Franck Fernández Estrada  (*)

Los refranes innegablemente son la sabiduría popular. Los que pasaron antes que nosotros por este mundo nos dejaron sus enseñanzas a través de esta, en ocasiones, irónica forma de transmitirnos sus experiencias de vida.

Entre los refranes uno que no deja de tener mucha actualidad y razón es “crea fama y acuéstate a dormir”. Es necesario rendirse a la evidencia de que una vez que a alguien se le adjudica un sambenito es difícil quitárselo de encima.

Y esto de crear fama y acostarse a dormir no es exclusivo al uso de las personas. Por ejemplo, una casa puede tener la fama de estar embrujada. Pero el refrán va más allá, también pude aplicarse a cosas inmateriales como una canción. Y si hay una canción que ha tenido fama, muy mala fama de incitar al suicidio, esa es “Domingo sombrío”.

La canción viene de Hungría. Fue compuesta en Budapest. En el idioma de ese país se llama “Szomorú Vasápnap”. Se la debemos al compositor Rezso Seress, quién la escribió en 1933. La letra se la debemos al poeta Lászlo Jávor. Pero hagamos un poco de historia.

Seress era miembro de una familia judía pobre de Budapest. Siendo adolescente abandonó a los suyos para seguir como trapecista a un circo itinerante. Tenía facilidades para el piano, aunque nunca estudio música.

El momento que le tocó vivir fue muy difícil. El período de entreguerras en Europa estuvo marcado por los embates de la depresión económica y el aumento del fascismo que implicaba medidas antisemitas. Estas medidas afectaban a Seress por ser él mismo judío. Si a eso agregamos el hecho de que nuestro compositor ya de por sí era alguien con un carácter depresivo, todos los ingredientes estaban presentes para la canción que vendría más adelante.

Los detalles sobre el nacimiento de esta obra son diversos. Todo apunta a esta versión: Seress llevaba una vida bohemia de pianista y compositor sin dinero. Vivía con su novia Dorottya. Ella insistía en que abandonara sus intenciones ante la evidencia del poco éxito para salir de la estrechez económica en la que se encontraban. Ante la negativa de su amado, Dorottya decidió abandonarlo. A la mañana siguiente, un domingo lluvioso, Seress dio rienda suelta a su depresión y se dirigió al restaurante judío Kispipa, que aún existe en la Akacfa utca 38 de Budapest. Se sentó al piano e interpretó una melodía, triste como su estado de ánimo. Escribió rápidamente las notas en un pentagrama y corrió a ver a su amigo Lázslo para que le pusiera letra. El resultado es lo que conocemos hoy.

Le envió una versión limpia a un editor de música, quién la devolvió con una nota que decía: “No es que la canción sea triste en sí. Es que es totalmente desesperada. Nadie tiene deseos de hacerse daño escuchando cosas de este tipo”.

Serres no se dio por vencido. La envió a un segundo editor, quien vio las posibilidades de la canción. Una semana más tarde la canción se escuchaba en todos los bares y clubes nocturnos de Budapest.

 Así estaban las cosas hasta que en 1935 decidió grabarla el cantante más famoso de Hungría en ese momento, Pál Kálmar, quien llevó la canción al estrellato.

De Hungría voló al resto de Europa. A Estados Unidos llegó por el cantante Paul Robenson quién la escucha en Europa y le pone letra en inglés inspirándose de la versión francesa. De regreso al país del norte la convierte en todo un éxito.

En 1941 fue retomada por una de las principales cantantes mundiales de jazz, Billie Holiday. La disquera exigió que la canción, evidentemente escrita en tono menor para darle mayor tristeza, pasara a un tono mayor en las últimas estrofas y la cantante dijera que todo lo que había dicho era simplemente una pesadilla y que su amado se encontraba durmiendo a su lado en la cama.

El tema es que, cierto o falso, rápidamente comenzaron a correr los rumores de que aquellos que escuchaban la canción se suicidaban si lo hacían un domingo.

Se habla de un zapatero de Budapest que, antes de suicidarse, dejó escrito sobre un papel algunas estrofas de la canción. De una mujer que se suicidó por sobredosis en Londres al escucharla. 

Se rumora de una joven en Viena que se tiró al río Danubio para terminar con sus días teniendo en sus manos la partitura de la canción. También de un joven comerciante en Berlín que se ahorcó en su apartamento.

Se habla de un hombre en Praga que se dio un tiro en la sien después de decirle a sus familiares que no podía sacarse la canción de su cabeza.

Cierto o falso, las autoridades comenzaron a tomar medidas en el asunto. Fue prohibida en Hungría.
Poco después se declaró la Segunda Guerra Mundial.

En Londres, la BBC prohibió que se transmitiera la canción por sus ondas, pero esto quizá debido al hecho de que los censores, durante un período tan negro para el país, decidieron no transmitir canciones lúgubres. La BBC permitió que se volvieran a transmitir las notas de “Domingo sombrío” solo en 2002. Las estaciones de radio públicas de Francia, quizá por tradición, no transmiten esta canción los domingos. 

El propio Serres no solo tuvo que cargar con el pesar del abandono que había sufrido su novia, sino que, al querer irla a recuperar, la propia Dorottya también se había suicidado.

Además, como judío que era, Seress fue deportado a los campos de concentración de los que sobrevivió. El único de su familia.
Una vez terminada la guerra y sabiendo que en Estados Unidos la canción había sido un éxito rotundo quiso viajar a ese país para cobrar sus derechos de autor que le habrían permitido vivir de forma muy holgada. Sin embargo, las nuevas autoridades comunistas de Hungría impedían viajar a países capitalistas, no siendo Seress la excepción.

El resto de los años que le quedaban por vivir a Seress fueron un compendio de tocar el piano en bares de mala muerte, en circos itinerantes y depresiones, hasta que el 11 de enero de 1968 él mismo se tiró por una de las ventanas de su apartamento. Al estrellarse contra el nevado asfalto de la calle no falleció. Una ambulancia rápidamente lo llevó a un hospital donde, ante un descuido de los médicos y enfermeras, con un alambre se ahorcó quitándose definitivamente la vida. No era domingo, era jueves.

Solo me queda aconsejarles escuchar una de las múltiples versiones de esta canción conocida también como “La canción de los suicidas”. Ha tenido más de 80 intérpretes desde 1933, cada uno en su estilo e idioma. Pero por favor, por precaución, no lo escuché un domingo.

(*) Traductor, intérprete y filólogo.
altus@sureste.com