Mérida

Voces piden un freno a granjas

Declaratoria para que se prevenga la contaminación

Activistas y académicos a favor del medio ambiente de Argentina, Chile, Ecuador, Estados Unidos y México redactaron la “Declaración de América sin megagranjas porcícolas” en el continente porque es un modelo agroindustrial voraz, de explotación del capitalismo que violenta la vida pacífica de los pueblos, contamina la naturaleza y potencia la crueldad animal.

Pero el posicionamiento de esta comunidad latinoamericana sobre la industria porcícola de Yucatán no es congruente con lo que piensa el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural del gobierno de México, Víctor Manuel Villalobos Arámbula.

En breve entrevista en Mérida durante la inauguración del Congreso Mundial de Acuicultura, el doctor Villalobos Arámbula declaró que Yucatán es un excelente ejemplo para la porcicultura y avicultura, tiene una gran potencial y entiende que están llegando empresas muy importantes a establecerse en el estado.

Luego dijo que lo que tiene que acompañar a esas actividades es la producción de granos y eso es algo que la Sader estimulará.

Los ambientalistas se reunieron durante dos días en Homún, pueblo maya de Yucatán que levantó la voz contra la construcción de una megagranja porcícola y hoy es un referente local, regional, nacional y latinoamericano de la lucha en defensa de los cenotes.

Por ello, los activistas acordaron y redactaron la “Declaración de América sin mega granjas porcícolas”, documento que José Clemente May Echeverría, exalcalde de Homún, leyó ayer en el Foro Internacional sobre los Impactos Sociales y Ambientales de las Megafábricas de Cerdos.

Alrededor de 70 ambientalistas de esos cinco países y representantes de 30 organizaciones civiles escucharon la lectura de la declaración, en el Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM, y dieron fuertes y prolongados aplausos a este acuerdo que exige lo siguiente a sus gobiernos:

1) No otorguen más permisos para este tipo de industria. ¡Ni una mega fábrica de cerdos más!

2) El cierre inmediato de las mega fábricas de cerdos que están operando.

3) No subsidien este modelo agroindustrial, mejor inviertan en una agricultura que garantice la soberanía alimentaria mediante la agroecología, el cultivo y la alimentación ancestral.

4) Respeten el derecho a la libre determinación, a la tierra y el territorio de las comunidades indígenas y campesinas afectadas por la industria porcícola.

5) Respeten el principio de precaución y prevención frente a las megafábricas de cerdos.

El documento destaca que este modelo agroindustrial porcícola afecta y despoja a los territorios indígenas, fractura el tejido social y cultural, violenta la vida pacífica de los pueblos, contamina la naturaleza y potencia la crueldad y explotación animal.

Además, indica, viola el derecho a la salud, al agua y saneamiento, a la integridad personal, derechos laborales, a la alimentación adecuada, a la información y daña al medio ambiente de manera irreparable.

Las megafábricas de cerdos producen gran cantidad de desechos tóxicos y orgánicos que contaminan los suelos, el aire y el agua, liberan sulfuro de hidrógeno, amoníaco y compuestos orgánicos volátiles, metano y óxido nitroso, estos últimos son dos potentes gases de efecto invernadero que dañan a la atmósfera.

Los olores y pestilencias causan náuseas, dolores de cabeza, mareos, secreción nasal, picor en la garganta, ardor en ojos, tos y dificultad para respirar, además que para operar usan mucha agua. Solo para producir un kilogramo de carne de cerdo emplean 6,000 litros de agua.

La doctora D’Ann Williams expuso un trabajo de investigación de los impactos a la salud pública que ocasiona la industria de la producción de alimentación animal.

Aunque la profesora investigadora procede de la Universidad de John Hopkins, precisó que esta ponencia en Mérida la realizaba a título personal porque no tenía la aprobación de la universidad donde trabaja.

Básicamente enlistó las enfermedades que generan las granjas en la salud de las comunidades por los desechos de los animales, el uso de hormonas, pesticidas y otros químicos que vuelan a comunidades, ingresan a los hogares y llegan a lagunas y otras fuentes de agua.

La activista chilena Andrea Cisternas Freirinan contó en el foro del surgimiento de un movimiento comunitario que se opuso a la construcción del complejo porcícola Agrosuper, que pretendía ser el más grande del mundo con una producción de 650,000 cerdos en el Valle de Huasco, Chile.

Los niños escolares empezaron una protesta porque los trabajos afectaron a la comunidad y sus áreas de recreo, y luego creció con la participación de la comunidad y la sociedad chilena. Finalmente, el proyecto fue cerrado por el gobierno chileno.

“Cuando estuve frente al presidente del país le dije ‘esto no va’ y así fue”, relató la activista. “Sí se puede luchar por amor a la tierra, eso es lo que nos mueve, el amor al medio ambiente”.

Hubo otras ponencias sobre mega fábricas de cerdos en Argentina, a cargo del maestro Rafael Colombo, profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional Litoral; del doctor Xavier León Vega, de la red de salud de la Universidad Andina Simón Bolívar de Ecuador y parte de la Acción Ecológica, quien se refirió a los créditos para la crianza intensiva de cerdos; y de Gustavo Olvera, de la organización Liberum.

La bienvenida a los participantes en el foro lo realizó el doctor Rodrigo Llanes Salazar, profesor investigador del Cephcis, quien hizo un recuento del estudio que realizó Greenpeace sobre la industria porcícola en la península de Yucatán.— Joaquín Chan Caamal

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