Nazira Chejín (voz) y Felipe Gordillo (al piano) ofrecieron un concierto íntimo en el Palacio de la Música, de gran carga emotiva, anteanoche
Nazira Chejín (voz) y Felipe Gordillo (al piano) ofrecieron un concierto íntimo en el Palacio de la Música, de gran carga emotiva, anteanoche

La Sala de Conciertos del Palacio de la Música-Centro Nacional de la Música Mexicana se convirtió en un refugio para la escucha en la presentación del Dúo Narán en el concierto “Mexican Blues”. Fue una noche llena de emoción y complicidad.

Integrado por Nazira Chejín, en la voz, y Felipe Gordillo, al piano, el Dúo Narán ofreció una propuesta íntima y expresiva, lejos de los excesos, pues su sonido se sostiene en la honestidad, en la cercanía y en una identidad sonora que dialoga con el jazz, el blues y la canción de autor, sin perder raíz ni sensibilidad.

El recital, organizado con el respaldo de la Sedeculta, estuvo centrado en las canciones que conforman su producción musical “Mexican Blues”. Desde las primeras notas, el público percibió que se encontraba ante una velada especial. Las composiciones, de letras introspectivas y arreglos sobrios, invitaron a una escucha atenta, de esas que se viven con el cuerpo quieto y el corazón despierto.

Al inicio del concierto, Nazira Chejín tomó el micrófono para dar la bienvenida y compartir con el público parte de la trayectoria de su compañero, el pianista Felipe Gordillo, un músico de amplio recorrido que formó parte del extinto grupo Garibaldi y colaboró durante años con el cantante Pepe Aguilar.

Hoy en día, con una carrera que ha crecido y se ha proyectado más allá de las fronteras, Gordillo fue recibido con calidez antes de ocupar el piano y ofrecer una primera parte marcada por composiciones propias como “Free Spirit”, “Distancia”, “Mi alma”, “Los fuegos de San Telmo” y “En vuelo”.

Cada pieza reveló no solamente su dominio técnico, sino también una manera de tocar cargada de intención, donde el piano parecía respirar y narrar por sí mismo algunas de las aventuras en los viajes del compositor.

Más adelante, fue el propio Gordillo quien tomó el micrófono para agradecer de forma sentida al equipo del Palacio de la Música, desde la dirección del recinto hasta quienes hacen posible el audio y la iluminación, que cada concierto alcance su mejor expresión. Sus palabras, pronunciadas con cercanía y gratitud, subrayaron la importancia de los espacios que apuestan por la música como experiencia viva y compartida.

Con entusiasmo y afecto, presentó entonces a Nazira Chejín, quien regresó al escenario para desplegar un universo sonoro personal. Su voz, flexible y expresiva, transitó con naturalidad entre la maya, el español y el francés, tejiendo un repertorio que habla de identidad, emoción y búsqueda interior. Temas como “Chan Pal”, “Mujer Xtabay”, interpretada por primera vez en público; “Jazz y danzón”, “Suspiro” y “Cada hoy” marcaron distintos momentos de la noche, siempre sostenidos por una interpretación honesta y cercana.

La atmósfera se volvió aún más íntima con “Horizontes de agua”, en español y francés, y “Recreación”, en maya y español, piezas que conectaron con la memoria y el territorio emocional de los asistentes.

Uno de los instantes más conmovedores llegó con “Suspiro de amor”, una canción dedicada a su hija Lili, quien la escuchó por primera vez en público. El tema, cargado de ternura y significado, fue un gesto de amor ante el acto de dejar partir, de acompañar a quien extiende sus alas para seguir sus propios sueños en otro país. El silencio que se formó en la sala fue, quizá, el aplauso más elocuente.

La noche continuó con piezas que dan nombre, como “Mexican Blues”, al primer disco del dúo, además de “El beso de una noche estrellada” evocando obras de arte favoritas de la cantante y “Jazzamoart”, esta última como un guiño al universo creativo del pintor del mismo nombre. Cada interpretación confirmó la cohesión artística del dúo y su capacidad para construir paisajes sonoros que dialogan con la emoción y la imaginación.

Para despedirse, Nazira y Felipe ofrecieron “Beijos”, en francés y español, y dieron las palabras finales, agradeciendo la presencia y la escucha del público, invitándolo a seguirlos en redes sociales. Sin embargo, el cierre llegó con un momento especial, tras las peticiones incesantes de “otra canción” que, resonaban desde el público, se escuchó el encore “Espejos”, una pieza interactiva en la que los asistentes participaron encendiendo luces y repitiendo sonidos, como si la sala entera se transformara en un reflejo colectivo. Fue un final lúdico y simbólico, en el que la música dejó de ser solo escenario para convertirse en experiencia compartida.

Al concluir el concierto, los integrantes del Dúo Narán permanecieron para convivir con el público, tomarse fotografías y firmar discos, lo que prolongó el espíritu cercano de la velada. Así, “Mexican Blues” no solo se presentó como un material discográfico, sino como un acto de encuentro y de entrega, una noche en la que la música confirmó su capacidad de tocar fibras profundas y de permanecer, silenciosa y luminosa, en la memoria de quienes estuvieron ahí.— Darinka Ruiz Morimoto

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán