PEKÍN (EFE).— Estricta seguridad, cierres de carreteras, lluvia torrencial y una visita relámpago del presidente chino Xi Jinping se apropiaron en las últimas 48 horas de la vida de Hong Kong, la antigua colonia británica, que celebró ayer el 25 aniversario de su entrega a China.
A diferencia de años anteriores, cuando decenas de miles de manifestantes marchaban cada 1 de julio para cantar consignas a favor de la democracia y expresar sus quejas al gobierno, este año las calles permanecieron desiertas y no hubo señales de activismo.
Ayer también marcó la mitad del período que Pekín prometió de mantener sin cambios durante 50 años las libertades de Hong Kong, después del fin del dominio colonial británico y la devolución de ese territorio a China en 1997.
Los hongkoneses se despertaron con la promesa de Xi de que el modelo de gobierno de “un país, dos sistemas” no cambiaría.
A las 10.15 hora local, Xi, su séquito y la élite pro-Pekín de Hong Kong se reunieron en el gran Centro de Convenciones y Exposiciones en Wan Chai para presenciar la toma de posesión del nuevo líder de la ciudad, John Lee.
Al pronunciar su discurso, Xi dijo que “un país, dos sistemas”, un principio constitucional formulado por la China regida por los comunistas para gobernar Hong Kong después de 1997, tuvo éxito bajo la “jurisdicción integral” de China.
“Este es un buen sistema, no hay ninguna razón para cambiarlo. Hay que mantenerlo a largo plazo”, dijo.
El líder chino también elogió a la ciudad financiera asiática por su “libertad” y “entorno empresarial de clase mundial”, y destacó que se debe defender el principio de “los patriotas gobiernan Hong Kong” y mantener la “posición y ventajas únicas” de la ciudad.
Durante la ceremonia, Lee, quien en mayo obtuvo el 99% de los votos en las elecciones a pequeña escala para convertirse en el nuevo director ejecutivo de la ciudad, prestó juramento junto con su gabinete y los nuevos miembros del Consejo Ejecutivo.
Expolicía y exministro de seguridad sancionado por Estados Unidos por “socavar la autonomía de Hong Kong”, Lee prometió “implementar con precisión el principio de ‘un país, dos sistemas’”.
Hablando en mandarín, el idioma oficial de China continental, el nuevo líder de 64 años aseguró “salvaguardar la soberanía, la seguridad nacional y los intereses de desarrollo de nuestro país, y garantizar la prosperidad y estabilidad a largo plazo de Hong Kong”.
Dos horas antes, Lee y la directora ejecutiva saliente de Hong Kong, Carrie Lam, celebraron una ceremonia de izamiento de la bandera para marcar el traspaso ante más de 200 invitados.
Las preocupaciones por el Covid-19 cobraron gran importancia por la visita de Xi, quien hasta el jueves no había puesto un pie fuera de China continental desde que estalló la pandemia en enero de 2020.
Durante los últimos meses, abundaron las especulaciones sobre si Xi viajaría a Hong Kong para asistir a la ceremonia de ayer, pero no fue hasta el sábado pasado que su visita fue confirmada por la agencia de noticias Xinhua.
La seguridad en varias partes de Hong Kong se reforzó antes de la llegada de Xi, al cerrarse caminos y pasarelas y colocarse barreras hidráulicas en áreas por dónde pasaba el mandatario.
Por primera vez, las autoridades invocaron la ley de aeronaves pequeñas no tripuladas recientemente promulgada para prohibir los drones en Hong Kong el 30 de junio y el 1 de julio.
A principios de esta semana, el grupo político Liga de Socialdemócratas, uno de los prodemocracia que quedan en Hong Kong, anunció que no realizaría ninguna protesta después de que algunos de sus miembros fueran citados por la policía.
Los periodistas de numerosos medios locales e internacionales no pudieron cubrir la ceremonia inaugural, en contraste con hace 25 años, cuando cientos de reporteros de todo el mundo asistieron al traspaso y se llevaron a casa obsequios como películas fotográficas y libros ofrecidos por el gobierno de Hong Kong.
