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Fake news y desinformación: El desafío es para todos

El auge de la desinformación da nueva dimensión al reto de los periodistas de ofrecer datos veraces, pero su combate también le corresponde a la sociedad en general.

Entre los numerosos desafíos que afrontan los medios de comunicación, ofrecer a los lectores información veraz es tal vez el que por décadas ha cimentado mejor su reputación de servidores de la comunidad. El reto, sin embargo, ha elevado su altura con la aparición de desarrollos tecnológicos que, aunque agilizan las tareas periodísticas, también abren la puerta al embate de noticias falsas o “fake news”.

El surgimiento de redes sociales, la masificación de los teléfonos inteligentes y la operación de portales de noticias digitales, junto con una nueva forma de hacer política, aplanaron el terreno al auge de la desinformación, teorías conspirativas incluidas.

En respuesta han surgido equipos independientes o pertenecientes a medios que se dedican a comprobar afirmaciones que circulan entre la población. Uno es El Sabueso, creado el 28 de enero de 2015 por “Animal Político” e integrado por ocho verificadores.

“Hacemos periodismo desde el privilegio y el honor, porque tenemos la posibilidad de contar con una unidad de verificación con periodistas que nos estamos especializando todo el tiempo en el tema”, reconoce Samedi Aguirre, editora de El Sabueso.

“La idea surgió a raíz de que el equipo de ‘Animal Político’ (Daniel Moreno es el director, Tania L. Montalvo la editora general) vio la necesidad de vigilar el discurso público, si lo que se decía tenía sustento en la realidad”, explica.

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Y con el ejemplo de iniciativas en Hispanoamérica, como Chequeado (portal argentino), y Estados Unidos se trabajó en la adopción de metodologías de verificación para México.

La labor de comprobar datos se enfrenta al obstáculo del acceso a la información, admite Aguirre al Diario. Por ejemplo, las búsquedas en la Plataforma Nacional de Transparencia con frecuencia arrojan que el dato no existe o se presenta editado. “Muchas veces, las autoridades se sienten atacadas cuando les pedimos una rectificación o una aclaración. Sí hay quienes nos apoyan, pero en la mayoría tenemos trabas”.

“Otro problema es que estamos en un momento de polarización, no solamente política, sino también religiosa, sociológica, psicológica, y eso hace que nos resguardemos en nuestras creencias y dejemos de escuchar razones. No hay un diálogo en la sociedad y eso evita darse cuenta de la realidad de los hechos”.

El fenómeno de las noticias falsas no es nuevo, ¿por qué ahora es un problema?

La desinformación no es algo que se acaba de inventar pero sí tiene un auge por varios factores, el principal tiene que ver con las redes sociales, la manera en que la información, sea verdadera o falsa, puede llegar a más personas. WhatsApp y Telegram son redes que uno pensaría que ahí no importa lo que se dice, pero en realidad sí porque a través de esos canales circula mucha desinformación. También existen blogs como Reddit y 4chan donde se junta mucha gente, alguna de forma anónima, a decir ideas, opiniones que se pierden en la mancha de las redes sociales y se convierten en desinformación, porque ya no sabemos quién dijo qué, en qué sentido.

Otro de los factores que ha propiciado que veamos en este momento las consecuencias de la desinformación es la forma en que se hace política, no solamente en México, sino a nivel mundial. Tenemos el ejemplo de Donald Trump (en Estados Unidos), de (Jair) Bolsonaro en Brasil, de Vladimir Putin en Rusia; los mismos mandatarios están jugando a hacer política con información falsa y quienes tienen más voz para replicar sus mensajes más rápidamente son ellos. Desde el Estado, la desinformación está tomando un papel muy importante en la opinión pública.

¿Tienen los medios de comunicación responsabilidad en este problema?

Completamente. Los medios, los digitales sobre todo, están en competencia todo el tiempo, todos quieren ganar más clics; la forma en que se subsiste económicamente en el mundo digital tiene que ver mucho con las citas, las visitas, el número de personas que se suman a la conversación que ofrecemos. El problema es que se descuidan factores importantes, muchas veces por priorizar la búsqueda de clics en el SEO (Search Engine Optimization o estrategias que mejoran el posicionamiento de una página en los motores de búsqueda) se desinforma, aunque la intención no haya sido ésa.

Cuando hablamos de desinformación, hablamos de dos tipos principalmente. Por un lado está la información que se comparte con la intención de engañar, la que una persona crea y manipula para cambiar la opinión pública. Y por otro lado existe la “misinformación”, que se comparte sin que uno sepa que es falsa o sin la intención de dañar a otro. Los medios de comunicación hemos tomado mucho partido en este tipo de desinformación, porque al ser descuidados a la hora de poner un SEO o un titular contribuimos a que la información no sea clara y propiciamos que se malinterprete. También muchas veces no nos tomamos el tiempo de verificar antes de publicar. Tenemos que dudar de todos los datos que nos den, incluso las mismas autoridades.

¿Hay públicos más vulnerables que otros a las noticias falsas?

Estudios de personas que se dedican a revisar información han identificado que las personas más vulnerables a caer en información falsa son las de la tercera edad y las que tienen un nivel de estudios bajo, que no cuentan con alfabetización digital para identificar, por ejemplo, la diferencia entre un meme y una noticia real. Pero no nada más ellas son vulnerables, todos lo somos. Una persona con un doctorado en física cuántica tal vez caiga en desinformación sobre un tema de química; el médico que jamás caerá en desinformación sobre Covid a lo mejor cae en una sátira. Todas las personas que tenemos acceso a internet somos vulnerables a la desinformación.

¿Hay realmente voluntad, no solo de la autoridad y los medios, sino también del público, en solucionar las noticias falsas?

Por un lado desmentimos una información falsa y por otro se generan cinco más. Hay muchas personas con diferentes razones para generar desinformación. También existen personas que aprovechan el auge de la verificación para generar desinformación. Un ejemplo claro es “Quién es quién en las mentiras”. Por más que haya este esfuerzo, de nada sirve si no hay una conciencia colectiva y aprendemos entre todos. Si yo ya sé qué es una noticia falsa y cómo detectarla, puedo ayudar a otro a que lo aprenda. Muchas veces se banaliza el tema porque “no hace daño a nadie”, pero sí tiene consecuencias. Tomamos decisiones a partir de información que tenemos; si la información que tenemos es falsa las decisiones pueden ser las equivocadas.

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¿Llegará el punto en que se terminen las noticias falsas?

Muy al principio pensaba que hacíamos verificación hoy para que no existiera la desinformación mañana, pero creo que eso no va a pasar. La desinformación se combate con educación y si realmente queremos que esto pare o al menos disminuya necesitamos alfabetizarnos como sociedad, no nada más los medios; necesitamos saber qué es desinformación, cuál es la diferencia con la sátira, cómo puedo saber que algo es un meme, cómo puedo usar Google para saber si una imagen fue editada... Es un reto que vamos a tener para siempre. La desinformación no es algo que se vaya a acabar de la noche a la mañana, pero podemos trabajar para que tengan menos víctimas. La verificación de hechos es la resistencia a la desinformación.— VALENTINA BOETA MADERA