Paula y David no planeaban vivir en una camioneta mientras recorrían México. Ésta fue la solución que la argentina y el canadiense encontraron para estar juntos cuando un obstáculo migratorio les impidió la convivencia en el país de él.
David tenía una camioneta y Paula, afición por Frida Kahlo y el deseo de visitar la Casa Azul. Acordaron reunirse en Ciudad de México, donde hace un año y medio comenzaron su travesía por el país en una Sprinter 2004 que “camperizaron” en la metrópoli: la equiparon con regadera, estufa, refrigerador y cama, y le añadieron paneles solares e internet.
En estos días se encuentran en Mérida, a la espera de reparar los problemas de transmisión del vehículo.
A quienes piensan que es difícil vivir en una camioneta y, además, hacerlo en pareja, Paula y David les dan la razón. La convivencia durante 24 horas, los siete días de la semana, en un espacio reducido obliga a fijar reglas, establecer acuerdos y desafiar el individualismo.
Pero, aclaran, “vale la pena viajar así”. Porque “no se puede creer todo lo que recorrimos, toda la gente que encontramos”, dice David, a quien le gusta “charlar con todo el mundo”.
“Al principio era mucha pelea”, admite Paula, “pero cuando llegás al destino, todo es muy lindo porque el mar es tu patio; hemos dormido en muchos lugares muy ‘piolas’ (padres)”,
La experiencia cultural es “totalmente distinta porque vivimos con la gente”.
La otra realidad de México
“La gente de Canadá tiene miedo de México porque lo que vemos en las películas son los carteles”, reconoce David. Como prueba de que ese retrato del país no es preciso, él y Paula suelen dormir con la puerta abierta, sin miedo a un asalto.
“Toda la gente de México son buenas personas, no encontramos nadie malo, la gente es muy honesta, es gente de familia”.
En un año y medio —su idea inicial era pasar solo dos o tres meses en el país— ya recorrieron 18 estados, en su mayoría del Centro y Sur.
Nueva etapa
Después de un encuentro con familiares de Paula previsto para dentro de unos días en Playa del Carmen, la pareja emprenderá nueva etapa de su proyecto de viaje, un camino que la llevará a Ushuaia, en la Tierra del Fuego argentina, adonde podría llegar en dos años.
Tal vez les tome más tiempo pues, como ellos explican, podrían quedarse más días de lo previsto en un país si la experiencia ahí les resulta placentera.
Y después, “la idea es seguir”, añade Paula.
“Me gustaría hacer esto por 10 años, llegar hasta el Tíbet y la India con la camioneta”, revela David.
Así le hacen honor a la leyenda que decora la Sprinter: “De Argentina y Canadá hasta donde pinte”.
Los empleos en “home office” —ella en marketing digital, él en administración— les permiten continuar la travesía.
El salario por estos trabajos ayuda a cubrir los gastos de mantenimiento de la camioneta, a la que ya hubo que repararle las llantas, el radiador, los frenos y, víctima de los topes meridanos, la suspensión.






