En 20 años Mérida se ha vuelto una ciudad cara para vivir. Al menos así lo demuestran los datos recientes sobre el precio de la canasta básica y la inflación.
El pasado 22 de mayo, la Profeco publicó su reporte “Quién es Quién” en los Precios de Productos de Primera Necesidad, señalando a los centros de distribución de alimentos del país que tienen los precios más altos de la canasta básica. La central de abastos de Mérida encabezó la lista de ese mes.
La autoridad señaló que de los 24 productos que más consumen las familias mexicanas, la Central de Abasto de Mérida rebasó el monto máximo acordado por el gobierno, ofreciendo la canasta básica en mil 117 pesos.
“Las centrales de abasto de Durango y Monterrey presentaron precios altos, de mil 011 y mil 012 pesos, respectivamente. Las tiendas Walmart de la alcaldía Benito Juárez, en la Ciudad de México, y de León, en Guanajuato, presentaron precios de mil 020 y mil 011 pesos. En tanto, los precios más bajos se ubicaron en dos tiendas Chedraui: una de Puebla y otra de Veracruz, en 842 y 844 pesos por cada canasta básica”, reportó la Profeco.
En el caso de la inflación general, Mérida registró en marzo pasado una tasa del 8.39%, mayor a la variación anual de la región que fue del 7.00%, y mayor a la inflación anual nacional del 6.25%, según un reporte de la Uady a solicitud del IMEF Yucatán. En el reporte del Inegi de la primera quincena de junio, el nivel de precios en todo Yucatán fue de 7.5%.
Pero, ¿cómo Mérida pasó a ser una de las ciudades más caras para vivir? En un análisis, el doctor en Gobierno y Administración Pública de la Uady, Gabriel Rodríguez Cedillo, explica los factores por los cuales la capital yucateca pasó en 20 años a ser una de las ciudades con mayor carestía del país.
Yucatán y el ”boom” inmobiliario
“Para entender por qué Mérida se ha vuelto una ciudad cara para vivir, podemos dividir el proceso en dos periodos importantes. El primero se desarrolla del 2000 a 2008, cuando la ciudad se empieza a fortalecer como capital de Yucatán con el ‘boom’ de inversiones en desarrollos inmobiliarios, empezando a construirse el mensaje oficial de que la urbe es la capital económica, turística y cultural de todo el estado. Estos hechos traen consigo un proceso de ajustes en los precios de todos los proveedores de bienes y servicios. La lógica de negocio es: si Yucatán se está promocionando como una gran metrópoli, llegará más gente a vivir o estará de paso. Eso quiere decir que habrá mayor demanda, entonces ajusto los precios para que cuando llegue esa demanda ellos se adapten. Esa dinámica se acentúa en los primeros años del 2000”, señaló el experto en economía.
El académico explica en entrevista con El Diario que el segundo momento que desató otro ajuste de precios importante fue en 2008, año de la crisis financiera y en el cual muchos de los productos que consumen los yucatecos se encarecieron debido a que el estado es una entidad altamente dependiente del exterior.
“Esta segunda etapa, que vino después de la crisis financiera de 2008, generó otro ajuste importante de precios. El proveedor de bienes y servicios trata de estar siempre en un constante ajuste de precios con tal de no bajar su margen de ganancia, aunque esta crisis no le afectó a México de manera importante en términos macroeconómicos, a nivel microeconómico sí hubo encarecimiento de bienes. Hay que recordar que Yucatán es una entidad altamente dependiente, se importa más de lo que exportamos”.




Rodríguez Cedillo agrega que “muchos de los bienes que consumimos los yucatecos vienen por carretera desde Ciudad de México. De lo que se consume en la ciudad y el estado menos del 5% representa lo que se produce en Yucatán, y si le sumamos que la pandemia trajo consigo otro proceso de ajuste de precios de bienes y servicios que nunca estuvo a la par con el ajuste de precios de salarios, esto contribuye aún más con el encarecimiento del nivel de vida en la capital yucateca”.
“Esto confirma que hay tendencia permanente al alza en el ajuste de precios en bienes y servicios, pero el ajuste de salarios, que deriva de un bien como es el trabajo, siempre se mantiene en niveles bajos. Esto es porque se sigue teniendo la falsa idea de que el control de salarios detiene la inflación. Realmente la inflación que tenemos en Yucatán es de oferta más que demanda”.
Bajos salarios en Yucatán
Mérida es una de las ciudades del país donde se pagan los salarios más bajos. En tres años, el nivel de ingreso de sus habitantes ha disminuido de tal forma que la mayoría gana de uno a dos salarios mínimos, mientras que apenas 18,964 personas ganan 31,000 pesos mensuales o más en todo el estado, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI (ENOE) de diciembre de 2022.
Los datos del organismo señalan que al menos 436,225 yucatecos, el 35.85% de la Población Económicamente Activa ocupada, ganaban un salario mínimo o menos. Antes del inicio de la pandemia en 2019, este segmento representaba el 23.77%, es decir, 268,295 personas. En tres años, la población que cobra el salario más bajo aumentó en 167,930 personas y un 12% en términos porcentuales.
En cuanto a los trabajadores quienes perciben de uno a dos salarios mínimos, estos representan 425,682 individuos (34.98% del total), en comparación con los 382,911 (33.93%) de diciembre de 2019. Por el contrario, los trabajadores con sueldos de cinco salarios mínimos (31,000 al mes pesos) o más son apenas 18,964, lo que equivale al 1.55% de la PEA ocupada. En diciembre de 2019, el número total de personas en este segmento ascendía a 43,847, una diferencia de 24,883.




