Entrar a una habitación con aire acondicionado podría exponer a las personas mayores a los peligros de un cambio brusco de temperatura
Entrar a una habitación con aire acondicionado podría exponer a las personas mayores a los peligros de un cambio brusco de temperatura

Con el paso de los años, el cuerpo cambia su forma de defenderse y de comunicarse. Uno de esos lenguajes discretos es la temperatura corporal. En las personas mayores, especialmente en regiones como Yucatán donde el clima oscila entre el calor intenso y la humedad persistente, una variación mínima en el termómetro puede ser una señal de alerta que no debe ignorarse.

Diversos estudios en geriatría coinciden en que, a partir de los 60 años de edad, la temperatura basal tiende a ser ligeramente menor. Esto se debe a que disminuye la masa muscular, que es una de las principales fuentes de producción de calor; el metabolismo se vuelve más lento, y los mecanismos de termorregulación del cerebro, controlados por el hipotálamo, pierden eficiencia.

A ello se suma una circulación menos vigorosa y, en muchos casos, el uso de medicamentos que alteran la percepción del frío y calor.

La gerontóloga Carolina Rodríguez Alejandro explica que en la persona mayor el cuerpo ya no reacciona con la misma rapidez ante los cambios del ambiente, por lo que puede enfriarse o sobrecalentarse sin que el adulto lo note de inmediato.

Mientras que en un adulto joven a maduro una temperatura de 37.5 grados puede considerarse febrícula sin mayor trascendencia, en una persona mayor ese mismo registro puede ser indicio de una infección seria. De igual forma, una temperatura de 36 grados o menos, que a veces pasa inadvertida, puede ser señal de hipotermia leve o de una respuesta anormal del organismo ante una enfermedad.

La razón es que los adultos mayores no siempre desarrollan fiebre alta, incluso frente a infecciones importantes como neumonía o infecciones urinarias. Su sistema inmunológico responde de manera más silenciosa, lo que retrasa el diagnóstico si no se presta atención a estos cambios sutiles.

Síntomas

La especialista señala que una temperatura corporal baja puede favorecer confusión mental, caídas, alteraciones del ritmo cardíaco y empeoramiento de enfermedades crónicas. En casos más severos, la hipotermia aumenta el riesgo de infecciones y puede comprometer órganos vitales. Por otro lado, una respuesta febril atípica puede hacer que infecciones graves avancen sin ser detectadas, elevando el riesgo de hospitalización o de presentar complicaciones.

Por esa razón, la médica recomienda medir la temperatura de los adultos mayores de manera regular, incluso cuando aparentan estar bien. Lo ideal es hacerlo siempre a la misma hora, preferentemente por la mañana, y registrar los valores en una libreta o una aplicación. Es importante conocer cuál es la temperatura “normal” de esa persona en particular, ya que no todos parten del mismo punto.

“Ante síntomas como somnolencia inusual, desorientación, escalofríos, sudoración excesiva o cambios en el apetito, el termómetro debe ser el primer aliado y, de ser necesario, se debe consultar al médico aunque la cifra no parezca alarmante a simple vista”, advierte.

Algunas recomendaciones de la doctora Rodríguez Alejandro son mantener una hidratación constante, usar ropa ligera pero adecuada, evitar exposiciones prolongadas al Sol y regular el uso de ventiladores o aire acondicionado. En casa, se recomienda mantener una temperatura ambiente estable y revisar con frecuencia manos y pies, ya que suelen enfriarse primero.

Durante la noche o en temporada de frentes fríos es importante abrigar adecuadamente al adulto mayor, sin exceso, y vigilar que su cuarto no esté demasiado frío.

En la temporada invernal, cuando los frentes fríos ocasionan descensos bruscos de temperatura, especialmente por la noche y al amanecer, se aconseja que los adultos mayores eviten los cambios térmicos repentinos. Es importante que se abriguen por capas, privilegiando prendas de algodón o lana ligera que conserven el calor sin provocar sudoración, y cubran pies, cuello y cabeza, zonas por donde se pierde calor con mayor rapidez.

Se sugiere mantener las habitaciones ventiladas durante el día, pero cerrar puertas y ventanas al caer la tarde para conservar una temperatura estable.

El uso de cobertores debe ser suficiente sin recurrir a fuentes de calor improvisadas como braseros, veladoras o anafres, que representan un riesgo de intoxicación. Asimismo, se recomienda consumir bebidas tibias, vigilar de forma más estrecha la temperatura corporal en las mañanas y estar atentos a signos como temblores, palidez, torpeza o somnolencia, que pueden indicar hipotermia incluso en climas que no se perciben como fríos.

“En las personas con edad avanzada, el cuerpo habla en voz baja. Escuchar esos mensajes, aunque parezcan mínimos, puede marcar la diferencia entre la prevención y la emergencia. En Yucatán, donde el clima imprime su ritmo, el cuidado de la temperatura corporal se vuelve una pieza clave del bienestar y la calidad de vida de los adultos mayores”, subraya la doctora Rodríguez Alejandro.