En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, se llevó al cabo el conversatorio “Sin trato… no hay trata”, un espacio de diálogo, reflexión y denuncia organizado por la Pastoral de Movilidad Humana y la asociación civil Alas.

El evento contó con la participación de la Fiscalía General de Yucatán, por medio de Medardo Zavala Vera, y la Red Rahamim, representada de manera remota por la hermana Guadalupe Martínez González, así como de la activista en derechos humanos y trabajadora social Olga Moguel Pereyra, quien fue la moderadora.

La jornada inició reflexionando sobre la urgencia de visibilizar este delito, considerado entre las violaciones más graves a los derechos humanos del siglo XXI.

Desde una mirada legal, histórica y humana, los participantes coincidieron en que la trata de personas implica la cosificación del ser humano al convertirlo en objeto de explotación, principalmente laboral, sexual, mendicidad forzada, trabajos domésticos, matrimonios forzados, tráfico de órganos o reclutamiento forzoso, entre otras modalidades.

Se subrayó que si bien México cuenta desde 2013 con una Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, y que Yucatán promulgó su propia ley estatal en octubre de 2017, aún persisten graves pendientes para su implementación. Entre ellos, la creación de una comisión interinstitucional, un programa especial y un fondo de apoyo a las víctimas, obligaciones marcadas por ley que siguen sin cumplirse.

Guadalupe Martínez González compartió que la organización trabaja actualmente en siete estados del país, enfocados principalmente en la prevención y la sensibilización comunitaria con jóvenes y mujeres. Una de esas localidades es Yucatán, donde se apoya a las familias buscadoras.

El enfoque crudo de la trata de personas

Por su parte, Zavala Vera explicó cómo la Fiscalía busca sensibilizar a la población mediante un enfoque crudo, pero objetivo: pensar en que una persona es reducida a su utilidad, al punto en que su vida solo vale por lo que puede generar, y si no, es reemplazada.

Asimismo, resaltó la sofisticación de los mecanismos de captación, que hoy ocurren principalmente por medio de redes sociales, videojuegos y plataformas digitales, vulnerando la seguridad de niños y adolescentes por igual desde sus propios hogares.

También expuso cómo muchas víctimas son entregadas o explotadas por sus propias familias, en contextos de pobreza extrema, discapacidad o abandono institucional.

“Así como estamos atentos a las tormentas meteorológicas, deberíamos estar prevenidos ante esta tormenta social que representa la trata”, expresó Zavala Vera.

Otro de los puntos centrales del conversatorio fue la confusión común entre trata y tráfico de personas.

Mientras el tráfico generalmente implica el cruce irregular de fronteras con o sin consentimiento, la trata puede ocurrir sin desplazamiento físico, incluso dentro de una misma comunidad, y siempre con el propósito de explotación.

La falta de información, la normalización de ciertas prácticas y el escaso seguimiento institucional agravan el problema, en especial cuando se trata de delitos invisibles o mal tipificados.

Impacto social

Se abordó el grave problema de la trata de personas, particularmente su impacto en los sectores más vulnerables: niños y mujeres.

Se recalcó que este delito ha dejado de estar limitado a zonas urbanas o a contextos específicos, pues hoy afecta a comunidades enteras, muchas veces en silencio, a causa del miedo o la negación de la realidad, o bajo la premisa de “es costumbre”.

Guadalupe Martínez compartió la labor de la red Rahamim, la cual se centra principalmente en la prevención. Con talleres informativos en escuelas, parroquias y comunidades buscan generar conciencia desde la infancia y fortalecer redes de protección.

Sin embargo, denunció que enfrentan grandes obstáculos, siendo uno de los principales el miedo. A pesar de que en algunas parroquias y escuelas logran abrir espacios, muchas otras se cierran bajo argumentos como “aquí no se da eso”, lo que refleja una preocupante negación del problema.

El miedo no solo es institucional, sino también comunitario, refirió.

Personas que inicialmente están dispuestas a brindar información sobre posibles casos, luego se retractan por temor a represalias, lo que impide identificar, denunciar y atender a muchas víctimas que podrían recibir ayuda si tan solo se rompiera ese silencio.

La hermana dijo que Rahamim significa “entrañas de misericordia” y ese es el espíritu que guía su trabajo: atender a las personas desde la compasión y la dignidad humana.

