Una imagen dice más que mil palabras
Una de las palabras que utilizamos más frecuentemente para referirnos a lo que vemos es imagen; sin embargo, tiene muchas acepciones, muchas de ellas vinculadas a la estética, ya que con frecuencia en la vida cotidiana con ella nos referirnos a la forma en que vemos a otra persona o a lo que se ve en la pantalla de televisión.
Por imagen debemos entender la representación visual de algo o alguien. La palabra proviene del latín “imago”, “imagonis” (representación, retrato, apariencia). En este sentido, puede tratarse lo mismo de una pintura que de un dibujo, retrato, fotografía o vídeo.
Otro de los usos más comunes es el asociado con el vocablo “imaginería”, el cual tiene su etimología en el sustantivo imagen y el sufijo ería, la cual indica acción, una especialidad del arte de la escultura vinculada a la representación plástica de temas religiosos, por lo común realistas y con finalidad devocional, litúrgica, procesional o evangelizadora.
Asimismo, se le emplea para denominar un tipo de bordado de carácter figurativo que imita a la pintura.
La palabra imagen es relativa a un objeto representado, o sea, la representación del aspecto visual exterior de un ser real o ficticio, pero dentro del campo de la diegética (narración). Esta descripción a través de la imagen es filtrada por la percepción en un proceso en el que intervienen sentidos, emociones, deseos y recuerdos, por lo cual podemos decir que las imágenes en el arte son subjetivas.
Por otra parte, es importante destacar que, aunque en la fotografía la imagen puede cumplir un papel informativo, documental o descriptor de determinado hecho o fenómeno, no es necesariamente veraz ni fiel, ya que interviene en su captura el enfoque de quien registra, el proceso subjetivo de quien procura captar la esencia de los modelos e inmortalizar su imagen mediante un agudo sentido de oportunidad.
Otra de las acepciones vinculadas a la literatura y no las artes visuales es la metáfora, es decir, usar las palabras en un sentido figurado al establecer una similitud con algo real o crear una alegoría, atribuyéndole un aspecto distinto, como cuando hablamos del “tiempo que vuela”, al cual lo imaginamos como alado.
Encontramos en el arte formas ilustrativas en las cuales el artista toma literalmente un texto para convertirlo en una imagen.
La accesibilidad y la forma de captar el instante a través de las herramientas digitales y los medios electrónicos permiten la difusión de múltiples imágenes, lo que sirve no solo como un registro del instante, sino también como influencia masiva de consumo y de la sociedad, conduciendo la voluntad y el gusto hasta su banalización. Esta situación se vio más claramente a partir de la década de 1950 con el movimiento artístico denominado “pop art”, que utilizó el repertorio de imágenes populares o de consumo masivo, como las de publicidad, televisión e historietas.
Si bien sabemos que la imagen en el arte se transfigura, también el individuo se transforma por el fenómeno de la globalización, por el uso de las nuevas tecnologías, por las formas de relación con las redes sociales, por los mensajes publicitarios con valores, modelos de comportamiento, estilos de vida y estereotipos sociales. Por esa razón, la imagen, como motivo representacional en el arte, también es cambiante como la vida diaria.
Curador.
