La Jornada Mundial por la Vida es una celebración promovida por la Iglesia católica para reflexionar, agradecer y defender el don de la vida humana en todas sus etapas. Su finalidad es suscitar en la comunidad cristiana y en la sociedad una mayor conciencia sobre el valor inviolable de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, promoviendo una auténtica cultura de la vida frente a las múltiples amenazas que hoy la ponen en riesgo.
Esta jornada tiene su origen en la preocupación pastoral de la Iglesia por custodiar el valor sagrado de la vida humana. En diversos países se celebra en fechas distintas, aunque generalmente se realiza en el mes de marzo, cerca de la fiesta de la Anunciación del Señor (25 de marzo), momento en que la tradición cristiana contempla el inicio de la vida de Jesús en el seno de María.
De esta manera, la celebración recuerda que toda vida humana es un don de Dios y posee una dignidad única desde el primer instante de su existencia.
El Magisterio de la Iglesia ha insistido constantemente en esta defensa de la vida. San Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitae (1995), afirmó que el respeto por la vida humana constituye el fundamento de toda sociedad justa: “La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta la acción creadora de Dios y permanece siempre en una relación especial con el Creador”.
Este principio inspira el sentido profundo de la Jornada Mundial por la Vida: promover una cultura que acoja, proteja, sirva y celebre cada vida humana.
Durante esta jornada, las comunidades cristianas realizamos diversas actividades pastorales y formativas: celebraciones litúrgicas, momentos de oración por la vida, conferencias y acciones de sensibilización sobre temas como la defensa del no nacido, el acompañamiento a las madres en dificultad, el cuidado de los enfermos y ancianos, y la promoción de políticas y acciones que protejan la dignidad humana.
Compromiso
Más que una simple conmemoración, esta jornada es una invitación a renovar el compromiso personal y comunitario con la vida. Defender la vida significa acompañar a quienes sufren, apoyar a las familias, cuidar a los más vulnerables y promover una sociedad donde cada persona sea reconocida como un don precioso.
De este modo, la Jornada Mundial por la Vida se convierte en un llamado a construir una civilización fundada en el amor, la justicia y el respeto por la dignidad de toda persona humana.
Este miércoles 25 de marzo tenemos una cita en el atrio de la Catedral de Mérida a las 6 p.m. para exteriorizar nuestra presencia y celebrar la Eucaristía a las 6:30 p.m., que presidirá el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega.
Invitamos a todas las personas y grupos que se quieran hacer presentes para orar por la defensa y promoción de la vida, especialmente invitamos a las mujeres embarazadas a quienes se les va a dar la bendición para implorar a Dios por sus hijos en gestación.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud, Vida y Adultos Mayores
