• Margarita Díaz muestra “Voces del pasado, huellas del presente”

Treinta años caben entre dos manos cuando se sostiene un libro, pero pesan distinto cuando se trata de un legado construido día a día. Así lo demuestra “Voces del pasado, huellas del presente”, la edición especial con la que el Centro Cultural ProHispen celebra tres décadas de existencia en Mérida, un volumen que no solo reúne la historia del espacio, sino también el pulso de una persona que, sin proponérselo, terminó convirtiéndose en guardiana, promotora y testigo de la memoria yucateca: Margarita Díaz Rubio.

La obra tiene pasta dura, fotografías a color, páginas que respiran vida e innumerables anécdotas que condensan los caminos recorridos por el acervo bibliográfico, documental y hemerográfico de ProHispen, su archivo histórico, su mapoteca, su fondo reservado, colecciones audiovisuales, folletería y la larga lista de donativos que hoy lo alimentan.

Es un proyecto nacido de una herencia inesperada, la del acervo de Ignacio Rubio Mañé, tío de Díaz Rubio, que llegó a sus manos sin que imaginara que ese gesto familiar marcaría un rumbo de tres décadas.

“Para nada, para nada pensé que esto iba a ser lo que es hoy”, confiesa Margarita Díaz al Diario. “Acepté porque mis hermanos me lo pusieron en las manos, y cuando me di cuenta ya estaba aquí, viniendo a diario durante treinta años”.

El libro recuerda el nacimiento del centro cultural y la labor de sus cofundadores, de los cuales solo queda con vida Joan Andrews, nonagenaria, parte esencial de aquel grupo que, sin experiencia en archivos, apostó por crear un espacio que resguardara la historia de Yucatán. “Me resulta penoso, no es por vanidad, pero en casi todas las fotos del libro aparezco yo”, admite Díaz Rubio entre risas. “Claro, si estaba metida en todo, por aquí y por allá, pues ni modo que no saliera”.

A través de sus páginas emergen rostros ilustres y momentos significativos, como la primera placa conmemorativa dedicada en vida a don Silvio Zavala Vallado. Margarita Díaz recuerda aquel episodio como uno de los más entrañables, la comida en la hacienda donde se realizó la develación, la emoción del homenaje, la aceptación del reconocido historiador.

Y aunque no todo está en el libro, sí está en su memoria, desde las casas antiguas donde se han develado placas hasta las conversaciones con familias que abrieron sus puertas para compartir recuerdos, documentos y fotografías que hoy forman parte del acervo.

En el relato caben también aventuras inesperadas, como buscar en la playa a la mujer que podría darle información para una placa, o rescatar el archivo de la Hacienda de las Torres —con más de 80 cajas— justo antes de que se perdiera para siempre. “Es el archivo más importante de una hacienda en el sureste de México”, afirma, aún sorprendida por haber llegado a tiempo.

Así han sido estos treinta años, una mezcla de intuición y de “chispa”, como ella dice.

El libro también rinde homenaje a tantas figuras que dejaron huella en la cultura yucateca y cuyo paso por ProHispen dejó numerosos aprendizajes. Ahí está el centenario don Emilio Vega Granados, que recibió su reconocimiento con la elegancia y humor de quien celebró la vida hasta el último día, y doña Elva Villarreal Rodríguez, quien dedicó su vida a la preservación del patrimonio artístico.

Margarita Díaz reconoce que no es historiadora ni archivista. “Silvia, la archivista, es la que cocinó esto”, dice al hablar del trabajo detrás del libro. Pero tiene claro por qué lo hace: “Por amor a Yucatán” y porque entiende que lo heredado debe cuidarse y acrecentarse. Para ella, este proyecto ha sido un sentido de vida, un llamado. “Estoy en este mundo para servir”, reflexiona.

Habla también del reto de transmitir la cultura a las nuevas generaciones. Le preocupa que muchos jóvenes no lean o que desconozcan nombres esenciales de la historia y la música yucateca. “Eso es lo nuestro”, subraya. “Yucatán es nuestro, y de todo aquél que en su esencia se interese”.

La obra, realizada en ocho meses, fue un esfuerzo conjunto de tres mujeres que cuidaron cada detalle, nombres, apellidos, maquetación, selección de fotografías, orden cronológico. Un trabajo minucioso que —como dice la fundadora— “no tiene precio”, aunque simbólicamente se ofrezca al público en $500 para continuar sosteniendo el acervo del centro cultural.

