Cada 14 de febrero predomina la compra de chocolates, la reservación de cenas románticas y postres compartidos, y sin duda muchos recuerdan esta frase casi como un refrán popular: “el amor engorda”.
Aunque suene a broma típica de temporada, especialistas en nutrición señalan que la idea no es completamente un mito, pero tampoco una condena inevitable para quienes tienen pareja.
De acuerdo con la nutricionista Sarahí Solís Flores, enamorarse no provoca por sí mismo aumento de peso, lo que sí cambia son los hábitos.
“Cuando una relación se vuelve estable, las rutinas alimenticias suelen modificarse en forma casi imperceptible”, apunta.
“Comer acompañado se vuelve más frecuente, las salidas a restaurantes aumentan y aparece una dinámica común: compartir platillos, probar nuevas recetas o pedir ese postre extra para los dos”, que al final suele significar más calorías de las previstas.
La especialista refiere que también existe un componente emocional.
“Al sentirse en una relación segura, muchas personas reducen la presión por mantener cierta apariencia física, especialmente aquella vinculada con la etapa de búsqueda de pareja”-
Esta confianza, lejos de ser negativa, forma parte de la estabilidad emocional, dice. Sin embargo, puede relajar hábitos de control alimenticio o actividad física si no se mantiene un equilibrio.
Otro fenómeno frecuente es la llamada “influencia mutua”. En las parejas los hábitos suelen contagiarse, si uno empieza a comer más fuera de casa, el otro tiende a hacerlo también; si uno adopta rutinas sedentarias, es probable que el otro las comparta.
Por el contrario, cuando ambos deciden cuidar su alimentación o ejercitarse juntos, las probabilidades de mantener esos cambios a largo plazo aumentan.
En Yucatán el contexto cultural también influye, señalan especialistas. La comida ocupa un lugar central en la convivencia social y familiar, y fechas como el Día del Amor y la Amistad suelen celebrarse alrededor de la mesa.
Desde cenas especiales hasta antojitos regionales y postres tradicionales, el festejo suele implicar porciones más abundantes y preparaciones con mayor contenido calórico.
Sarahí Solís afirma que el problema no está en disfrutar estos momentos, sino en la frecuencia y el balance. Recomienda que las parejas mantengan horarios regulares de comida, controlen las porciones, prioricen preparaciones caseras y, sobre todo, integren actividades físicas compartidas, como caminatas o deportes recreativos, que además fortalecen el vínculo emocional.
La doctora sugiere optar por cenas basadas en proteínas magras como pescado a la plancha, pechuga de pollo marinada con hierbas o tostadas de atún con aguacate, y acompañarlas con ensaladas coloridas que incluyan hojas verdes, frutos rojos, semillas y aderezos naturales a base de yogurt o aceite de oliva.
Como alternativa romántica y saludable al postre tradicional, propone tablas de frutas de temporada como fresas, mango o uvas con chocolate oscuro en porciones moderadas, así como bebidas sin azúcares añadidos, por ejemplo infusiones frías, agua mineral con cítricos o smoothies naturales.
La especialista enfatiza que cocinar en pareja, controlar porciones y evitar alimentos ultraprocesados permite disfrutar sin excesos, transformando la cena en una experiencia que nutre tanto el vínculo afectivo como la salud.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
Salud Amor
La nutricionista Sarahí Solís Flores habló sobre el mito de que el amor engorda.
Cambio de hábitos
La experiencia de la doctora y sus pacientes muestra que el amor por sí solo no engorda. Lo que puede hacerlo son los cambios en el estilo de vida que acompañan a una relación: más celebraciones, menos presión estética y una tendencia natural a compartir todo, incluida la comida.
Equilibrio
La clave, dicen, está en encontrar un punto medio donde el bienestar emocional y la salud física caminen de la mano, para que la vida en pareja se convierta en un espacio que nutra con equilibrio el cuerpo, la mente y el espíritu.
