La festividad de la Virgen Morena, patrimonio galo
De comenzar con una misa oficiada en español para 50 personas frente a la pequeña capilla que resguarda la imagen de la Virgen Morena, la celebración a Nuestra Señora de Guadalupe en París se ha convertido en una festividad bilingüe en la que participan no solamente católicos mexicanos sino también europeos de otras confesiones religiosas.
El evento, organizado durante 30 años ininterrumpidos por la regiomontana Sandra Lupercio, ya forma parte del inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de Francia, administrado por el Ministerio de Cultura. “Siento una gran responsabilidad porque las personas esperan el evento cada año”, declara Sandra al Diario desde la capital francesa. “Además de ser un momento de encuentro, es un momento de confort espiritual”.
“Hay un grupo de suecos que tienen por lo menos 15 años de venir y no son de confesión católica. Eso es lo que captó el Ministerio de Cultura: el evento trasciende puramente el aspecto religioso, también está el encuentro internacional de diferentes culturas”, apunta.
“Me preguntan que cómo es posible que a los suizos o los franceses les encante (la celebración). Les digo que porque el mensaje de la Guadalupana es universal: la paz y la armonía. De la misma manera que unió en México a diferentes culturas, ahora está sucediendo lo mismo, es un vector que une culturas más allá del idioma”.
Desde 1991, cuando comenzó a efectuarse, hasta 2018 la festividad se realizó en la Catedral de Nuestra Señora de París, que cuenta con una capilla dedicada a la Virgen Morena. Sandra recuerda que la imagen mariana en esta iglesia fue realizada en el Vaticano, bendecida por el papa Pío XII y en 1949 coronada con una pieza de oro de 18 quilates, esmeraldas, perlas y rubíes.
A inicios de los años 60 se le destinó una capilla. Cuando la psicóloga neoleonesa, ya residente en París, la visitó el 12 de diciembre de 1990 se inquietó: estaba cerrado el acceso al oratorio y los fieles arrojaban flores a través de la reja a falta de jarrones.
Sandra se decidió a cambiar la situación. Al año siguiente gestionó ante la rectoría de la catedral el permiso para que un sacerdote oficiara misa en español en la capilla y se colocaran jarrones para los ramos y sillas para los fieles en el pasillo frente al oratorio. “Hice un programa, imprimí volantes y extendí la invitación no solo a mexicanos de Francia sino también a latinoamericanos y franceses que sabía que apreciaban la cultura mexicana”, señala.
Con el tiempo el número de asistentes fue creciendo, lo que motivó a Sandra a solicitar que la misa se celebrara en el altar mayor. La petición fue rechazada, pero se le permitió trasladarla al área del coro, con capacidad para 800 personas. Ahí se realizó en 1999… con la presencia de 1,200 asistentes. “Con esos elementos insistí y en diciembre de 2000 se hizo en el altar mayor”, indica.
El horario que se le asignó fue de 3 p.m., poco favorable para empleados y estudiantes. Pero “la gente se las arregló para pedir permiso en el trabajo y organizarse con la escuela”.
La situación comenzó a cambiar en 2003, con la llegada de monseñor Patrick Jacquin a la rectoría. Sandra le propuso concelebrar la misa como forma de que comprendiera mejor las características de la festividad.
“Se sorprendió, porque aquí son extremadamente solemnes. Me dijo que no había entendido todo y le dije que, si quería, a partir del siguiente año la haríamos en francés y español”. Así se hace desde entonces.
Un par de años después se le concedió a la misa guadalupana lo que Sandra llama el “horario estelar”: 6:15 p.m. “Con el crecimiento y la calidad del evento se sintieron en confianza, el rector me conoció mejor y otorgó la autorización”.
El número de fieles siguió aumentando, al punto de que “por lo menos desde 2010 una vez empezada la misa se tenía que cerrar la catedral porque se llenaba el cupo de 2,000 personas”.
A raíz del incendio que mantiene cerrada la iglesia desde 2019, el festejo ha cambiado de sede. El año pasado tuvo lugar en La Madeleine, la segunda iglesia más importante de París, y en éste, en Saint Germain-l’Auxerrois, parroquia a la cual está asignado temporalmente el rector de Nuestra Señora. Aunque tiene menos capacidad que La Madeleine, la elección de Saint Germain-l’Auxerrois “me parecía más coherente por una razón de aprecio y cariño”.
Sandra Lupercio, quien en Francia se ha desempeñado en el ámbito de la Comunicación y la asesoría en desarrollo personal, destaca que éste es “un evento único en su género” en el que hay una atmósfera tanto festiva como espiritual.
Solemne y festivo
Desde 2003, cuando la misa se hizo bilingüe, el programa “considera la idiosincracia de los dos países, un balance entre lo solemne y festivo”. Así, un mariachi interpreta las “Mañanitas” como entrada, “La Guadalupana” en la Comunión y un arreglo de “Cordero de Dios” en el momento de la paz. Después de la bendición se interpreta el “Ave María” a capela.
Hasta antes del incendio también había momentos con intervenciones del órgano (por ejemplo en el ofertorio, con “Cielito lindo”) y el coro de Nuestra Señora. Asimismo, al terminar la misa el mariachi cantaba un par de temas frente a la capilla de la Virgen Morena y otros más en el atrio de la catedral.
En 2010 el Ministerio de Cultura de Francia incluyó la celebración en el inventario del Patrimonio Cultural Inmaterial de ese país. Ocho años después se le concedió la “etiqueta” de ese reconocimiento, que puede usar en la documentación relacionada con el festejo. “Me dijeron que el evento había crecido no solamente en número de personas sino también en prestigio, transmitía tradiciones y costumbres de México, cultivaba la amistad con los franceses y promovía las relaciones fracomexicanas”, dice Sandra.
“Ahora llegan mexicanos de Alemania, Holanda, Estados Unidos y México. Hay un grupo de ingleses que viene cuatro días a París y acude a la misa”, revela. “Esto me lo han repetido muchas personas de diferentes nacionalidades: encuentran algo muy especial durante la festividad”.
Se puede conocer más de la actividad en http://notredamedeguadalupe.org.— Valentina Boeta Madera