En su análisis, el doctor Cedillo explica que uno de los varios factores que mantienen los bajos salarios en Mérida es que la capital tiene una economía oligopolizada, lo que quiere decir que el mercado lo controlan pocas empresas productoras o distribuidoras, por lo que tienen el poder de decidir sobre el precio de los bienes y de los salarios. “Venden bienes caros y compran trabajo con salarios bajos”.
“En Mérida hay mucho dinero, pero está en pocas manos. Te voy a poner dos ejemplos claros: en la urbe solo hay dos o tres grandes desarrolladoras inmobiliarias, en el sector de distribución de agua varias, pero solo una es dominante en el mercado. Entonces, de ahí podemos analizar que la capital yucateca tiene una economía oligopolizada. Cuando hay oligopolio, el productor tiene incentivos para subir los precios de los bienes y para no aumentar el precio de los salarios, y como efecto colateral, el sector que sale ganando con esta dinámica económica es el financiero, porque cuando hay salarios bajos y precios altos, el crédito es la primera opción para completar el gasto”.
¿Pero dónde están los empleos bien pagados? El también integrante del sistema nacional de investigadores señala que igual hay empresas en la ciudad que pagan muy bien, pero son muy pocas y están muy segmentadas entre el sector industrial, el financiero y de la construcción. “No hay más”.
“El problema con el empleo bien pagado es que en algunos casos se tiene que trabajar hasta más de 8 horas, igualando a los que tiene empleo precario que ganan salarios mínimos, pero trabajan más de 8 horas. Solo en eso es en lo que se parecen los trabajadores que ganan más y menos”, recalca.
Ilusión económica en Yucatán




Según el economista, la economía de Yucatán y Mérida se enmarca dentro de ilusión de bienestar. Indica que el mensaje oficial destaca el desarrollo de la ciudad y del estado por su seguridad y las inversiones, pero afirma que estos factores no son contundentes en la contribución a mejorar de la economía de los meridanos ya que el crédito sigue siendo la mejor herramienta para completar el gasto mensual, y así no perder el poco de bienestar que pudiera existir.
“El crédito ayuda frente a los bajos salarios y los altos precios de los bienes y servicios. Mérida es una ilusión económica gracias al crédito. Muchas personas compran a meses sin intereses para no perder su nivel de bienestar. Si les quitamos el crédito, su nivel de bienestar cambiaría debido a la precariedad laboral. Sí, existe una carestía, pero el crédito evita que se sienta aún más”.
“También es una ilusión creer que la seguridad genera bienestar económico, lo cual no es cierto. La seguridad no necesariamente atrae inversiones… Por lo tanto, el discurso oficial de los últimos 20 años ha sido ese, y hemos caído en este comportamiento de consumo sustituido por el crédito”, agrega el académico.
Finalmente, el economista de la Uady señala que nadie ha hecho nada por mejorar los salarios en Yucatán, lo que considera como una política de omisión salarial.
“Lo que podríamos denominar política laboral es: atracción de inversiones, salarios bajos y el gobierno de Yucatán haciendo la labor de outsourcing laboral, es decir solo intermediario, sin preocuparse por la calidad del trabajo y del salario”.
“Debería haber una política laboral. Existe una gran desigualdad en el estado y en la ciudad, y en algún momento esto tendrá un impacto significativo en la sociedad. Personas de otras partes del país se están integrando al mercado laboral en Mérida y es posible que se queden. Si no ajustamos la dinámica económica ahora, en el futuro cercano enfrentaremos un problema no solo de tasas de crédito más altas, sino también de mayor depreciación salarial y mayor inflación”
