En Yucatán, el precio de las viviendas contrasta con los ingresos de los jóvenes, quienes recurren a permanecer más tiempo con sus padres
En Yucatán, el precio de las viviendas contrasta con los ingresos de los jóvenes, quienes recurren a permanecer más tiempo con sus padres

MÉRIDA.- La independencia económica de los jóvenes en Yucatán enfrenta un obstáculo cada vez mayor: la distancia entre sus ingresos y el costo de mantener una vivienda.

A diferencia de generaciones anteriores, muchos profesionistas no encuentran empleos suficientemente remunerados para construir un patrimonio y abandonar el hogar familiar.

Según Data México, el salario promedio estatal ronda los $7,700 mensuales, mientras que más del 70% de los trabajadores percibe menos de $10,000.

En contraste, la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera del Inegi señala que vivir independientemente requiere alrededor de $18,200 al mes.

En Mérida, rentar una vivienda de una recámara cuesta entre $6,500 y $10,000 en zonas de precio medio, y supera los $12,000 en áreas de alta demanda. A estos gastos se suman servicios, alimentación y transporte.

Ante esta brecha, numerosos jóvenes permanecen con sus padres, comparten vivienda o posponen la formación de una familia.

La falta de recursos limita sus decisiones personales y prolonga su dependencia económica, incluso después de concluir sus estudios profesionales.

Limitaciones para los jóvenes que buscan independizarse

Hasta hace algunas décadas, un anhelo entre los jóvenes era independizarse del hogar. Sin embargo, esto actualmente choca con una vorágine económica.

Mientras sus abuelos y sus padres forjaron sus patrimonios basados en empleos bien remunerados, relativa estabilidad económica, un título universitario o técnico, la posibilidad de hacerse de una vivienda accesible y bien ubicada, y una seguridad social que de alguna forma les garantizaba un retiro digno y llevadero, estas condiciones ya son prácticamente inexistentes para las nuevas generaciones.

La tendencia de los jóvenes en Yucatán a permanecer en el hogar paterno responde principalmente a factores socioeconómicos y culturales, como el encarecimiento de la vivienda y las rentas frente a salarios iniciales bajos.

También a la fuerte cohesión familiar tradicional de la región, que normaliza la convivencia intergeneracional prolongada.

Factores económicos como el precio de compra y alquiler de inmuebles han crecido a un ritmo acelerado, especialmente en zonas de alta demanda como Mérida, rebasando la capacidad de ahorro de los sueldos promedio para recién graduados o empleados jóvenes.

Una gran parte de la población juvenil percibe ingresos que dificultan cubrir en forma autónoma la renta, servicios, alimentación e imprevistos que implica mantener un hogar.

Tradicionalmente, en la cultura yucateca el núcleo familiar suele ser muy unido y solidario, por lo que no existe la misma presión social estricta de antaño para abandonar el hogar a una edad determinada.

Por el contrario, hoy día quedarse en casa permite a los jóvenes estabilizarse profesionalmente o concluir estudios de posgrado mientras optimizan recursos y comparten gastos con sus padres.

Menos familias con hijos

Entre jóvenes de 25 a 34 años hay una disminución en la formación de familias y una tendencia a tener menos hijos, influenciada en parte por las dificultades económicas.

No forman familias porque uno de los factores clave es el alto costo de la vivienda, que impide a muchos millennials y jóvenes adultos independizarse, obligándolos a permanecer más tiempo en casa de sus padres.

Este fenómeno ha cambiado las dinámicas sociales: ahora es más común ver personas que se independizan mucho más tarde, incluso cerca de los 30 o 40 años, algo que antes ocurría a edades más tempranas.

Por otro lado si bien muchos jóvenes hoy día rehúyen a la vida en pareja, para quienes se aventuran el panorama no es menos desolador.

Se plantea que las relaciones de pareja son más frágiles en la era digital, con vínculos que duran menos entre personas de 18 a 34 años debido a cambios culturales y sociales.

Independizarse en forma individual en Yucatán es altamente difícil y económicamente inviable para la mayoría de los jóvenes profesionistas, por una profunda brecha entre los salarios locales y el costo de la vivienda.

El mercado inmobiliario del estado se ha disparado de manera considerable, mientras que los ingresos promedio de los recién egresados continúan muy rezagados.

El costo de vivir en Yucatán, en cifras

La compleja realidad financiera se desglosa por medio de las siguientes cifras y factores:

1.— Brecha financiera (sueldos vs. gastos) e ingresos promedio.

De acuerdo con datos oficiales de Data México de la Secretaría de Economía, el salario promedio general en Yucatán ronda los $7,700 mensuales.

Aunque un joven recién egresado con empleo formal puede aspirar a rangos de entre $10,000 y $12,000 en ciertas industrias, se estima que más del 70% de los trabajadores en el estado gana menos de $10,000 al mes.

2.— Costo de vida básico.

Según la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera del Inegi, los habitantes de Yucatán calculan que necesitan al menos $18,200 mensuales para cubrir con tranquilidad sus necesidades y mantener una calidad de vida aceptable si viven de manera independiente.

3.— Mercado inmobiliario de rentas elevadas.

Una vivienda o departamento básico de una recámara en zonas medias de Mérida se cotiza entre los $6,500 y $10,000 mensuales.

Si se busca una zona de alta demanda o el norte de la ciudad, los precios escalan fácilmente por encima de los $12,000 a $16,000.

Esto significa que pagar una renta individual absorbería entre el 60% y el 100% del sueldo de un profesionista joven.

4.— Costo extra por servicios.

A la renta se le debe sumar el pago de luz (el cual suele ser elevado en la región debido al uso indispensable de aire acondicionado por las altas temperaturas), además de agua, gas, internet, basura, transporte y alimentación.

Ante este panorama, los jóvenes que deciden dejar el hogar paterno se ven obligados a recurrir a alternativas de vivienda compartida.

Una es vivir con “roomies”; es decir, dividir los gastos de una casa entre tres o cuatro personas para que el costo de la renta por individuo baje a $3,000 o $4,000.

La renta de habitaciones individuales en zonas más alejadas o el sur/oriente de la ciudad quizá baje los costos en este rubro, pero se estaría sacrificando tiempo y dinero en transporte diario.

Postergar la mudanza hasta consolidar una vida en pareja, uniendo dos ingresos independientes para costear un departamento de gama media supone un compromiso más allá de un acuerdo comercial.

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Emanuel Rincón Becerra, reportero de la Agencia Informativa Megamedia (AIM). Es licenciado en Ciencias de la Comunicación con 32 años de trayectoria en periodismo; ingresó a Grupo Megamedia en 1994. Se especializa en turismo, arqueología, vida empresarial, historia, arte, cultura y fotografía.