“DIOS PADRE TOMARÁ DE LO MÍO Y SE LOS DARÁ”
No obstante la profundidad y la cantidad de las palabras de Jesús a sus discípulos, cuando tuvo que irse todavía les quedaba a ellos mucho que aprender. San Juan nos dice que los discípulos de Jesús llegaron a comprender algunas palabras del Maestro tan solo después de su muerte y resurrección; pero, aparte de aquellas palabras referentes a su muerte y resurrección y cuyo alcance no podían medir sus discípulos, sino hasta después de los acontecimientos y bajo la nueva luz pascual, debemos afirmar que la profundización en el conocimiento de la persona, del mensaje y de la obra del Maestro fue posible únicamente bajo el influjo del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Espíritu de Cristo, el que Cristo envía desde el Padre; por lo tanto, se trata del Espíritu de la Verdad. De ahí que esta Verdad solo puedan comprenderla plenamente los que reciben su Espíritu Santo. Dicho Espíritu no enseñará nuevas verdades, sino que conducirá al pleno conocimiento de la única verdad. Será un Espíritu para recordar lo que Dios Padre reveló de una vez por todas en Cristo, que es su Palabra; será también un Espíritu para anunciar lo que aún está por verse: la manifestación de Jesús cuando vuelva sobre las nubes del cielo.
Lo mismo que Jesús glorificó a Dios Padre dando a conocer a los hombres lo que él había recibido del Padre, así, el Espíritu Santo glorificará a Cristo conduciendo a los hombres al pleno conocimiento de la verdad.
La celebración, pues, de este domingo es la representación del Dios siempre vivo a los ojos humanos que tal vez han olvidado a Dios, o lo han expulsado de sus caminos y de su corazón. Es el Dios Trinidad, expresión de un amor perfecto que se manifiesta, se expande, se comunica y se hace persona —ser humano— para ser totalmente solidario con cada uno de nosotros.