Los hijos de Margarita ya han manifestado su deseo de continuar con el proyecto cuando ella no pueda hacerlo. Lo considera esencial, “no se puede perder”, repite. Ni los donativos, ni los archivos, ni las bibliotecas que han llegado a ProHispen, como la del escritor Roldán Peniche Barrera. Todo tiene un valor incalculable, no solo por su contenido, sino porque representa la identidad de un pueblo.

Al final de la conversación comparte su mensaje: “Ojalá que quien tenga el libro lo abra, lo huela, lo hojee y lo comparta. Que el libro respire, que no se quede guardado en un cajón”.

Así como ella desea que su trabajo permanezca vivo, también desea que la memoria de Yucatán siga siendo un tejido colectivo, compartido, cuidado entre todos.

A la conversación se une Silvia Eugenia López Gómez, responsable de la dirección y la coordinación editorial del libro conmemorativo, quien aporta otra veta del mismo cordón vital, la del trabajo que convierte recuerdos dispersos en relato colectivo. “Es un honor haber participado”, dice quien ha pasado horas entre cajas y libros, leyendo dedicatorias. Su testimonio ilumina el oficio silencioso del archivo.

La emoción que describe Silvia al ver el libro físico es también la emoción del equipo entero. Aunque ella pasó días encerrada en la sala de trabajo durante la entrega final, recuerda la apertura de las cajas y el instante en que el proyecto cobró forma tangible: “Ver el producto terminado fue muy emocionante y muy satisfactorio”.

Esa satisfacción no proviene solo del vértice técnico —la maquetación, la revisión, el dummy— sino del cariño que se adivina entre líneas; un cariño que, de acuerdo con ella, debe reflejarse en cada capítulo y en cada fotografía para que el lector no solo encuentre datos, sino afecto.

Silvia insiste en que este libro es fruto de un empeño colectivo. La labor, subraya, fue de “buscar actividades”, contrastar testimonios y confirmar nombres; fue también el movimiento de quienes corrieron a rescatar acervos, de quienes llevaron cajas a fumigar y de quienes convencieron a familias para que donaran sus recuerdos. En cada gesto, ProHispen se revela como comunidad, no solo un depósito de objetos, sino una red humana que sostiene la memoria.

Finalmente, espera que el libro invite a la gente a acercarse, a conocer el centro y a reconocer que esos pequeños pedazos —firmas, dedicatorias, fotografías, cajas rescatadas— son fragmentos de una historia mayor.

Para Silvia, custodiar junto al equipo esos materiales es asumir una responsabilidad, los acervos que hoy resguarda ProHispen no existen en otro lado, y por eso su preservación tiene un valor irreemplazable. Que quien hojee “Voces del pasado, huellas del presente” sienta, además de la información, la calidez del equipo.

A lo largo de su testimonio, Silvia Eugenia López subraya que el libro solo pudo concretarse gracias a un equipo amplio y comprometido, cuya labor conjunta sostiene la estructura. Al frente se encuentra la presidenta del Patronato, Margarita Díaz Rubio, cuya guía institucional acompaña cada proyecto del centro. La dirección y coordinación editorial recayó en la propia Silvia Eugenia, mientras que la dirección y coordinación documental estuvo a cargo de Liliana Hernández Santibáñez. Ambas también comparten la autoría de los textos que articulan la historia y el espíritu del ProHispen.

En esta labor participaron además Blanca Guevara Acosta en la asistencia documental; el diseño editorial estuvo en manos de Cecilia Gorostieta Monjaraz, y la edición fotográfica se realizó gracias al trabajo conjunto de Laura Morales Encalada y la propia Gorostieta, a partir del acervo visual del Archivo ProHispen. El equipo reconoce, asimismo, el apoyo de Efraín Gabriel Medina Alcocer, Vianney Mafud Serio y Beatriz González Díaz, cuyas colaboraciones resultaron fundamentales para completar la obra.

El volumen incluye un prólogo escrito por la doctora Stella María González Cicero, quien dedica sus líneas a reconocer la visión de la fundadora del proyecto, así como la firmeza con que ha sostenido este esfuerzo cultural a lo largo de tres décadas.

La presentación oficial del libro se realizará pasado mañana lunes, a las 6:30 p.m., en las instalaciones de ProHispen y estará a cargo de la doctora González Cicero, Silvia Eugenia López y Cecilia Gorostieta.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

De un vistazo

Presentación

El libro se presentará pasado mañana lunes, a las 6:30, en el Centro Cultural Prohispen. Lo encabezarán la doctora Stella María González Cicero, Silvia López y Cecilia Gorostieta.

Créditos

Blanca Guevara Acosta participó en la asistencia documental; Cecilia Gorostieta Monjaraz, diseño editorial, y Laura Morales Encalada y la propia Gorostieta, diseño fotográfico.

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