refugio”, mientras cocina jurela, un pescado barato de la zona.
Desde la infancia
Recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió a los europeos que el incremento de la esperanza de vida podría verse truncado bajo el efecto del sobrepeso en una parte cada vez mayor de la población.
“No es fácil convencer a la gente, para nada. Algunos dicen: ‘Faltaría más, que el médico me dijera lo que tengo que hacer’”, lamenta el doctor, quien tiene sus esperanzas puestas en los niños, sensibilizados en la cuestión gracias a un proyecto piloto en el colegio Jorge Juan, que cuenta con profesores de lo más motivados.
Así, cuando llega el recreo “salimos a pasear media hora cada día en el paseo marítimo, los alumnos de secundaria y los ‘profes’, todos juntos”, dice María José Cazorla, una docente de 55 años que ha perdido 14 kilos en un año.
En este centro, los 224 alumnos tienen la posibilidad de hacer una hora diaria de actividad física.
Los más reacios tienen la opción de subirse a una bicicleta estática, como parte de la actividad “pedaleo mientras leo”.
Los alumnos que viven cerca son animados a venir a pie, en bicicleta o en monopatín. Una pulsera electrónica avisa a sus padres de que han llegado bien.
Además, en el colegio se distribuye fruta por la mañana, por lo que presume del eslogan “engánchate a la fruta”. Eso sí, a los niños “nunca se les habla directamente de peso”, porque podría ser “estigmatizador”, añade el doctor Piñeiro.
