• Sofía Molina Rincón, reina del Club Campestre, preside —convertida en Mariposa Multicolor— el baile precarnavalesco de la sociedad, titulado “Ritmo del Amazonas”, anteanoche
  • Sofía Molina Rincón como Madre Naturaleza, en un diseño de Vero Díaz
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  • Sobre estas líneas, Sofía resiste, con la fuerza de la Pantera, la llegada de los exploradores. A la izquierda, tres incursores en la selva prueban su habilidad con el balón. La coordinación ejecutiva del baile estuvo a cargo de Gabriela Peón Palomeque de Martín, y la selección y edición musical, de Anabel López Poot y Javier Chim Sánchez
  • La reina del Campestre caracterizada como Guacamaya Escarlata. La escenografía partió del concepto visual creado por la señora Natalia Rincón Millet de Molina
  • A la derecha, un grupo de pájaros sobrevuela la selva amazónica. Debajo, integrantes del conjunto Naturaleza. En el espectáculo se presentaron coreografías de Karín Lizama Cárdenas, Juan Pablo Rivero Perera y Tobías Ojeda Carrillo
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  • En el orden de costumbre: el grupo de exploradores, con Juan Pablo González López a la cabeza; conjunto de mariposas, y aves moradas, en tres momentos del baile de anteanoche
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En el marco de las fiestas carnestolendas, el Gran Salón “José Trinidad Molina Castellanos” del Club Campestre se convirtió anteanoche en el corazón palpitante de la selva. Bastó cruzar el umbral de la sociedad para que el murmullo cotidiano se transformara en un latido verde y envolvente.

Así fue el ambiente del baile, en el cual el Amazonas reclamó su lugar como protagonista absoluto, junto con la reina 2026 del Club, Sofía Molina Rincón.

El espectáculo llevó por nombre “Ritmo del Amazonas” y desde el primer instante dejó claro que no se trataba solo de fiesta, sino de una experiencia sensorial completa, en la que 83 parejas se movieron al ritmo de diferentes géneros musicales.

Bajo el espíritu de la Madre Naturaleza, Sofía encabezó el baile, con Juan Pablo González López como pareja.

La narrativa coreográfica llevó al público por un viaje simbólico. Sofía se adentró en la selva y se transformó en una vibrante Guacamaya Escarlata, rodeada de aves multicolores. Más adelante, ante la llegada de exploradores, invocó la fuerza de la Pantera, liderando a leopardos y águilas para proteger la paz del santuario. Finalmente, la armonía triunfó y, entre un vuelo de alas, la reina renació como Mariposa Multicolor, uniendo a toda la selva en un festejo de vida y ritmo.

El cuerpo de baile se movió al ritmo de un explosivo remix que incluyó, entre otros temas, “Tiburón”, “Wepa”, “On the Floor”, “Brasil”, “La mujer del pelotero”, “Oh, Fortuna”, “Funky Town”, “Bebé Malo”, “Vamos pa’ la conga”, “Beso en la boca”, “Magalenha” y “La nena”.

El público, completamente prendido, acompañó cada número con silbidos, aplausos y gritos de ánimo, convirtiéndose en parte viva del espectáculo.

Y aunque el baile fue el verdadero corazón de ese Amazonas, en realidad la selva empezó a contar su historia antes de dar el primer paso dentro del salón. Un impactante videomapping en el lobby dio la bienvenida a los invitados. La proyección fue creada a partir de cuatro piezas artísticas que marcaron el hilo narrativo.

Ya en el interior, una sinfonía de verdes envolvía la mirada. Guacamayas, águilas, tucanes, mariposas, jaguares y panteras emergían entre follajes exuberantes y cortezas de árboles que parecían abrazar el salón.

El concepto visual surgió de cuatro cuadros pintados exprofeso por Natalia Rincón Millet de Molina, mamá de la reina, en los que se plasmaron los cuatro bloques que estructuraron el baile: vegetación y cortezas, aves, felinos y águilas, y mariposas azules y rosas.

Estas obras fueron digitalizadas y transformadas en telones que dieron vida a la escenografía, logrando una continuidad estética.

La decoración cuidó cada detalle. En la entrada del salón, una gran pared de plantas naturales, heliconias y frutos propios de la selva dieron la bienvenida. Las paredes de los baños fueron pintados a mano por la propia señora Rincón Millet de Molina, replicando los motivos amazónicos y llenando de vida incluso los espejos.

Los manteles largos en tono beige servían de base a caminos de mesa que retomaban los cuatro ejes temáticos, mientras que los centros de mesa, elaborados con follajes naturales, aves del paraíso y heliconias, aportaron frescura y volumen.

Cuatro espejos monumentales, también pintados a mano, multiplicaron la selva en reflejos, y la boca del escenario, tapizada con cortezas de árboles, reforzó la sensación de estar dentro de un santuario natural.

La tarima, de poco más de 36 metros, se dividió en niveles estratégicamente pensados para que las 83 parejas lucieran cada movimiento.

La dirección artística del baile estuvo a cargo de Janette Pasos, con coreografías de Karín Lizama Cárdenas, Juan Pablo Rivero Perera y Tobías Ojeda Carrillo. El vestuario, diseñado por Vero Díaz, acompañó cada transformación con piezas llenas de color. La producción creativa fue de Quique Sauri López, la coordinación ejecutiva de Gabriela Peón Palomeque de Martín, y la selección y edición musical, de Anabel López Poot y Javier Chim Sánchez.

El Carnaval se extendió también a los asistentes, quienes hicieron gala de creatividad con disfraces que iban desde vaqueros, cazadores, exploradores y astronautas hasta japonesas, indios, árabes, egipcios, romanos y romanas. No faltaron personajes icónicos como Cruella de Vil, Campanita, el Capitán Garfio, caperucitas y lobos feroces, hombres de negro con extraterrestres, jedis y hasta la vecindad del Chavo del 8.

La conducción estuvo a cargo de Tatiana González y Montserrat Pastrana.— IVÁN CANUL EK

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