• Arriba, vista del parque de béisbol de la colonia Itzimná, que fue sede de grandes partidos de una época dorada de la pelota yucateca, a donde llegaron astros cubanos como Ramón Bragaña (en la foto, reclamándole a otra leyenda local, el umpire Fernando López Abad)

Adentrándome en la historia del béisbol en Yucatán, hay que reconocer la gran influencia y contacto que la isla de Cuba tuvo en el mismo.

En estos espacios que me brinda el Diario, en ocasiones anteriores hemos hecho referencia a este tema. En marzo de 2021 hablamos del extraordinario tomo 1 del libro “La historia del béisbol en Yucatán”, de la autoría de Joaquín Lara Caballero. Leerlo otra vez fue emotivo y, fechado en el año 1939, extracto lo siguiente para recordarlo a los lectores:

A mediados de 1980 llegó a playas yucatecas, procedente de Cuba, la corbeta de matrícula española “Ciudad Condal”. En ella arribó la familia de don Fernando Urzaiz Rodríguez, compuesta por su esposa doña Gertrudis y sus pequeños hijos. Estableció su residencia en el cruce de las calles 61 y 68, en lo que era conocido como el barrio de Santiago.

Los niños traían entre sus juguetes un bate y una pelota “spaulding” (ese nombre se anota en el texto, pero debería ser Spalding, marca de artículos deportivos; aquí le llamábamos igual “spoli” cotidianamente). Comenzaron a jugar a la pelota, provocando el consiguiente asombro de sus pequeños compañeros, ante aquel extraño pasatiempo. Al cabo de poco tiempo otros jóvenes ya se les habían unido a los “pelotaris”, y así comenzó el béisbol callejero en la esquina de las calles mencionadas.

Pronto ante el aumento de los participantes los juegos pasaron a celebrarse en el redondel del Circo Teatro Yucateco, entonces situado en el lugar donde después estuvo el Colegio Americano y el expendio de gasolina de las calles 59 y 72.

Siempre que podemos recordamos esos apuntes. En nuestro café semanal, no faltan los recuerdos de los grandes peloteros que años, más tarde, llegaron desde la isla convertidos en estrellas. El querido “Chino” Fernández (ingeniero Luis Carlos Fernández López) con el doctor César Góngora Navarrete rememoraba hace poco que le tocó ver que, en el campo de Itzimná, jugar a Ramón Bragaña, una de las grandes figuras, y que el umpire era “Figurita” Vázquez, encargado de leer uno por uno a los peloteros de los line ups de cada equipo.

Volviendo al inicio de este tema, el libro de Joaquín Lara comenta la creación del primer equipo del que se tiene memoria: el “Club Mérida”, y presenta el primer cuadro. Lo formaron muchachos de catorce y quince años, con Adolfo Zavala, receptor; Francisco Urzaiz, primera base; Bernardo Ponce Cámara, segunda; Eudaldo Carvajal, tercera; Ramiro Tenorio, short stop; Martimer Tappan, Mario Río y Pelegrín Fortuny, jardineros; Álvaro Sánchez Espinosa, pítcher, y como emergente, Nicolás Cámara Palma.

Para la familia cuyo apellido llevo con mucho honor y orgullo, tengo un dato especial que, leyendo esos textos, me causó sorpresa.

El segundo equipo que se organizó fue el “Libertad”, auspiciado por los hermanos Ramón y Arcadio Escobedo y Vicente Rendón Quijano. Jugaban en él R. Adrián, G. Arjona, Francisco Heredia, F. Montero, J. Febles, Eduardo Ponce Cámara, A. Medina y José Millet, hermano de mi abuelo Arturo, que también destacó en este deporte.

Concluyo: el amor al béisbol también se hereda. Mérida, enero de 2026

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