MÉRIDA.- La revista National Geographic publicó una nueva entrega sobre los cenotes de la península de Yucatán y los riegos que afrontan. En ella detalla también la importancia de lo que llama “las entradas al inframundo maya“.
El texto recuerda que en abril de 2025, un grupo de espeleólogos encabezado por José “Pepe” Urbina y Roberto Rojo se internó en la selva de la península de Yucatán para explorar una cueva, en un tramo remoto y prácticamente inalterado desde hace años. Durante la expedición hallaron una vasija maya colocada sobre una repisa natural de roca, un testimonio más de la riqueza arqueológica que resguardan los cenotes de la región.
Y es que Yucatán posee una vasta red subterránea de cuevas de piedra caliza atravesadas por ríos. Cuando alguna cámara colapsa, se forman los cenotes, cuya palabra proviene del maya ts’onot. Para la cultura maya, estos lugares eran sagrados y considerados portales al inframundo, además de ser depósitos de ofrendas y objetos de valor. En la actualidad, cumplen una función vital: forman parte de un acuífero profundo de más de 103,000 kilómetros, la única fuente de agua dulce para millones de habitantes de la península.
“Todo el mundo está conectado a través de los cenotes”, señaló Urbina. Por ello, tanto él como Rojo han insistido en la necesidad de estudiar y proteger estos espacios que concentran valor ambiental, arqueológico y social.

El impacto del Tren Maya
La nota titulada “Cenotes de México en riesgo: la lucha por preservar las entradas al inframundo maya” señala que llevan décadas amenazados por los residuos agrícolas y las fugas de aguas residuales domésticas. Sin embargo, en los últimos años la construcción del Tren Maya ha aumentado la preocupación de científicos y ambientalistas. Esto, debido a la perforación de miles de pilares sobre el lecho rocoso que sostiene los cenotes.
En total, se colocaron alrededor de 15,000 columnas, algunas dentro de cuevas y sumideros. Esto, según investigadores, representa un riesgo para los ecosistemas y ha provocado la pérdida de hallazgos arqueológicos. A modo de referencia, en 2014 un buzo halló en un cenote el esqueleto de una joven de 13,000 años, descubrimiento que permitió rastrear vínculos genéticos con los pueblos nativos de América.
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De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la construcción del tren ocasionó la tala de más de siete millones de árboles y la perforación de al menos 125 cenotes y cuevas. La dependencia admitió los daños ambientales y anunció un plan de rescate que incluye retirar vallas que impiden el movimiento de fauna y prohibir la apertura de carreteras secundarias hacia sitios turísticos.

Contaminación en cenotes
Las cuevas y cenotes también enfrentan la contaminación derivada de actividades agrícolas. La geoquímica ambiental Flor Arcega-Cabrera, de la UNAM, documentó la presencia de fertilizantes con metales pesados, pesticidas y desechos animales en el acuífero. Uno de los riesgos detectados es el nitrato, que puede provocar en bebés el “síndrome del bebé azul”, una afección que impide transportar oxígeno en la sangre.
Además, en zonas urbanas y turísticas, los cenotes se han convertido en vertederos ilegales. Durante una exploración, Rojo relató que escuchó el sonido de un inodoro sobre su cabeza y presenció cómo excrementos caían directamente en la cueva.
Estudios recientes también muestran altos niveles de E. coli y óxido de hierro, este último relacionado con los pilares del Tren Maya. Dichos compuestos podrían favorecer la proliferación de algas tóxicas que afectan a especies en etapa de reproducción.
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Activismo a favor de los cenotes
Ante esta situación, organizaciones como Sélvame del Tren y Cenotes Urbanos han unido esfuerzos para documentar y sensibilizar sobre el estado de los cenotes. Cenotes Urbanos, fundada por Rojo junto con Talismán Cruz y Ximena Chávez, cuenta hoy con cerca de 500 miembros y realiza alrededor de veinte expediciones al año para recolectar basura, tomar muestras de agua y ofrecer talleres de cartografía y espeleología.
Por su parte, Urbina, con más de 30 años de experiencia en buceo de cuevas, ha liderado campañas de denuncia y demandas legales contra la obra ferroviaria. Aunque en 2023 un fallo de la Suprema Corte suspendió temporalmente la construcción, el proyecto se reactivó con apoyo del ejército tras declararse de seguridad nacional.
A pesar de los retos, los investigadores confían en que mostrar la belleza de estos espacios puede impulsar la protección oficial. En una expedición a Sac Actún, Urbina llevó al secretario de Ecología de Quintana Roo, Oscar Rébora Aguilera, lo que derivó en la suspensión temporal de una carretera proyectada sobre la zona.
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Biodiversidad en riesgo por contaminación
Los cenotes no solo resguardan objetos arqueológicos, sino también especies endémicas y en peligro, como la anguila ciega yucateca (Ophisternon infernalis) y la brótula ciega (Typhliasina pearsei), además de murciélagos, jaguares, tapires y coatíes. “Cuando llegas a una cueva en buen estado, ves grillos, peces ciegos, camarones ciegos, murciélagos. Pero cuando está afectada, aparecen cucarachas y ratas”, explicó Rojo.
La fragilidad de las formaciones geológicas, como estalactitas y estalagmitas, también se ve comprometida por las obras y el turismo masivo. Pese a que la actividad turística representa una fuente importante de ingresos para comunidades locales, los investigadores advierten que la explotación sin control pone en riesgo el equilibrio ecológico y cultural de la región.
“Confío plenamente en que hay soluciones, aunque podrían necesitarse generaciones para reparar el daño”, opinó Rojo.
