La paz esté con ustedes. La paz esté con ustedes.
«Por la gracia de Dios soy lo que soy, es decir, obispo» (cf. 1Cor 15, 10). Solo espero que esta gracia no resulte vana en mí.
Saludo y agradezco a todos por su presencia, tanto física como a través de las redes sociales y de los otros medios de comunicación social.
Ti’ le máaxo’ob ma’ pahchah u tàalo’ob way u tia’al le ordenación episcopalá, kin tsikike’ex yéetel in puksi’ik’al. Yan u k’uchul u k’iinil in ximbatke’ex. Chen pa’atene’ex un p’íit.
Para quienes no pudieron acompañarnos físicamente a esta celebración de ordenación episcopal, les envío mis saludos cariñosos. Ya llegará el día que los visite, solo esperen un poco.
Agradezco a Jesucristo, nuestro Señor, que me ha llamado a formar parte de sus amigos cercanos, como sucesor de los apóstoles, agradezco a Mons. Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán, que ha presidido la celebración y me ha conferido la ordenación episcopal; agradezco a Mons. Joseph Spiteri, Nuncio apostólico en México por hacer presente al Papa Francisco y por sus sentidas e iluminadoras palabras; a Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, arzobispo de Xalapa, compañero del Seminario y buen amigo.
Agradezco a Mons. Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, arzobispo emérito de Yucatán, que me ha acompañado de cerca, a Mons. Pedro Mena, obispo auxiliar de Yucatán, y a los señores obispos que nos acompañan; a Mons. Roberto Lucchini, primer consejero de la Nunciatura Apostólica en México. Aprecio mucho este signo de comunión.
Agradezco a los sacerdotes del presbiterio de Yucatán, a los diáconos, seminaristas, miembros de la vida consagrada y de Sociedades de Vida Apostólica, y a numerosos laicos que nos acompañan de diferentes partes de la Arquidiócesis de Yucatán. Con especial cariño, agradezco a mi papá Gonzalo, mis hermanos y hermanas con sus respectivas familias, Ernesto, Gilberto, Idelfia, Rosa María, Margarita, Marbella y Guadalupe, también a mi hermano el padre Martín; un especial recuerdo a mi mamá y a mi hermano Fernando (hoy su cumpleaños) que nos miran desde el cielo; agradezco de igual manera a mis demás familiares, y a los de mi pueblo y sus comisarías, que forman la parroquia de Abalá: gracias, gracias, por su presencia. También agradezco la presencia de la alcaldesa de Abalá, Licenciada en Administración de Empresas, María Lorenza Ayala López y la Secretaria municipal Sra. María Judith del Socorro Aguayo Fuentes.
Agradezco al Coro, a la Comisión que ha organizado esta celebración y a todos los que de alguna manera han contribuido a la misma. Agradezco a las comunidades que nos han traído sus sagradas imágenes: Kinchil con el Cristo de Amor; Peto con la Virgen de la Estrella y Abalá con San Juan Bautista. Es justo agradecer también a las autoridades estatales y de la Ciudad de Mérida que nos han facilitado la realización de esta celebración, y a las autoridades de otros municipios que nos acompañan. Agradezco a tantos sacerdotes, consagrados y laicos, hombres y mujeres, amigos, que han venido de diferentes partes del país y de fuera de México. Les confieso que el amor de Dios, manifestado en tantas muestras de afecto y cariño, me sobrepasa. Gracias por su oración que me ha ayudado a prepararme para este momento; como lo he manifestado antes, con su oración, me siento como blindado contra el malo, protegido por la gracia de Dios. Por favor, no dejen de orar. Que la gracia recibida de Dios en este día se extienda sobre todos ustedes.
Tenía intenciones de volver a servir en Yucatán como cura de pueblo, en unos 5 años, después de jubilarme como profesor de la Universidad Pontificia de México, pero el Señor Jesús ha querido que yo adelante mi vuelta. Con entusiasmo vengo como padre, hermano y amigo, para unirme a la construcción del reino de Dios en estas tierras del Mayab; como obispo auxiliar no. 2, me pongo a las órdenes de Mons. Gustavo, arzobispo de Yucatán, para caminar juntos, con Mons. Pedro, obispo auxiliar no. 1 y los demás vicarios episcopales, con todo el presbiterio, los diáconos, los consagrados, hombres y mujeres y los agentes de pastoral laicos. Vengo con la conciencia de que «el Episcopado es un servicio, no un honor», como lo dice el Pontifical Romano, que a su vez se inspira en un Sermón que San Agustín (Sermón 340ª), predicó en la ordenación de un Obispo. Por eso, si alguna vez me equivoco o falto a la caridad, no duden en corregirme; solo les pido que lo hagan en privado, no a través de las redes sociales. Me propongo empaparme del Plan diocesano de pastoral para incorporarme a su implementación, en el marco del Proyecto Global de Pastoral del Episcopado Mexicano y el acontecimiento sinodal de la Iglesia Universal, dirigido por el Papa Francisco.
Aunque pertenezco al presbiterio de Yucatán y he apoyado en varios servicios de la Arquidiócesis, la ausencia de más de 30 años, me hace sentir ahora que estoy de vuelta, pero no solo como obispo auxiliar, sino también como obispo conciliar, porque quiero hacer mía la convicción de los padres del Concilio Vaticano II, de tal modo que «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren», sean a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias mías (GS 1). Me esforzaré por transmitir la caridad de Cristo Buen Pastor.
Pido a la madre de Dios, María Santísima, que me enseñe a estar atento a los pasos de Dios por mi vida y a meditarlos en el corazón; que su amor maternal me sostenga siempre en la fidelidad y en la diligencia para hacer la voluntad de Dios. Gracias.- Mons. Mario Medina Balam, Obispo auxiliar de Yucatán y Titular de Pupiana