Por tanto, exhortó urgentemente a trabajar juntos para cuidar a toda persona, ya que hoy todos —niños, adolescentes, migrantes, mujeres, comunidades empobrecidas— están en riesgo por la naturalización de un crimen que degrada y explota.

Durante el conversatorio se compartieron testimonios sobre los talleres con niños y adolescentes.

Se relató cómo, al proponerles actividades de observación crítica de su entorno cotidiano, muchos reportan situaciones anómalas que nunca habían comentado.

Desde personas extrañas merodeando su fraccionamiento hasta actitudes sospechosas en sus trayectos escolares, los niños comenzaron a identificar señales de alerta. Este tipo de ejercicios reveló que los menores no solo pueden detectar posibles riesgos, sino que tienen disposición de ayudar, siempre que se les escuche y se les enseñe cómo hacerlo.

También se informó del trabajo articulado con colectivos de madres buscadoras, en regiones como Guadalajara y Yucatán, donde las desapariciones están profundamente relacionadas con redes de trata. Escuchar sus historias, muchas de ellas con años de búsqueda, es profundamente desgarrador y visibiliza la urgencia de prevenir antes de que ocurra lo peor.

Programas de prevención y denuncia contra la trata

Desde la Fiscalía se habló de los programas dirigidos a adultos, niños y jóvenes, donde se promueve no solo la visibilización, sino también la denuncia.

Se mencionó que la trata de personas es uno de los delitos más rentables del crimen organizado, solo detrás del narcotráfico y tráfico de armas, lo que explica, en parte, la complejidad para erradicarla.

Las redes criminales están bien estructuradas y superan incluso las fronteras estatales e internacionales. En este contexto, se destacó el riesgo que enfrentan migrantes y comunidades marginadas, que son blancos preferidos de los tratantes debido a sus condiciones de alta vulnerabilidad.

Otro punto clave fue el énfasis en que una víctima de trata difícilmente aceptara ayuda la primera vez que se le ofrece. Muchas veces están bajo amenazas, manipulación emocional, coacción económica o simplemente no comprenden que están siendo explotadas.

Por tal motivo, se necesita insistencia, sensibilidad y compromiso de la ciudadanía. Se remarcó que la trata se perpetúa también por la invisibilidad del delito.

Muchas veces ocurre en contextos cotidianos, desde familias que obligan a menores a mendigar hasta hoteles que hospedan actividades ilícitas sin que su personal esté capacitado para identificarlas.

En respuesta, la Dirección de Prevención del Delito ha desarrollado programas de sensibilización como “Sin trato no hay trato”, con enfoque en sectores como la industria hotelera, para identificar posibles casos y saber actuar ante ellos.

Modalidades

A nivel legal, se detalló que la ley considera 11 modalidades de trata, de las cuales al menos ocho están presentes y documentadas en México: prostitución ajena, explotación laboral, trabajos forzados, mendicidad forzada, adopción ilegal, uso de menores en actividades ilícitas, matrimonio forzado y tráfico de órganos.

Cada una representa una manifestación concreta de la deshumanización que implica este delito.

Se insistió en la importancia de la denuncia ciudadana. Aunque una denuncia anónima al 089 no genera una acción inmediata visible, sí permite abrir líneas de investigación cruciales.

Del mismo modo, el 911 puede activarse cuando se detecta una situación urgente de riesgo. Sin estas alertas de la sociedad, muchas víctimas seguirán invisibilizadas.

Se hizo un llamado colectivo a las autoridades estatales para cumplir los pendientes legales y fortalecer el marco de atención a víctimas, pero también un llamado a las familias, escuelas, comunidades religiosas y sociedad en general para que no bajen la guardia y hagan de la prevención una herramienta cotidiana.

El conversatorio fue clara muestra de que mientras haya silencio, omisión o indiferencia, seguirá habiendo trata. Por ello, este tipo de espacios es vital para construir redes de conciencia y acción ante una realidad que exige respuesta inmediata y comprometida.

Esta charla generó una reflexión profunda tras una serie de preguntas, denuncias y respuestas, cerrando con algunas preguntas reflexivas; ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar como sociedad para proteger a quienes más lo necesitan? ¿Cuántas veces más ignoraremos a un niño en situación de riesgo porque “parece estar bien”?