Lo dijo Saulo Aguilar Bernés y la frase flotó en el auditorio como una clave para entender lo que vendría: “El cuento es como una película y yo soy amante del cine”.
La sentencia no pudo ser más precisa para describir lo que ocurrió en la segunda mesa de la quinta edición del Encuentro Nacional de Cuentistas (ENAC) Mérida 2026, anteayer. Fue como una función de cine sin pantalla, sin luces parpadeantes ni banda sonora, pero con poderosas imágenes proyectadas directamente en la mente de quienes ocuparon las butacas.
El auditorio “Manuel Cepeda Peraza” de la Universidad Autónoma de Yucatán fue llenándose con la paciencia de quien busca buenas historias. Primero cuatro asistentes, luego diez, después treinta, hasta que, justo antes de iniciarse, más de la mitad de los asientos ya estaban ocupados.
No hubo refrescos ni palomitas, pero sí un gesto acorde con los nuevos tiempos. Los cuentos se descargaron en los teléfonos móviles mediante un código QR colocado a la entrada. Cada lector entró a la sala con su propio “guion” en la mano.
La actividad, realizada en el marco del Mérida Fest, fue inaugurada por Carlos Martín Briceño, organizador del Encuentro, quien dio la bienvenida a lectores, escritores y amantes del cuento.
Entre el público se encontraban Josué Morelos Echeverría, subdirector de Conservación y Difusión Patrimonial del Ayuntamiento de Mérida; María Teresa Mézquita Méndez, directora de la Filey; Cristina Leirana Alcocer, presidenta del Centro Yucateco de Escritores; Jorge Victoria Ojeda, cronista de la ciudad, y Víctor Garduño Centeno, coordinador de la Biblioteca Central, entre otros invitados.
Además de Martín Briceño, quien fungió como moderador, participaron en la mesa el yucateco Antonio Canché Briceño, el quintanarroense Saulo Aguilar Bernés y la bajacaliforniana Elma Correa. Liliana Blum, anunciada previamente, no acudió por motivos de salud.
El primero en tomar la palabra fue Antonio Canché Briceño, ganador, entre otros reconocimientos, del Premio de Literaturas Indígenas de América 2022 por el libro “Los hombres espinados”.
Precisión geométrica
El autor se dijo contento de compartir mesa con grandes escritores y recordó su primer encuentro con el género: “A los 10 años me encontré con los cuentos ‘Francisca y la muerte’ y ‘El leve Pedro’ que me volaron la cabeza. Más tarde leí otros géneros literarios, pero el cuento será siempre mi favorito por la precisión de su geometría, la rapidez de sus acciones y la posibilidad de reinventarse a través de sus historias”.
Canché Briceño leyó el cuento “El camino de las velas”, que aparece publicado en “Los hombres espinados” (Universidad de Guadalajara, 2025), una narración que, leída en voz alta, se desplegó como un drama de realismo místico.
La historia condujo al público a una comunidad maya donde los rituales marcan el ritmo de la vida, y la muerte cohabita con los vivos.
Siguió Saulo Aguilar Bernés, nacido en Quintana Roo en 1993, autor de libros como “Nadie gusta de personas miserables” y “Cosas del juego”. Antes de leer, explicó por qué el cuento ocupa un lugar central en su escritura.
Dijo que lo prefiere por encima de otros géneros literarios porque le ofrece mayor contundencia al momento de contar, permite elevar la atención, mostrar al personaje y obligar al lector a reflexionar sobre lo que se le presenta.
Su lectura se sintió como un thriller psicológico filmado con cámara en mano, donde la tensión no dio tregua, dejando al espectador-lector con la respiración contenida y preguntándose hasta dónde estaría dispuesto a llegar para sobrevivir.
El cierre de la mesa estuvo a cargo de Elma Correa, licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana, maestra en Estudios Socioculturales y doctora en Sociedad, Espacio y Poder.
Es autora de “Que parezca un accidente”, “Mentiras que no te conté”, con el que recibió el 20o. Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, “Hogar de fiesta”, “Lo simple” (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí Amparo Dávila) y “La novia de León”. “No sé si prefiero el cuento por encima de la novela, pero del cuento me gusta la intensidad, la experiencia concentrada. Un libro de cuentos me permite abordar más de una historia y en esa pluralidad encuentro una riqueza, acaso no mejor, pero distinta de la novela”, dijo sobre su relación con las narraciones breves.
Elma, quien dijo que cruzó el país de península a península para leer, eligió “La balada de Two Face”, incluido en “Mentiras que no te conté”. Explicó que escogió ese texto por ser “un cuento supernorteño. Yo soy una norteña liosa y escribo de morras norteñas liosas. Y además es un libro que quiero mucho porque es el libro con el que gané el Arreola y le pateé el trasero a otros 672 libros y me gusta mucho decirlo”. La historia, como si se tratase de un filme noir contemporáneo, llevó al público a una fiesta en Mexicali, al eco de una noche y un encuentro que no debió ser entre una joven y un hombre marcado por el vitiligo en una playa triste del Pacífico.
Al final, sin pantalla ni créditos, el público abandonó la sala, quizá con la sensación de haber visto tres películas, pero con la certeza de que, cuando la literatura es buena, se puede ver.— IVÁN CANUL EK
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam
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