La tripulación del Challenger que perdió la vida el 28 de enero de 1986: delante, Francis Scobee, Michael Smith y Ronald McNair, y, detrás, Ellison Onizuka, Christa McAuliffe, Gregory Jarvis y Judith Resnik
La tripulación del Challenger que perdió la vida el 28 de enero de 1986: delante, Francis Scobee, Michael Smith y Ronald McNair, y, detrás, Ellison Onizuka, Christa McAuliffe, Gregory Jarvis y Judith Resnik

MIAMI.— La NASA recordó ayer a los siete astronautas que fallecieron a bordo del transbordador Challenger hace exactamente 40 años, en un accidente que cambió para siempre las misiones espaciales.

“El 28 de enero de 1986, un trágico accidente cobró la vida de los siete astronautas a bordo del Challenger”, recordó la agencia espacial en su perfil de X sobre el desastre ocurrido tras el despegue de la nave en Cabo Cañaveral, Florida.

“Su legado perdura y guía nuestro compromiso con el aprendizaje, la vigilancia y la seguridad”, agregó.

El transbordador llevaba a siete personas, incluida una maestra que iba a impartir clases desde el espacio. La nave se desintegró apenas un minuto después del despegue, programado para una mañana inusualmente fría, por el fallo de una pieza que sellaba las secciones del cohete, lo que dio acceso a gases calientes y llamas al tanque de combustible.

El accidente fue especialmente trágico porque se estaba emitiendo en directo a todo el mundo, a diferencia de otras misiones que también fallaron, como la Apolo 1, en la que murieron los tres astronautas por un incendio de la cabina en tierra.

A bordo del Challenger viajaban Francis (Dick) Scobee, Michael J. Smith, Judith Resnik, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis y la maestra Christa McAuliffe.

La cuenta en X de archivos históricos de la NASA publicó la foto de los siete integrantes de la misión, junto a las palabras que el entonces presidente estadounidense Ronald Reagan dijo tras el accidente: “Rompieron los límites de la tierra para tocar el rostro de Dios”.

El fracaso del Challenger supuso un antes y un después para las misiones espaciales, que no volvieron a transportar civiles al espacio sino varias décadas después.

El accidente obligó a la NASA a mejorar los procedimientos de seguridad y prevención de riesgos en sus lanzamientos y marcó el inicio del fin del transbordador como medio para enviar satélites al espacio —otro objetivo del Challenger—, reservando a los humanos para misiones más complicadas.