José Luis Marrero Bermejo y su esposa, María Fidelina Pech Zaldívar, en su restaurante en la colonia Melitón Salazar (Foto de Ilse Arjona Manzanero)
José Luis Marrero Bermejo y su esposa, María Fidelina Pech Zaldívar, en su restaurante en la colonia Melitón Salazar (Foto de Ilse Arjona Manzanero)

Todos los que vivimos en Mérida seguro hemos escuchado del “pizzanucho”: una delicia que combina la salsa y el tostado italianos con la carne y la consistencia del conocido guiso yucateco.

Aunque su creador, José Luis Marrero Bermejo, no solo es talentoso en el arte culinario, sino que también fue pionero del “tuneado” de automóviles en la entidad.

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Mientras él compraba las piezas y hacía los diseños, un compañero suyo soldaba las partes; hace algunos años vendió varias de esas creaciones en Villahermosa, Cozumel, Coatzacoalcos (Veracruz), Ciudad del Carmen…

Entrevistado en su restaurante, al sur de la ciudad, el señor Marrero relata que esta faceta de su vida apenas duró tres o cuatro años y comparte algunas fotografías de sus vehículos.

Primeros modelos

Hoy con 77 años, don Marrero nació el 9 de agosto de 1942, aunque su acta de nacimiento tiene como fecha el 18 de septiembre de ese año.

Preparación del “pizzanucho”, hace muchos años (Foto de Ilse Arjona Manzanero)

Perteneciente a una familia que durante generaciones se ha dedicado a la venta de antojitos, en aquella época Marrero preparaba y ofrecía botanas en su negocio denominado “Cri-Cri”, para lo cual tenía a su disposición carritos cuyas modificaciones empezaría en un taller años después.

Con el tiempo y por la situación económica dejó el giro de las botanas y puso una lonchería en su casa.

Los principales autos que “tuneó” eran de las firmas Renault y “vochitos”. Para su primer “Marremóvil”, allá en 1981, utilizó el chasís de un Volkswagen, un modelo de color azul que anunció en Diario de Yucatán y atraía la mirada de sus comensales.

Fue entonces que un señor de Cozumel se interesó en él y lo compró, con la condición de que el propio Marrero lo llevara hasta ese lugar. “Con ese dinero pasé allá dos días y tres noches con mi difunta esposa”, dice entre risas.

El segundo modelo fue un auto Safari de color rojo, “pero como también lo vieron en el Diario llegó un señor de Villahermosa y se lo llevó”.

Con su tercer auto “tuneado”, que tenía un motor Rambler, pasó lo mismo y lo compró alguien de Coatzacoalcos.

En su momento pensó en hacer uno que fungiera como atractivo para su restaurante, pero problemas familiares se lo impidieron. Además, su colaborador cambió de trabajo.

El pizzanucho, con larga historia

Pizzería “Marrero”, fundada en 1979, se ubica en la calle 105 con 64-I número 526 de la colonia Melitón Salazar, donde su propietario radica desde hace más de cuatro décadas.

Su horario es de 6:30 de la tarde a 12:30 a. m.

Animado por amigos y conocidos, y tras un incidente de plagio en el extinto Distrito Federal, el señor Marrero registró ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial tanto el producto como su logo.

Luciendo una M acompañada de la torre de Pisa y el Castillo de Chichén Itzá, en 2004 el “pizzanucho” se convirtió en una marca oficial.

Sonriente, el comerciante guarda con celo y cariño varias carpetas con recortes de entrevistas y reseñas de su restaurante, algunos datan de 1998. También conserva un paquete de libretas en la que amplia variedad de comensales le han escrito mensajes de apoyo y felicitaciones.

Entre ellos se encuentran el cronista de la ciudad, Jorge Álvarez Rendón, y su antecesor, el fallecido periodista Renán Irigoyen Novelo, además del pintor Ernesto Novelo.

Otros que han caído en las “redes” de este guiso son el exgobernador Patricio Patrón Laviada, la exalcaldesa Ana Rosa Payán Cervera y la entonces presidenta del DIF Mérida, Cecilia Patrón Laviada.

Memorias de aquí y allá

Al mirar el restaurante uno puede observar desde los muebles que almacenan sus cuadernos con dedicatorias hasta un rincón con toda clase de recuerdos, algunos de Estados Unidos, Canadá y Hong Kong, incluso un disco de Rayito Colombiano.

Un mensaje que le llamó la atención fue la de un novelista que le felicitó por su negocio y que le prometió escribir sobre él en su próxima obra, aunque por su caligrafía es difícil entender el nombre del autor.

Algo similar le ocurrió con un grupo de jovencitas que le dejaron felicitaciones en chino; por suerte, junto a su texto pusieron la traducción.

Con cierta melancolía cuenta la vez que un comensal cuyo papá había recién fallecido. El cliente se sintió mejor luego de probar el “pizzanucho“.

“Le he dicho a mi hija que todas esas historias (preservadas en papel) las deberíamos subir a Facebook, para que la gente las vea”, comenta. “Hay mucho para contar”.

En 2004 el “pizzanucho” se convirtió en una marca oficial y es conocido en otros sitios del México y el mundo. Tal ha sido el interés en esa delicia que se han hecho reportajes televisivos.

Sabor particular

El camino que ha seguido don Marrero ha sido largo, desde sus inicios elaborando, a base de prueba y error, el pan hasta escoger una base y una mezcla de queso que cumpliera sus expectativas. También elaboró un horno que se adecuara a sus necesidades para que la pizza quede a la medida.

Al principio recibió algunas quejas debido a que, en su búsqueda de una receta única, el sabor de su “pizzanucho” distaba del de las pizzas convencionales, que suelen llevar queso mozzarrella o manchego.

Don Marrero se dice contento porque, ante todo, ha luchado por mantener vigente su producto y promovido, desde su modesta trinchera, una mayor oferta gastronómica en Yucatán mediante el “pizzanucho”.

Sin embargo, su creador ha considerado ceder el legado que cuida desde hace décadas. (Continuará).- ILSE ARJONA MANZANERO