Una práctica de cafetería organizada por el Club Activo Autismo permitió que jóvenes con diferentes neurodivergencias reconocieran sus habilidades y aptitudes en un entorno laboral simulado.
Durante la actividad, los participantes asumieron roles como meseros, cajeros, preparadores de alimentos y “hostess” (anfitriones), lo que les dio la oportunidad de experimentar un “turno” laboral real.
Las madres de familia coincidieron en que este tipo de experiencias son fundamentales, ya que fomentan la autonomía, confianza y autoestima de sus hijos, además de mostrarles que pueden ser funcionales y competentes en el ámbito laboral.
Cinthia Gabriela Vázquez Cepeda, madre de un niño de 11 años, relató que su hijo disfrutó enormemente al desempeñarse como preparador de alimentos.
“Se sintió importante, y para mí eso fue lo más valioso: verlo feliz con lo que hacía y en el entorno en el que estuvo”, expresó emocionada al Diario.
Añadió que estas dinámicas son de gran ayuda, pues desde pequeños los menores enfrentan escenarios distintos que requieren adecuaciones escolares o acompañamiento constante.
Por ello, consideró vital que existan este tipo de espacios donde puedan practicar y reforzar la idea de que son personas útiles y capaces de trabajar.
Otra madre, Natalia Carbó Ponte, compartió que sus dos hijos participaron en la dinámica: uno de ellos como mesero, logrando atender una mesa con entusiasmo y seguridad. Ella colaboró en la organización, enseñándoles cómo tomar pedidos y entregarlos, y destacó que, aunque algunos chicos se mostraron tímidos al inicio, poco a poco fueron desenvolviéndose.
La experiencia también permitió a los jóvenes identificar qué actividades disfrutaban y cuáles no. Por ejemplo, uno de los participantes confesó que trabajar en la caja le generó mucho estrés, mientras que otros disfrutaron la interacción como meseros.
“Al final estaban cansados, pero felices. La dinámica les dio la oportunidad de probar distintas tareas, algo que en un empleo común no siempre sucede. Además, les dejó claro que en un lugar público pueden aportar algo positivo”, comentó Natalia Carbó Ponte.
El Club Activo Autismo fue fundado hace tres años por Lucy Cantellano Galina, quien, al no encontrar una red de apoyo para su hijo, decidió crear una.
El colectivo comenzó con actividades deportivas y, poco a poco, más familias se fueron sumando, lo que llevó a diversificar las dinámicas.
La fundadora recalcó que el club no es un espacio terapéutico, sino un colectivo familiar que busca generar inclusión, experiencias significativas y oportunidades de desarrollo para los jóvenes con neurodivergencias.
