Mural con imágenes del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su antecesor fallecido, Hugo Chávez
Mural con imágenes del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su antecesor fallecido, Hugo Chávez

WASHINGTON (EFE).— El Cártel de los Soles, esquiva organización criminal a la que Washington atribuye vínculos con el gobierno de Nicolás Maduro, es uno de los grupos relacionados con el narcotráfico que la administración de Donald Trump quiere combatir con el reciente envío de un gran contigente militar al Caribe que ha disparado la tensión con Caracas.

El despliegue en aguas cercanas a Venezuela, un movimiento estadounidense sin precedentes en la región en décadas recientes, es la última de una serie de iniciativas contra la supuesta banda criminal que se han intensificado en el último lustro con acciones en el plano diplomático, financiero o judicial.

Aunque las autoridades estadounidenses hablan de la existencia de este grupo integrado por militares venezolanos (el nombre procede supuestamente de las insignias que lucen los generales) desde los noventa, las averiguaciones de la Administración de Control de Drogas (DEA) no se oficializan hasta marzo de 2020, durante el primer mandato de Trump.

Es entonces cuando el Departamento de Justicia reconoce formalmente que el cártel existe y asegura que Maduro y el titular de Interior venezolano, Diosdado Cabello, son sus líderes, algo que la administración Trump reiteró en julio.

Recompensa por Maduro

EE.UU. decide ofrecer entonces una recompensa de 15 millones de dólares por información que permita la captura de Maduro y otros dirigentes del cártel.

Caracas respondió con indignación, negando rotundamente la existencia del grupo, algo en lo que coincide Colombia, y acusó a Washington de difamación con el objetivo de desestabilizar Venezuela.

En tanto, España extradita en 2023 a EE.UU. al exmilitar venezolano Hugo “Pollo” Carvajal, antiguo responsable de inteligencia y contrainteligencia del ejército al que los fiscales del país norteamericano acusan de haber introducido toneladas de cocaína en territorio estadounidense y de ser parte del liderazgo del cártel.

Ese mismo año una corte en Nueva York declara culpable de delitos de narcotráfico a Carlos Orense Azócar, al que las autoridades estadounidenses vinculan con la cúpula del cártel, en la que Washington considera que estaría también el exvicepresidente venezonano Tareck El Aissami, detenido por corrupción el año pasado en Venezuela.

Con el retorno de Trump a la Casa Blanca en enero, la presión sobre la organización se redobla.

En junio, Carvajal se declara culpable de delitos de narcotráfico y de haber conspirado con las FARC colombianas y otros grupos para introducir toneladas de cocaína a Estados Unidos empleando la estructura del Cártel de los Soles.

En julio, el Departamento del Tesoro declara grupo terrorista al Cártel de los Soles, al que acusa de colaborar con otras organizaciones criminales como Tren de Aragua en Venezuela y el Cártel de Sinaloa en México, y días después EE.UU. incrementa a 50 millones de dólares la recompensa por información que ayude a apresar a Maduro.

Luego, gobiernos como los de Daniel Noboa, en Ecuador; Javier Milei (Argentina) o Santiago Peña (Paraguay), deciden reconocer a la banda también como organización terrorista, mientras que el presidente colombiano, Gustavo Petro, defiende que el cártel en realidad no existe

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