Hablar de sexualidad humana es hablar de una realidad que tiene hondas raíces en el estado interno —a saber, mente y emociones— y en el estado externo de la persona humana, representado éste por el cuerpo, la conducta y la relación con el entorno.
En nuestra sexualidad y sus expresiones se envuelve nuestra plena realización como personas, por lo que es bueno evitar tomar decisiones ligeras o superficiales al respecto, como si la expresión de nuestra conducta sexual fuera solo asunto de deseos, preferencias y criterios subjetivos o fugaces.
Las confusiones y debates actuales acerca de las conductas sexuales en los grupos sociales de todas las edades, niveles y condiciones no son nuevos ni exclusivos de nuestro siglo, ni fáciles de afrontar adecuadamente.
Pongo solo dos históricos —y dramáticos— ejemplos. Las ricas y autónomas ciudades griegas, conocidas como “la polis griega”, entran en crisis en el siglo sexto antes de Cristo y al diluirse ceden el paso al poderoso imperio romano, el cual caerá en la misma crisis diez siglos más tarde.
Esta destructora crisis a la que me refiero es nada más y nada menos que la “ausencia de todo criterio universal y objetivo”, lo que llevó a estos poderosos entes —y a otros a lo largo de la Historia— a la desintegración social, intelectual y cultural.
¿Qué afecta esta crisis? La dimensión moral humana; lo que Aristóteles llama “entelequia”: la madurez del ser humano como dueño responsable de su pensamiento, afecto y conducta.
Psicólogo clínico, UVHM. Tutor Salud Mental y Espiritualidad para Adultos. WhatsApp: 9993-46-62-06. Tutor Salud Mental
